BLOC CULTURAL,

BLOC CULTURAL,

sábado, 17 de enero de 2015

DIRECTO, VIDAS PRIVADAS, DE CERCA, 7 DIAS CITAS, Barbra Streisand, la diva absoluta,./ PROTAGONISTA, DEBATE, Jhumpa Lahiri, ESCRITORA,.

Barbra Streisand, en la intimidadBarbra Streisand sabía de sobra que era fea. Se lo repetía sin cesar su madre, una humilde secretaria que, tras enviudar cuando ella tenía 15 ...foto,.

Está a punto de cumplir 73 años y de conseguir su noveno Grammy. Ahora un libro de coleccionista recoge fotos inéditas de la estrella. Un homenaje sin precedentes a una leyenda viva.
En 1960, Billy Wilder arrasaba en la noche de los Oscars, gracias a una de sus obras maestras, 'El apartamento'. En la categoría de mejor actriz era Elizabeth Taylor quien se llevaba la estatuilla por 'Una mujer marcada', un durísimo papel para el lucimiento extremo de la entonces reina de Hollywood: bella hasta reventar, diva como ninguna y, en cierto modo, abanderada de una nueva modernidad, de un nuevo canon.
Mientras tanto, en The Lion, un bar gay del Village neoyorquino –un antro, si no fuera porque entonces la comunidad homosexual aún disimulaba a golpe de traje y corbata–, una chica judía de enorme nariz y nacida en Brooklyn encadenaba canciones con un talento casi extraterrestre. Se llamaba Barbara Streisand, con la 'a' que luego eliminó porque Barbra le hacía diferente. Como si no lo fuera ya. Y ahí estaba, animando a un público políticamente incorrecto, convencida de que aquello no había hecho más que empezar.
Barbra Streisand sabía de sobra que era fea. Se lo repetía sin cesar su madre, una humilde secretaria que, tras enviudar cuando ella tenía 15 meses, se casó con un tipo que también le recordaba a menudo su escasa belleza. Hasta un helado dicen que le negó... por fea. Aquel mantra tenía como objetivo quitarle de la cabeza su sueño de ser actriz y cantante. De triunfar cargada con su estrabismo. Con un perfil imposible. Con unos dientes enredados en una mandíbula incapaz de competir con la de la Taylor.
Irónica vulgaridad
Le dio igual. En The Lion, las paredes temblaban cada vez que arrancaba una estrofa, pero también lo hacían cuando bromeaba con los clientes, cuando soltaba frases lapidarias con un sentido del humor inagotable. Lo mismo en Bon Soir y en Blue Angel, clubes de mayor envergadura en los que se vestía con elegantes vestidos de segunda mano y mascaba chicle en un gesto de irónica vulgaridad. Había nacido una estrella y hasta el dramaturgo Noel Coward tuvo que ir a verla para comprobarlo, porque el runrún en Nueva York no paraba de crecer.
Tres años después, Columbia Records lanzaba The Barbra Streisand Album, grabaciones en estudio de sus actuaciones en aquellos clubes, que en pocas semanas se convirtieron en la banda sonora de todo un país y, de paso, en el disco de vocalista femenina más vendido en la historia de Estados Unidos.
Esto fue solo el comienzo. La lista de récords conseguidos por Barbra Streisand hasta hoy (y sigue generándolos) daría para un libro Guinness: 51 discos de oro, 30 de platino, 13 multiplatinos, tres megaplatinos, un ultraplatino y 247 de metal, amén de dos Oscars, cinco Globos de Oro, cinco Emmys, dos Tonys y ocho Grammys. Cuesta incluso entender qué signifi ca todo esto, por eso es más fácil resumirlo en que ninguna otra mujer ha vendido más discos ni durante mayor período de tiempo en Norteamérica, o en que solo Elvis Presley y The Beatles la superan, ni tan siquiera los Rolling Stones.
El triunfo de la normalidad
Podríamos decir que tuvo la suerte de la fea si no fuera porque en aquella época no había fea (en Broadway, en Hollywood, en las portadas de Vogue y Harper’s Bazaar) que la tuviera. Solo ella, la única excepción que confirmó la regla y abrió el camino no a otro arquetipo de belleza, que eso era asunto de la Taylor, la Monroe o la Bardot, sino al de la normalidad.
Pero la Streisand tampoco era normal. No lo es. Los fotógrafos Lawrence Schiller y Steve Schapiro, jóvenes judíos de Brooklyn como ella, lo supieron enseguida, e incluso Schiller sufrió el desaire (y la consiguiente censura) de la diva cuando publicó una foto sin su autorización. Pocas bromas con Barbra. Ahora, con su visto bueno, juntos han reunido un sinfín de fotografías, muchas inéditas, en el libro 'Barbra Streisand by Steve Schapiro and Lawrence Schiller' (Taschen), una joya en edición limitada que pretende dar rienda suelta, más aún, a la leyenda.
Leyenda viva, como bien señala Schiller: “Tras publicar mi libro de fotografías de Marilyn, me preguntaron qué otra estrella habría perdurado de la manera en que lo hizo ella. Solo se me ocurrió Barbra. Marilyn se convirtió en un mito, pero Barbra ha sido una leyenda de su tiempo y seguirá siéndolo cuando desaparezcamos”.
Capaz de convertir en millonario hit la canción 'Woman in Love' y haberla interpretado solo dos veces en directo porque dice que no quiere, que no la siente, que no la entiende, Barbra ha sabido salir airosa incluso de su pánico escénico, ese que le hizo olvidarse de una letra en el mítico concierto de Central Park de 1967 ante 135.000 personas (otro récord: el de la mayor asistencia de público para ver a un artista en solitario). Aquello provocó su retirada de los escenarios durante años y la decisión de cantar en vivo con cuentagotas y... un 'teleprompter'. Así lo sigue haciendo y, cada vez que anuncia su reaparición, agota todas las entradas en nanosegundos.
En Hollywood parecía más difícil aún que triunfase aquella nariz superlativa que casi siempre aparece en las fotos desde su perfil menos malo, el izquierdo, tan izquierdo como su combativo discurso político. En 1968, con 26 años y tras el éxito de su papel en el musical 'Funny Girl', el realizador William Wyler estrenó la adaptación cinematográfica. ¿El resultado? Un Oscar a mejor actriz, compartido por primera vez con otra intérprete. Y qué otra: la mismísima Katharine Hepburn por su papel en 'Un león en invierno'. A pesar de las reticencias, el éxito de taquilla y el aplauso unánime de la crítica convierten a la Streisand en la nueva reina (también) de Hollywood.
Triunfo en Hollywood y con los hombres
Pero le quedaba medirse con un galán para demostrar que en el juego de la seducción también era imbatible. Lo hizo por partida doble: en 1972 junto a Ryan O’Neal en '¿Qué me pasa, doctor?' y un año más tarde con Robert Redford en 'Tal como éramos'. Dos de los guapos oficiales caían rendidos ante una Barbra que también fuera de las pantallas jugaba sus cartas. Verdaderos o no, qué más da, se le atribuyeron romances con Steve McQueen, Omar Shariff , Don Johnson, Ryan O’Neal, Jon Voight, Warren Beatty, Kris Kristofferson y el mismísimo Elvis Presley. Eso sí, por el altar solo ha pasado dos veces: con Eliot Gould, padre de su único hijo, Jason, y con James Brolin, su marido desde 1998.
Tras esos éxitos llegaron otros, como 'Yentl' (1983), que dirigió y protagonizó, y que Steven Spielberg definió como “uno de los mejores debuts en la dirección desde 'Ciudadano Kane'”, y 'El príncipe de las mareas' (1991), que la Academia ninguneó al nominarla a cinco estatuillas menores y obviar su trabajo tras la cámara.
Porque una cosa es amarla y otra distinta quererla. Su carácter intransigente y su militancia en el lado más progresista del Partido Demócrata no siempre han caído bien en el conservadurismo hollywoodense. Demasiado activismo a favor de los derechos de las mujeres, de las minorías étnicas, de gays y lesbianas, del medio ambiente, del sida...
Ante esto y ante cualquier duda sobre su manera de ser, nadie mejor que ella misma para definir una personalidad que ha dado quebraderos de cabeza a productores, directores, empresarios... Tozuda y perfeccionista, Barbra dijo una vez de sí misma: “Soy simple, compleja, generosa, egoísta, poco atractiva, hermosa, perezosa y trabajadora”. Pura contradicción.
Puede que en 2015 resulte difícil entender lo que ella y su físico hicieron por cambiar las reglas del juego. Muchos aseguran que, sin Barbra abriendo camino, Anjelica Huston o Cher no lo habrían tenido tan fácil. Tampoco otras estrellas más actuales, como Christina Aguilera o Lady Gaga. En definitiva, que si la Streisand no hubiera existido.... alguien habría tenido que inventarla. Y, sin duda, nadie mejor que ella para hacerlo.
El mundo según Barbra
Desde sus comienzos, tuvo muy claro que no alzaría la voz solo para cantar. Combativa y siempre dispuesta a romper estereotipos, Streisand se ha servido del éxito para meter el dedo en unas cuantas llagas. He aquí el resultado:
-The Streisand Foundation. Los veteranos de guerra de Irak y Afganistán, las parejas o familias monoparentales que buscan apoyo en la planificación familiar, los jóvenes sin recursos que necesitan becas de estudio, Al Gore y su defensa del planeta... Todos tienen cabida en la macrofundación que dirige Barbra Streisand y que ayuda a las causas que más defiende.
-Apoyo a Obama... con restricciones. Aunque no dudó en mostrar su apoyo al presidente como defensora a ultranza del Partido Demócrata, en 2012 se negó a cantar para recaudar fondos para su campaña electoral, cosa que sí hizo en 2008. ¿El motivo? Su enfado por el rechazo del Gobierno al proyecto de ley antipiratería del país.
-Icono gay y madre de gay. En 1991, los tabloides estadounidenses anunciaron a bombo y platillo que James Gould, hijo de Barbra y su primer marido, Elliot Gould, era homosexual. Nada que no supiera ya la actriz. Años después, en 1999, hablaba abiertamente del tema para la revista The Advocate y defendía orgullosa a su hijo.
-De Twitter a Harvard. 354.000 seguidores en Twitter y más de 87.000 en su reciente cuenta de Instagram confirman que a sus 72 años quiere mantenerse actualizada. En las redes combina fotos antiguas, promoción de su nuevo disco, Partners (donde ha colaborado con Babyface, Stevie Wonder o Lionel Richie) y defensa de sus causas favoritas. Su insistencia en la necesidad de que los artistas participen en política la llevó a dar un polémico discurso en la Universidad de Harvard titulado “El artista como ciudadano”.
-Efecto Streisand. Así se conoce popularmente a aquello que, tras un intento de censura u ocultación fracasado, se convierte en un éxito viral. Y todo porque en 2003 Barbra Streisand exigió que se retirasen imágenes de su mansión en la costa californiana por vulneración de la intimidad. No solo perdió, ya que el autor documentó que se trataba de un estudio sobre la erosión del litoral a causa del urbanismo desmedido, sino que provocó que todo el mundo viera la fotografía. Aquella vez, su voz le jugó una mala pasada.
Una estrella en el cine
1. Funny Girl (1968). Debutó en el cine con este papel que le había hecho famosa en Broadway.
2. ¿Qué me pasa, doctor? (1972). Bogdanovich la dirigió en su faceta más atolondrada y divertida... con la que lograba enamorar a O’Neal, dicen que también fuera del plató.
3. Tal como éramos (1973). El papel más Streisand, donde lucha por mantener sus principios mientras pierde al hombre de su vida, Robert Redford.
4. Ha nacido una estrella (1976). El 'remake' del célebre título de Judy Garland fue un fracaso en taquilla.
5. Yentl (1983). Guionista, productora, directora y actriz. Debutó tras las cámaras con la historia de una judía que se hace pasar por chico para estudiar.
6. El príncipe de las mareas (1991). Un melodrama de amor maduro con Nick Nolte. Uno de sus filmes más taquilleros, aunque en el top de todos se encuentra Los padres de él, donde interpreta a la excéntrica madre de Ben Stiller.

TÍTULO: PROTAGONISTA, DEBATE, Jhumpa Lahiri, ESCRITORA,.

Resultado de imagen de jhumpa lahiriJhumpa Lahiri--foto,.

Jhumpa Lahiri
Nombre de nacimiento Nilanjana Sudeshna Lahiri
Nacimiento 11 de julio de 1967 (47 años)
London, Inglaterra
Ocupación Escritor
Género Novela y cuento
[editar datos en Wikidata]
Jhumpa Lahiri es una autora hindú-americana. En el año 2000 ganó el Premio Pulitzer por su colección de cuentos Intérprete de emociones.

Obras

Cuentos

Novelas

No hay comentarios:

Publicar un comentario