BLOC CULTURAL,

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sábado, 21 de febrero de 2026

A vivir que son dos días - A vivir - Cadena SER - Culturas 2 - Jordi Gual, Empleo y confianza - Educar en valores ,. / LA BRUJULA ONDA CERO - La Linterna La Cope - Fronteras ‘inteligentes’, democracias negligentes ,.

 

 TITULO:  A vivir que son dos días - A vivir -  Cadena SER - Culturas 2 -  Jordi Gual, Empleo y confianza - Educar en valores  ,. 

A vivir que son dos días - A vivir -  Cadena SER,.

 Escucha 'A vivir', con Javier del Pino, el programa líder de las mañanas del fin de semana en la Cadena SER.

 Jordi Gual, Empleo y confianza - Educar en valores,.

 El catedrático de Economía, autor del libro La confianza no tiene precio, Jordi Gual

 foto - El catedrático de Economía, autor del libro La confianza no tiene precio, Jordi Gual,.

«Debemos reforzar la educación en valores desde la escuela primaria»

El catedrático de Economía, autor del libro La confianza no tiene precio, argumenta que la visión humanista de las compañías, situando a las personas en el centro, genera espacios de trabajo más productivos y atrae talento.


¿Por qué ha considerado relevante participar en este foro que aborda la empresa con una visión humanista?

La concepción que tengo de una compañía es la de una organización humana que funciona gracias a su principal activo: las personas que la componen, tanto dirigentes como el resto del personal. La clave de la competitividad es la cultura que se desarrolla en su seno, y por lo tanto, la visión humanista es esencial en los espacios de trabajo, situando a las personas en el centro. Eso permite generar un clima confiable y atraer talento.

En su libro menciona la fábula del escorpión y la rana. ¿Cree que desprender confianza personal se puede desarrollar o es inherente a la genética?

Esta fábula sirve para ilustrar que la confianza forma parte del carácter de la persona y de sus valores, que se forman a lo largo de la vida. Como afirmaba Aristóteles, son los hábitos —la práctica habitual de obrar bien y tener en cuenta el interés de los demás— los que la construyen. Por lo tanto, la capacidad de ser una persona confiable se puede aprender.

¿Qué ha cambiado en el panorama internacional desde la publicación de su libro?

Las acciones del presidente Trump han aumentado la desconfianza de sus socios y rivales. Rompe acuerdos previos, no es previsible y no hay garantía de que cumpla sus compromisos. Además, basa su política en la transacción —a ver qué puede obtener— y no en la relación; y para crear una relación tienes que crear confianza. Su llegada a la presidencia, por segunda vez, pone aún más de relieve la necesidad de cultivar valores humanistas que permitan a la sociedad aumentar la confianza entre las personas y las administraciones públicas.

Por lo tanto, puede erosionar aún más la confianza en los poderes públicos y ser contraproducente para los objetivos que dice tener para Estados Unidos, porque está rompiendo alianzas con otros países mientras su principal rival, China, está tejiendo esas alianzas en distintas partes del mundo.

¿Es la desconfianza el río revuelto donde prosperan los radicalismos?

Correcto. Es cuando aparecen los embaucadores con soluciones simplistas a problemas complejos y mensajes que tratan de confortar a una sociedad que ha perdido puntos de referencia. En el libro argumento que las democracias se fundamentan en el liberalismo político, que no da una orientación moral a la sociedad, y esto comporta que algunas personas, ante los cambios tecnológicos o culturales —como las migraciones—, sientan angustia respecto a su futuro.

Un líder populista ofrece respuestas sencillas, rechazando lo nuevo y lo ajeno.

¿Considera que se están perdiendo los valores humanistas en la gestión empresarial?

Falta lo que este foro ha hecho: situar el foco en el desarrollo de valores que favorezcan la cooperación en la sociedad. Todo proyecto humano es colectivo, en un entorno de libertad combinado con dosis de altruismo necesarias para el bien común. Tenemos una población más formada en aspectos técnicos, pero no en valores.

Para solventar la crisis global de pesimismo con respecto a las políticas públicas y a las personas debemos reforzar la educación en valores desde la escuela primaria. La confianza exige un grado de altruismo que también se puede educar.

Las empresas son las instituciones mejor valoradas por la población, por delante de ONG, gobiernos o medios de comunicación. ¿A qué se debe esta diferencia?

Las estadísticas que he utilizado en el libro muestran que las empresas también han sufrido una pérdida de confianza, y la gran crisis financiera es un ejemplo. En particular, la desconfianza se genera más hacia las grandes empresas, no en las pequeñas o medianas.

Aun así, la empresa sigue siendo la institución a la que acuden las personas cuando falla el sector público. Son capaces de generar confianza si asientan esa cultura interna de compromiso con sus empleados y de propósito empresarial para solucionar problemas de la sociedad, con productos y servicios atractivos para los consumidores y usuarios. A la institución pública le cuesta mucho más generar confianza por el cortoplacismo electoral.

¿Puede una compañía restablecer la confianza perdida o, por el contrario, es como un jarrón roto que, aunque se peguen las piezas, siempre queda una huella?

Una empresa puede recomponer la confianza, pero nunca será lo de antes. Mantenerla es clave y, para ello, debe contar con una gobernanza sólida acorde con los valores fundacionales. Por experiencia, insisto en que el dirigente tiene que obrar según lo que dice; de lo contrario, el equipo no responde.

¿Por qué escasea la cultura financiera en los centros educativos españoles?

Uno de los problemas que tiene España son sus planes educativos, que son muy rígidos y no se adaptan a las nuevas realidades sociales. Las instituciones educativas públicas no responden al mercado ni a las necesidades, sino a los intereses de los cuerpos funcionariales.

Soy partidario de cuerpos funcionariales independientes del poder político, sometidos a la supervisión de la sociedad a través de instrumentos democráticos.

 

TITULO:  LA BRUJULA ONDA CERO - La Linterna La Cope -  Fronteras ‘inteligentes’, democracias negligentes  ,. 

LA BRUJULA ONDA CERO,.


 La Brújula es un programa de radio de la emisora española Onda Cero, presentado y dirigido por David del Cura. Es el tercer espacio en audiencia en la franja nocturna, retransmitiéndose entre las 20 y las 24 horas, tiempo que dedica a un análisis de la actualidad, el deporte, la economía (con el espacio denominado La Brújula de la Economía) y el debate político., etc,.
 

  
La Linterna La Cope ,.
 
  'La Linterna' es el programa de radio informativo, político y económico, cultural y de debate nocturno de la Cadena COPE. Dirigido y presentado desde 2009 por Ángel Expósito, se emite de lunes a viernes de 19:00 a 23:30 horas, correspondiendo la última hora de los viernes a 'La Linterna de la Iglesia', dirigida y presentada por Faustino Catali
na,.

  Fronteras ‘inteligentes’, democracias negligentes,.

 

Resulta fundamental que los avances tecnológicos en el control migratorio se sometan al Estado de derecho,.

 

foto - La ciudad china de Chongqing tenía en 2019 unos 15 millones de habitantes y 2,6 millones de cámaras: una por cada seis personas. Desde entonces hasta ahora, esa proporción podría haberse disparado hasta las dos cámaras por persona. Apoyado en tecnologías de identificación biométrica, este despliegue forma parte del denominado Proyecto Skynet, un monumental ejercicio de vigilancia pública que permite a las autoridades prevenir y controlar cualquier posible amenaza a la seguridad nacional, incluyendo, claro está, la desafección política. El control de movimientos y las bases de datos biológicas son una rutina para una población acostumbrada a que los delitos no se prueban, sino que se intuyen.

La China de Xi Jinping podría parecernos una distopía lejana, pero eso es solo porque no estamos prestando atención. A menos de una hora de Madrid, en las fronteras de la UE, nuestros democráticos Estados aplican a los migrantes la misma combinación letal de algoritmos, prejuicios y presupuestos milmillonarios que triunfa en la dictadura asiática. El proyecto iBorderCtrl, por ejemplo, fue desarrollado entre 2016 y 2019 para analizar microexpresiones faciales que evalúen la veracidad de quienes pretenden acceder al territorio europeo. El programa —ensayado en Hungría, Grecia y Letonia— fue ferozmente criticado por centros académicos y organizaciones de derechos humanos, que denuncian la ausencia de base científica y la institucionalización de la desconfianza y el prejuicio. En palabras de la ONG Amnistía Internacional, “estas tecnologías están reforzando la exclusión y bloqueando el movimiento de migrantes negros, musulmanes y de otras razas, solicitantes de asilo y refugiados”.

La Comisión Europea discrepa. Para los arquitectos de la política migratoria comunitaria, iBorderCtrl ha sido un éxito rotundo y un modelo para el futuro. La prueba es la proliferación de experimentos de vigilancia financiados con los mismos fondos europeos. Los inagotables recursos financieros de las instituciones comunitarias y nacionales han permitido al conglomerado industrial de la defensa y la tecnología establecer la tercera generación del control migratorio: tras las barreras físicas y la subcontratación de países de origen y tránsito, Europa ha inaugurado la era de las fronteras inteligentes. La gestión de la movilidad humana se fundamenta hoy en complejos modelos de detección, seguimiento y cribado de poblaciones en movimiento que depositan una parte creciente de las decisiones en manos de una máquina. Los algoritmos clasifican en función del riesgo, y el riesgo se define a partir de los datos: lugar de nacimiento, trayecto, nacionalidad, idioma, comportamiento o, simplemente, la actitud del migrante prospectivo. La seguridad personal y los derechos fundamentales, reducidos a una función matemática.

La cartografía de las fronteras inteligentes abarca todo el proceso migratorio, desde las regiones de origen al centro de acogida más remoto de los países de destino. Ninguna herramienta está descartada: análisis predictivo de perfiles en ruta; sistemas autónomos de vigilancia fronteriza; recopilación compartida de información biométrica; aplicaciones de perfilación de viajeros deseados y no deseados; modelos algorítmicos de decisión; análisis automatizados de credibilidad, o software espía. El sistema cabalga sobre un proceso exponencial de innovación tecnológica y en colaboración con socios cuestionables como la industria militar de Israel. Sus empresas facilitan, por ejemplo, el programa Cellebrite, que se utiliza para extraer la información de los móviles de migrantes sin su consentimiento.

Según esta lógica, los desembolsos millonarios y la asociación con malhechores tienen plena justificación. La tecnología, nos dicen, aportará eficiencia y objetividad donde la capacidad humana está limitada y sesgada. Lamentablemente, la promesa de neutralidad también ha resultado ser una quimera, porque las máquinas aprenden de los datos, pero los datos nunca son inocentes. Heredan las injusticias, los miedos y los sesgos de las sociedades que los producen. En lo migratorio, los algoritmos beben de un modelo diseñado para reconocer amenazas antes que personas, y para disuadir antes que comprender. De ahí surgen sistemas que clasifican a los solicitantes de asilo según variables opacas; herramientas de análisis predictivo que asignan alertas a determinados perfiles o nacionalidades, y tecnologías biométricas que reducen la identidad humana a un conjunto de rasgos faciales. No hay neutralidad posible cuando el punto de partida es la desconfianza.

En otros aspectos fundamentales, nada ha cambiado. Las fronteras inteligentes esconden el mismo negocio opaco, concentrado e ideológicamente tuerto que ha caracterizado la industria del control migratorio en el pasado. Tomen el ejemplo de España. Según una investigación de por Causa, el Centre Delàs y el diario Ara, las administraciones han adjudicado en los últimos siete años no menos de 700 contratos públicos relacionados con este control tecnológico. Casi la mitad de los 541 millones de euros gastados en estos contratos fue negociada en procedimientos con competencia limitada o sin concurso público. Y 10 compañías —en una lista encabezada por las empresas Escribano, Telefónica y Thales— concentran el 73% de los recursos gastados. En políticas de frontera, la innovación española es tan aparente como su opacidad.

A donde no ha llegado la robotización de la gestión migratoria es al campo de la protección de derechos. Ningún algoritmo ha logrado desbloquear el colosal atasco de las solicitudes de asilo, que mantiene en el limbo a centenares de miles de personas en Alemania, España o Italia. Esta situación se produce porque el dilema no es tecnológico, sino político. Condicionado por un debate público radioactivo como el migratorio, el laboratorio de innovación de la inteligencia artificial (IA) privilegia la seguridad sobre la protección, el control sobre la acogida y la sospecha sobre el derecho.

Sería ingenuo pensar que el problema termina donde acaba la frontera. La tiranía tecnológica que hoy padecen los migrantes es el caballo de Troya de un modelo que llegará a otros colectivos considerados una amenaza para el consenso de la seguridad. Y ese es un grupo pavorosamente volátil. Prueben a compartir el contenido de sus redes sociales con la máquina que decide qué turistas acceden a Estados Unidos, como solicita su autoridad de fronteras. O pregúntense por qué su Gobierno ha fiado nuestros datos biométricos a compañías privadas del sector de la seguridad.

Por eso, es fundamental que los avances tecnológicos se sometan al control de normas e instituciones democráticas. Ordenar la frontera exige imponer transparencia, garantizar control humano, establecer auditorías independientes y devolver la decisión al ámbito político. La tecnología puede servir a la democracia solo si la democracia conserva la capacidad de decir no y cómo. Este ha sido el principio que ha inspirado modelos de transparencia algorítmica como el de Nueva Zelanda. En la propia UE, el Reglamento sobre IA aprobado en 2024 identifica la gestión de fronteras como un sector de alto riesgo y exige a los proveedores documentar los datos de entrenamiento, generar versiones explicables y someter sus sistemas a pruebas de impacto en derechos humanos.

No se trata de renunciar a la tecnología, sino de gobernarla. Como señalaba en una conversación reciente el asistente de IA entrenado para apoyar en la elaboración del informe de por Causa, “la decisión de conceder asilo, de proteger o no a alguien, no pertenece al dominio de lo computable. Es un acto humano precisamente porque implica empatía, memoria, interpretación del contexto y una deliberación moral que no puede reducirse a patrones”. Esta es, en última instancia, la línea que separa la democracia de su simulacro algorítmico. Es lamentable que una máquina lo tenga más claro que muchas personas.

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