BLOC CULTURAL,

BLOC CULTURAL,

domingo, 2 de agosto de 2015

DESAYUNO- CENA - DOMINGO - LUNES - El'boom' de las barberías Coquetería barbuda,./ TRAZOS - Salud Tócame otra vez,./ DOMINGO - LUNES - CINE - LA MUJER DEL PREDICADOR,./ COCINA DEL DOMINGO - Plato principal:Raya a la mantequilla negra,.

TÍTULO: DESAYUNO- CENA - DOMINGO - LUNES - El'boom' de las barberías Coquetería barbuda,.

El'boom' de las barberías / foto

Coquetería barbuda

La barba está de moda. Por eso, los hombres han vuelto a encontrar en las barberías de toda la vida un lugar donde dedicarse un rato a sí mismos. El nuevo (viejo) refugio masculino arrasa en todo el mundo. También en España.
Tupidas o de tres días, desaliñadas o perfectamente recortadas, con o sin bigote, sin patillas o con ellas. Las barbas triunfan en todas y cada una de sus formas. Según algunos antropólogos, la fiebre por el vello facial suele estar ligada a épocas de recesión económica y pesimismo sobre el futuro. Así que puede que la crisis también sea la responsable de que nuestras calles estén llenas de barbudos. O puede que, simplemente, la barba sea un reflejo más de la invasión de hipsters nostálgicos que han tomado las ciudades de medio mundo. «La imagen del barbudo hipster encaja perfectamente con la fiebre global por lo retro», explica Jordi Pérez, de La Barbería de Gracia, en Barcelona. De hecho, según un estudio de Braun, seis de cada diez españoles lucen algún tipo de barba, el 80 por ciento de ellos se sienten más atractivos con ella y se gastan una media de 30 euros al mes en cuidarla. Pero antes de verse en las calles, las barbas aparecieron sobre las pasarelas y en las vallas publicitarias. Modelos como Joshua Coleman -y su archifamoso bigote-, Ricki Hall -y su tupidísima barba- y Tony Ward (numen de Madonna) o tops como Patrick Petitjean han convertido el vello facial en el complemento masculino más sexy del momento.
Y con las barbas han renacido las barberías, que estuvieron a punto de extinguirse cuando, en los años sesenta, las maquinillas desechables invitaron al hombre a afeitarse en casa y el pelo largo y el look más informal sustituyeron al tradicional corte de caballero. «Los barberos no supieron adaptarse a las nuevas tendencias en los sesenta y los setenta. Además, dejó de estar mal visto que los hombres entraran en las peluquerías femeninas y por eso las barberías entraron en declive», explica Álvaro Calvo, propietario de Álvaro The Barber, en Logroño, hijo de barbero como muchos de los nuevos profesionales del sector. Aunque nunca llegaron a desaparecer del todo, durante las últimas tres décadas las barberías han estado en serio peligro de extinción. «Los hombres están volviendo a las barberías porque mimarse no es tan caro y, encima, engancha. Además, la barbería es uno de los pocos espacios exclusivamente masculinos», cuenta Roberto Martín, encargado de la madrileña Malayerba. Efectivamente, ese es uno de sus principales reclamos: un lugar en el que los hombres pueden relajarse y preocuparse por su imagen sin interferencias femeninas.
La mayoría de los locales evocan el ambiente de las viejas barberías, desde sus logotipos hasta sus sillas de barbero o sus espejos, pero con un toque moderno. Aunque en España la tendencia ha calado rápidamente, en realidad este es un fenómeno global. En Holanda, por ejemplo, las barberías son toda una institución y hay una casi en cada esquina. Son famosas New York Barber Shop, en Róterdam, y tanto Barber como Barber Shop en Ámsterdam. En Rusia, Chop Chop, con más de 60 establecimientos, es la cadena de barberías más grande del país. Estados Unidos, por supuesto, es la cuna de la tendencia. Williamsburg, el barrio neoyorquino hipster por excelencia, es una meca para establecimientos con encanto, como Persons of Interest. Y en Los Ángeles hay espacios como Shortys, la barbería más canalla de la ciudad y en la que se afeitan actores como Daniel Craig y cantantes como Adam Levine, o barberías más sofisticadas como Baxter Finley.
Pero las tendencias en vello facial son iguales en todo el mundo. Aunque hay barbas (y bigotes) para todos los gustos, el estilo que arrasa está claro. «El look que más se lleva es el descuidado, que solo funciona si está milimétricamente cuidado», comenta Roberto Martín, de Malayerba.
Y aunque la imagen del barbudo contemporáneo es sinónimo de hipster empadronado, a poder ser, en barrio moderno, la clientela de estas barberías es mucho más heterogénea: «Muchos de nuestros clientes son hombres modernos del barrio de Malasaña, pero también señores mayores que encuentran aquí una barbería como las de su juventud y ejecutivos -explica Roberto Martín-. Aunque, sin duda, los más fieles son los hombres de entre 25 y 50 años preocupados por su imagen».
Todos confían en que la vuelta de los hombres a las barberías de toda la vida no sea, simplemente, una tendencia con fecha de caducidad. «Cuando este boom pase, habrá un proceso de selección natural y el mercado decidirá quién sobrevive», explica Jordi Pérez, el propietario de la Barbería de Gracia. De momento, parece que hay barbudos (y barberías) para un buen rato.
Barbas con estilo
Ryan Gosling

Barba estilo 'balbo'. Variaciones. A diferencia de la barba completa, este estilo propone afeitar el vello de las mejillas. Gosling ha confesado que se siente incómodo sin ella.
Jamie Dornan
Barba completa. La más demandada. El protagonista de Cincuenta sombras de Grey es uno de sus incondicionales. En España es el look que más triunfa, según el estudio de Braun.

Brad Pitt

Perilla y bigote. Un clásico. Aunque no es el look más demando entre los hipsters, el estilo de Pitt siempre está de moda. El actor luce perilla en todas sus extensiones.

  Desayuno,.
Trifásico: «Me levanto a las 5:30 y tomo agua y algo de fruta. Espero un rato y sigo con tostadas de arroz con aguacate y gomasio. El remate es un café con leche de soja».
 

Cena -- Un huevo frito con patatas fritas, beber agua,  pan, lechuga - tomate, salchichas, queso, postre una manzana,.

 TÍTULO: TRAZOS -  Salud Tócame otra vez,.

Tócame otra vez

Salud / fotos

Tócame otra vez

Vivimos en una sociedad dominada por lo audiovisual. Hemos perdido espontaneidad con el tacto. Nos tocamos menos, aunque lo necesitamos. Proliferan los talleres, las sesiones de abrazoterapia, se llenan las consultas de los masajistas y hay incluso ¡terapeutas de contacto físico! Exploramos las verdades de un sentido ninguneado, pero muy poderoso.
En el siglo XIII, el emperador Federico Hohenstaufen decidió averiguar qué lengua usarían los niños que nunca hubiesen oído hablar a nadie. Encomendó un grupo de recién nacidos a unas nodrizas: debían alimentarlos, pero sin hablarles ni tocarlos.
Pocos años después, todos los niños del experimento habían muerto. Es difícil aventurar qué habría revelado la autopsia de estos infelices. No sabemos qué causa de muerte habrían hallado los forenses en sus cuerpos, pero antropólogos e investigadores del comportamiento lo tienen claro: esos niños murieron de hambre. De 'hambre de piel'. Es el concepto que, desde hace varias décadas, se viene manejando en el ámbito académico para describir nuestra necesidad de apego y de contacto físico.
Aletargamiento y muerte
No es sino biología, aseguran, puro instinto de supervivencia. Y siempre salen a relucir dos trabajos clásicos: el primero es un estudio del psiquiatra alemán René Spitz, quien tras la Segunda Guerra Mundial describió el hospitalismo, un conjunto de alteraciones físicas y psíquicas que padecían aquellos niños que, pese a estar bien atendidos, se veían privados de afecto; tras observar a un centenar de niños en orfanatos, Spitz se dio cuenta de que la ausencia de un contacto físico amoroso los conducía a un estado de aletargamiento que podía llevarlos a la muerte. El otro trabajo recurrente es un experimento realizado en los años setenta por el psicólogo estadounidense Harry Harlow: separó a monos recién nacidos de sus madres y les ofreció, como alternativas, o una mamá mono de alambre que tenía un biberón o una mamá mono de felpa que no ofrecía alimento. Todo apuntaba a que los monitos adoptarían como figura materna a la que los proveía de sustento, pero no fue así: las crías optaron por la suavidad, el confort y el placer del tacto antes que por la comida.
«El contacto físico no es solo un deseo intelectual o afectivo, sino una necesidad biológica», asegura la psicoanalista Mariela Michelena, autora de Un año para toda la vida (editorial Temas de Hoy), quien añade que «hay infinidad de trabajos e investigaciones que confirman la importancia del apego y las bondades terapéuticas del tocarnos». Así es: solo en la Universidad de Miami se han hecho en los últimos años más de un centenar de estudios sobre los efectos de besos, caricias y abrazos sobre la salud. Sus conclusiones son rotundas: con estas muestras de afecto, los bebés prematuros se recuperan antes y mejor, los pacientes con dolor se ven aliviados, los niños con diabetes mejoran sus niveles de glucosa y los enfermos de cáncer ven cómo se fortalece su sistema inmune.
«Asociar la idea de tocar a una persona con curarla viene de muy antiguo. Ser acariciado es, probablemente, la forma de terapia más antigua del mundo», sugiere el psiquiatra José Miguel Gaona, autor de Endorfinas, la hormona de la felicidad (editorial La Esfera de los Libros). «Es muy probable que el fin último del masaje sea elevar los niveles de endorfinas. Por este motivo adquiere un valor inigualable contra el estrés y el dolor», añade.hormonas del bienestar.
En la terapia no solo las endorfinas desempeñan un papel importante: los abrazos también estimulan la producción de serotonina, dopamina y oxitocina -hormonas del bienestar- y, además, reducen los niveles de noradrenalina y cortisol, las hormonas del estrés. Y todo ello gracias al más ninguneado de nuestros sentidos, el tacto -el primero en desarrollarse y el último en dejar de funcionar-, y a su órgano estrella, la piel.
La piel, un órgano social
La piel no es solo una barrera que nos defiende de las agresiones ambientales; es también un órgano social que cuenta con entre seis y diez millones de receptores del tacto, que recogen información y envían impulsos nerviosos -las sensaciones- al sistema límbico, una estructura cerebral encargada de gestionar las respuestas emocionales.
Una falta de respeto
Pero las respuestas emocionales ante un contacto físico no tienen por qué ser siempre terapéuticas ni tan siquiera agradables. Porque a través del tacto podemos acariciar, consolar y reconfortar, pero también ofender, agredir, lesionar.
Depende de quién nos toque, en qué parte del cuerpo y en qué contexto. Disfrutamos el contacto de nuestra pareja, de nuestra familia y, según y cómo, de algunos de nuestros allegados. Aceptamos el apretón de manos, el beso social y las manos profesionales y asépticas del peluquero, del rehabilitador o del médico... y de no muchos más.
Salimos así de esa necesidad puramente biológica del 'tócame', para entrar en los condicionantes socioculturales que delimitan hasta dónde estamos dispuestos a demandar, tolerar o rechazar el contacto físico. «Más allá de la biología, hay una carga cultural importantísima -explica Mariela Michelena-. En ciertas sociedades, tocarse supone una falta de respeto porque vulnera la intimidad del otro, mientras que en otras el contacto físico no solo está permitido, sino también valorado. Venezuela no tiene nada que ver con Japón, y España está un poco a medio camino entre ambos».
Abrazoterapia
Posiblemente pensemos que aquí nos besamos y abrazamos 'lo suficiente'. Lo normal. Pero el caso es que en los últimos años se están produciendo fenómenos impensables unas décadas atrás. Por ejemplo, el auge de la abrazoterapia. Hace 20 años, la terapeuta Kathleen Keating escribió La terapia del abrazo, un libro que dejaría su huella en los manuales de autoayuda de todo Occidente.
En España, Lia Barbery tomó su testigo y patentó la abrazoterapia como «un sistema que utiliza el abrazo, de forma literal y metafórica, como instrumento terapéutico de regulación fisicoemocional».
En sus talleres, Barbery propone dar «un marco a una actividad natural y atávica, derribando barreras construidas a lo largo de la culturización social, barreras que han recortado la espontaneidad y el sentido lúdico de la expresión de nuestra auténtica esencia».
Lo visual manda
Ese recorte en la espontaneidad tal vez se explique por «la omnipresencia de los estímulos visuales por encima de lo táctil, de lo efímero frente a lo duradero», apunta Michelena, y está detrás de movimientos como el ya célebre Free Hugs, iniciado en 2001 por el estadounidense Jason Hunter: angustiado por la muerte de su madre, Hunter salió a la calle con un cartel que únicamente decía: «Abrazos gratis». Una chica lo envolvió entre sus brazos y así nació un movimiento que ha dado la vuelta al mundo. Ahora, por ejemplo, es prácticamente imposible acudir en España a un salón de cómic manga sin que por cada pasillo te aborden jovencitos provistos de carteles similares a los de Hunter.
Eva María Segovia, en cambio, sí ha puesto precio a sus abrazos: 90 euros la hora. Es bailarina y terapeuta, y entre sus terapias figura la del contacto físico: «Además de abrazar, permito que también me abracen, me toquen y me acaricien. Las personas no solo necesitan recibir; también ansían dar. Es un trabajo delicado en el que hay que poner límites; los míos son que no me pueden tocar el pecho ni los genitales».
Los más necesitados
Eva María se ha ofrecido en Internet -todavía sin éxito- para abrazar a ancianos, a quienes considera «los más necesitados de contacto físico». Y así suele ser: José Ramón Díaz, pedagogo y especialista en la atención a personas mayores, asegura que «es en la vejez cuando necesitamos más contacto, pues es cuando nos encontramos más asustados, solitarios y deprimidos. A medida que vamos envejeciendo, van disminuyendo las oportunidades de contacto físico y más si uno de los dos miembros de la pareja fallece; entonces es cuando el contacto físico del que sobrevive desaparece casi por completo». En sus talleres con mayores, Díaz suele crear el ambiente propicio para que se sinceren y pidan a sus compañeros algo que deseen y que, en su vida cotidiana, les da vergüenza o no se atreven a pedir. «La gran mayoría pide dos cosas: la primera, que sus compañeros le den un fuerte abrazo. La segunda, que le digan cosas bonitas que le hagan sentirse bien».
Cómo nos tocamos en la era de las redes sociales
¿Cuándo te toco?
La investigadora Nancy Henley apunta que hay más probabilidad de que nos toquemos en los siguientes casos: cuando damos información, más que cuando la recibimos; cuando ordenamos, más que cuando obedecemos; cuando pedimos un favor, más que cuando nos lo piden; cuando intentamos convencer a alguien, más que cuando nos convencen; cuando la conversación es más profunda, que cuando es una charla superficial; en un acto social, más que en el trabajo.
Tocar, aunque sea un gato

La idea surgió en Taiwán. Allí, en 1998, se abrió el primer café en el que los clientes podían interactuar con los gatos del local y beneficiarse de la paz interior y la relajación que les ofrecían estas caricias gatunas. Algún tiempo después, la moda se extendió a Japón, en donde ya hay más de 150 'nekocafés', cuyos gatos proporcionan el contacto piel con piel que escasea tanto en la sociedad nipona. Y ya han llegado a Europa... incluso a España. Los tenemos en Madrid (La Gatoteca) y en Barcelona (DeGats).
¿Por qué nos gustan las caricias?
Investigadores del Instituto de Tecnología de California han descubierto las neuronas que detectan la sensación placentera que produce una caricia. Sometieron a ratones a estímulos ­caricia, pinchazo y pellizco para ver qué áreas neuronales se activaban al recibir unos u otros. Se vio que hay unas neuronas especiales, muy ramificadas y sin vainas de mielina, que solo se activan ante la caricia, y comprobaron que sa activación tenía efectos calmantes y de refuerzo positivo.
Comunicación sin contacto
El neurobiólogo Francis McGlone, investigador del tacto, ha visto que el déficit de caricias en la infancia puede tener efectos negativos en la edad adulta. Advierte de que «en un mundo en el que el tacto queda relegado a un segundo plano, con el aumento de las redes sociales que fomentan la comunicación sin contacto y la disminución de caricias afectuosas en los bebés por parte de cuidadores y padres, es cada vez más importante reconocer lo vital que es una afectuosa caricia».
Para saber más Abrazoterapia: El lenguaje de los abrazos. De Lía Barbery, Mandala Ediciones.   El poder del tacto. El contacto físico en l as relaciones humanas. De Phyllis Davis. Paidós Ibérica.

 TÍTULO:  DOMINGO - LUNES - CINE - LA MUJER DEL PREDICADOR,.
La mujer del predicador Reparto
Denzel Washington, Whitney Houston, Courtney B. Vance, Gregory Hines, Lionel Richie, Jenifer Lewis, Loretta Devine, Justin Pierre Edmund, Paul Bates, Taral Hicks, Shari Headley,.

 El bondadoso reverendo Henry Biggs se da cuenta de que su matrimonio con Julia está en peligro debido a que dedica demasiado tiempo a resolver los asuntos de sus feligreses. Por si esto fuera poco, su iglesia se ve amenazada por un promotor inmobiliario. Desesperado, ruega a Dios que le ayude, y la respuesta es un ángel llamado Dudley, que traerá, al principio, más complicaciones que soluciones. 

TÍTULO: COCINA DEL DOMINGO -  Plato principal:Raya a la mantequilla negra,.

Plato principal:Raya a la mantequilla negra / fotos


Tiempo de preparación: 25 minutos Ingredientes para: 4 personas


Ingredientes: 4 alas medianas de raya peladas, 50 g de mantequilla, 75 g de alcaparras pequeñas y escurridas, 1 ramillete de perejil fresco y 1 limón. Elaboración: se salpimientan los pedazos de raya.En una sartén antiadherente hermosa se funden 50 g de mantequilla.Se coloca el pescado y se soasa por las dos caras durante unos minutos, regándolo con la grasa continuamente.Mientras, se pica el perejil sobre la tabla y se desliza la raya a una bandeja.Presentación y acabado: se añade el resto de la mantequilla a la sartén para darle el punto 'avellana', que es ese en el cual la mantequilla adquiere color, pero sin que llegue a quemarse. Se agrega el zumo de limón y se pasa la mezcla por un fino con papel, con el fin de eliminar impurezas. Se incorporan entonces las alcaparras y el perejil y se rocía la salsa sobre el pescado.
Paso a paso
1. Se funde la mantequilla en una sartén antiadherente, se coloca la raya y se soasa por las dos caras unos minutos.

2. Se riega el pescado con la grasa, mientras está en la sartén, y una vez soasado se desliza en una bandeja.

3. Se añade el resto de la mantequilla en la sartén hasta que llegue a ese punto en que adquiere color sin quemarse.
4. Se rocía sobre el pescado la salsa, a la que hemos añadido el zumo de limón, las alcaparras y el perejil.
Mis trucos
Es importante que las alcaparras sean de un color verde oscuro y, cuanto más pequeñas, más sabrosas y tiernas son. Además, apenas contienen grasas, por lo que no aportan calorías y son un buen aliado en los regímenes.
El vino
Alejairén 2012. Con el uso exclusivo de airén cepa blanca por antonomasia de La Mancha hoy un tanto relegada, Alejandro Fernández, que tras sus éxitos con Pesquera ha logrado excelentes resultados con su bodega manchega El Vínculo, elabora este vino muy especial criado 24 meses en barricas de roble americano. De color limpio y brillante, despliega aromas florales con notas de vainilla y resulta denso y untuoso en boca, a la vez que muestra notas de cereza y bayas oscuras. Sírvase a unos 12 ºC, para acompañar platos de la cocina mediterránea, arroces, aves, pastas... Larga vida por delante si se conserva adecuadamente. 12 euros. J.L.Recio
Reinos de humo por Carlos Maribona Comer con los ojos
Gastronomía' y 'salud' son términos que no siempre van de la mano, pese a que tener una alimentación sana, comer de manera equilibrada y agradable, no está reñido en absoluto con el placer. A este respecto, el doctor Valentín Fuster, en su libro La cocina de la salud, que escribió junto con Ferran Adrià, asegura que no hay mejor garantía de mantener una alimentación saludable que disfrutar con ella. No estoy del todo seguro de que sea así, porque muchas veces el disfrute en la mesa suele llevar a abusos poco recomendables. Lo que sí es cierto es que, a pesar del empeño de muchos especialistas, nunca habíamos tenido a nuestro alcance tanta información sobre los alimentos y nunca antes habíamos comido tan mal. Dicen los expertos que a la hora de decidir lo que comemos y cuánto comemos, las emociones influyen más que las razones. La cantidad de comida que ingiere una persona no s0lo depende del hambre que tiene, de lo ansiosa que está o de cuánto le gusta la comida. Hay factores a los que no se suele prestar atención como el tamaño de los platos. Está comprobado que, cuando se pone la misma cantidad de comida en dos platos de dimensiones distintas, los comensales creen que hay más comida en el más pequeño. Por eso, la gente acaba sirviéndose más comida en un plato grande que en uno mediano o pequeño. Una simple percepción visual.

No hay comentarios:

Publicar un comentario