BLOC CULTURAL,

BLOC CULTURAL,

viernes, 28 de agosto de 2026

El paisano - Viernes - 28 - Agosto - Tarifa ,. / HOSPITAL - Salud - Quince recién nacidos mueren en el incendio de un hospital en Pakistán ,. / VACACIONES - EUROPA DE PELICULA - Mijas ,. / VUELTA AL COLE - Adelántate a la vuelta al cole con uno de estos escritorios regulables para estudiar o trabajar en casa ,. / EN PRIMER PLANO - A FONDO - REVISTA XL SEMANAL PORTADA ENTREVISTA - En la tuya o en la mía - Miercoles - 26 - Agosto - El hombre que se dejó picar por mil insectos para crear un índice de dolor ,. / EL BLOC DEL CARTERO - LA CARTA DE LA SEMANA - MI CASA ES LA TUYA - viernes - 28 - Agosto - Arturo Pérez-Reverte - Esos reporteros sensibles ,.

 

TITULO: El paisano - Viernes -  28 - Agosto -  Tarifa   ,.

Viernes -  28 - Agosto a las 22:10 horas en La 1 , foto,.

  Tarifa,.

 Foto 1 de 4

 A Natalia, el viento de Tarifa le brinda momentos inolvidables. Revoluciona su playa con Charo y Ángeles, dos hermanas tarifeñas muy traviesas que, a sus 80 años, sus vídeos superan los 5 millones de visualizaciones. Disfruta de una experiencia muy dulce en la pastelería más antigua del municipio, premiada recientemente con un solete de la Guía Repsol. Y recibe un exclusivo regalo de cumpleaños de la campeona olímpica Marina Alabau: una masterclass en wingfoil. 

TITULO: HOSPITAL - Salud - Quince recién nacidos mueren en el incendio de un hospital en Pakistán ,.

Quince recién nacidos mueren en el incendio de un hospital en Pakistán,.

Los bebés se encontraban en incubadores y sólo uno pudo ser rescatado con vida en la zona afectada por las llamas,.

Uno de los bebés fallecidos, cubierto por una sábana.

Al menos 15 recién nacidos han fallecido este miércoles al incendiarse parte del hospital del Instituto de Ciencias Médicas de Pakistán (PIMS), en Islamabad, la capital del país. Según las primeras hipótesis, el fuego se desató por la explosión de un compresor del sistema de aire acondicionado.

El siniestro se inició sobre las siete de la mañana (hora local, 4.00 en España) en el tercer piso del centro médico público, en el ala de salud de mujeres y niños. Había 16 recién nacidos en esta zona de la clínica, según el canal GEO. Sólo uno pudo ser rescatado con vida.

Los bebés se encontraban en incubadoras o conectados a equipos de oxígeno, según declaró el ministro de Salud, Mustafá Kamal. El oxígeno es reactivo y puede acelerar el efecto del fuego al hacer que los materiales ardan con mayor intensidad y rapidez.

Falta de medios

Es uno de los incendios más graves registrados en un hospital en los últimos años en Pakistán. Allí, la sanidad está financiada por el Estado, pero con fondos insuficientes. Las instalaciones sufren sobrecargas y falta de medios. El hospital PIMS, situado en el centro de la capital, es uno de los mayores centros públicos de la ciudad

El primer ministro del país, Shehbaz Sharif, ordenó a las autoridades competentes que inicien de inmediato una investigación para determinar las causas del incendio. «Los responsables deben ser identificados y se tomarán las medidas más estrictas», señaló la oficina del jefe de Gobierno en un comunicado.

TITULO: VACACIONES - EUROPA DE PELICULA -  Mijas ,.

  Mijas ,.

 Foto 1 de 4

foto /  Por último, el conocido y querido presentador Manolo Sarria recibe a Javi Nemo en Mijas para conocer sus rincones en una ruta en buggy. Nemo lo va a someter a un concurso que le va a resultar muy familiar. En la playa, surca sus aguas en un donut giratorio y descubre que las zambombas no son únicamente de la navidad. 

TITULO:  VUELTA AL COLE - Adelántate a la vuelta al cole con uno de estos escritorios regulables para estudiar o trabajar en casa,.

 Adelántate a la vuelta al cole con uno de estos escritorios regulables para estudiar o trabajar en casa,.

Un escritorio regulable en altura permite adaptar la superficie para mantener una postura cómoda y reducir la fatiga durante el estudio, aunque conviene revisar el rango de ajuste y la estabilidad.

Adelántate a la vuelta al cole con uno de estos escritorios regulables para estudiar o trabajar en casa

foto - Un escritorio,.

Ajustar la altura del escritorio a la talla del menor facilita mantener la columna en posición neutra y reduce la tensión en el cuello y los hombros durante sesiones prolongadas de estudio. Existen diversos mecanismos de regulación —elevación eléctrica, sistemas neumáticos, patas regulables o mesas auxiliares con ruedas— que permiten adaptar la mesa a diferentes edades y actividades sin sustituir el mueble cada cierto tiempo. Esta capacidad de ajuste favorece combinar períodos de estar sentado con otros más activos, y ayuda a reducir la fatiga muscular asociada a posturas forzadas.

 

TITULO: EN PRIMER PLANO - A FONDO - REVISTA XL SEMANAL PORTADA ENTREVISTA - En la tuya o en la mía - Miercoles -   26 - Agosto - El hombre que se dejó picar por mil insectos para crear un índice de dolor  ,.

En la tuya o en la mía  - Miercoles    - 26 - Agosto  ,.

 En la tuya o en la mía', presentado por Bertín Osborne, acerca a los espectadores el lado más desconocido de personajes relevantes de diversos ámbitos. Durante aproximadamente una hora, los telespectadores tienen la oportunidad de conocer mejor al invitado y también al propio Bertín Osborne, en La 1 a las 22:30, el miercoles - 26 - Agosto  , etc.

 EN PRIMER PLANO - A FONDO - REVISTA XL SEMANAL PORTADA ENTREVISTA - En la tuya o en la mía - Miercoles  - 26 - Agosto - El hombre que se dejó picar por mil insectos para crear un índice de dolor ,.

El hombre que se dejó picar por mil insectos para crear un índice de dolor,.

El entomólogo Justin Schmidt registró en un particular 'dolorímetro' la respuesta a los pinchazos de insectos. No solo es una escala científica, sus descripciones son casi poemas. La próxima vez que te pique una avispa, lo sentirás de otra forma,.

El hombre que se dejó picar por mil insectos para crear un índice de dolor

fotos - Justin Schmidt murió en 2023, a los 75 años, tras someterse voluntariamente a más de mil picaduras de 83 especies de himenópteros (avispas, abejas, y hormigas fundamentalmente), pero no fue el veneno el que se lo llevó por delante, sino las complicaciones derivadas del párkinson.

Al entomólogo estadounidense le debemos la llamada 'escala Schmidt del dolor', en la que clasifica y retrata con inusitada viveza la intensidad del dolor producido por las picaduras y mordeduras de insectos, incluidos los más venenosos.

El índice Schmidt es mundialmente conocido y su autor fue distinguido en 2015 con un Premio Ig Nobel, esos galardones que «primero te hacen reír y luego te hacen pensar». Por amor (en este caso por dolor) a la ciencia, nuestro protagonista permitió que decenas de especies lo picaran deliberadamente para luego categorizarlas en cuatro niveles de tormento y con descripciones más propias de un poeta con sentido del humor que de un metódico entomólogo.

Justin Schmidt publicó su primer índice de dolor en 1983 tras experimentar las picaduras de 80 tipos de abejas, avispas y hormigas

Por ejemplo, en el primer nivel aparece la picadura de la abeja Anthophorini, «que es casi agradable, como si un amante te hubiera mordido el lóbulo de la oreja un poco 'demasiado' fuerte». Sin duda, una experiencia de lo más picante. En el otro extremo, el nivel 4, aparecen solo tres especies cuyo dolor suena a tortura medieval; entre ellas, la hormiga bala, que habita las selvas tropicales de América Central y del Sur.

Su veneno contiene poneratoxina, un potente agente que ataca el sistema nervioso provocando, en las expresivas palabras de Schmidt, un dolor «puro, intenso, brillante, como caminar sobre brasas con clavos oxidados taladrándote el tobillo». En este mismo nivel del 'dolorímetro' se encuadra la avispa cazatarántulas, uno de los insectos más grandes del planeta, con sus 7 centímetros de longitud. Su punzante dolor lo reseña Schmidt como «cegador, feroz, sorprendentemente eléctrico, como si un secador de pelo encendido cae mientras te das un baño de burbujas».

En los últimos años, al fallecido investigador de Arizona le han surgido discípulos que se han sometido a picaduras de especies que él nunca llegó a clasificar. Uno de ellos es un youtuber y presentador americano llamado Coyote Peterson (una versión yanqui de Frank de la Jungla) que carece de la formación científica de Schmidt, pero lo iguala en entusiasmo. Peterson experimentó las picaduras de 30 especies; entre ellas, del avispón gigante japonés. «Fue como recibir en la cara un golpe de Mike Tyson». A Coyote le sobra arrojo, pero le falta la vena poética de su maestro.

LA ESCALA SCHMIDT DE DOLOR

  • Abeja del sudor

    • Dolor ligero y breve. En este primer umbral de dolor, Schmidt incluye el de la abeja del sudor («efímero, casi afrutado, un minúsculo chispazo que chamusca un pelo de tu brazo») o la hormiga de la acacia («una grapadora sobre la mejilla»).

  • Abeja germánica

    • Dolor moderado. En esta escala están la avispa germánica, cuyo dolor describe como «caliente y humeante, casi irreverente, como apagar un cigarro en la lengua», y la abeja común o de la miel, que tiene poco de dulce pues si te clava su aguijón la sensación será «como una cerilla que vuela y te quema la piel».

  • Hormiga matavacas

    • Dolor fuerte y profundo. Ya nos vamos poniendo serios y aquí empiezan algunos pesos pesados del dolor... pero de diminuto tamaño, como la hormiga de terciopelo o la hormiga matavacas, que en realidad es una avispa. Lo de matavacas viene de los animales que han llegado a perder el conocimiento por el dolor. Schmidt lo calificó de «explosivo y duradero» (se puede prolongar 30 minutos) y añadió: «Gritas como si te cayera aceite hirviendo».

  • Avispa guerrera

    • Dolor cegador, intenso y prolongado . En el último nivel aparecen solo tres especies: la hormiga bala (así llamada porque su veneno produce un dolor como el de un disparo), la avispa cazatarántulas y la avispa guerrera (Synoeca septentrionalis). Cuando el entomó-logo cató el dolor de esta última lo comparó con sumergirse en la lava de un volcán. Y escribió una palabra que lo resume todo: «Tortura».

  • Medusa irukandji

    • Fuera de nivel. El récord de picadura dolorosa no la tiene un insecto. Es la de la medusa irukandji, que vive en aguas australianas y cuya toxicidad es hasta cien veces más potente que el veneno de una cobra. Nadie se ha dejado picar adrede por una. Tras entrevistar a 50 bañistas que sufrieron el roce de sus tentáculos, la bióloga marina Lisa-Ann Gershwin describe una sensación similar «a un martillo neumático golpeando los riñones». Y solo es el principio. Luego viene «una oleada de dolor agonizante con calambres y espasmos». Pero el sello que distingue a las víctimas es «una abrumadora sensación» de que la muerte es inminente. «Han llegado a suplicar que los maten porque están seguros de que van a morir y quieren acabar con todo». 

       

      TITULO : EL BLOC DEL CARTERO - LA CARTA DE LA SEMANA - MI CASA ES LA TUYA - viernes  - 28 - Agosto - Arturo Pérez-Reverte - Esos reporteros sensibles,. 

      MI CASA ES LA TUYA - VIERNES -   28 - Agosto  ,.

      MI CASA ES LA TUYA -', presentado por Bertín Osborne,.

      acerca a los espectadores el lado más desconocido de personajes relevantes de diversos ámbitos. Durante aproximadamente una hora, los telespectadores tienen la oportunidad de conocer mejor al invitado y también al propio Bertín Osborne, en Telecinco  a las 22:00, el viernes  -  28 - Agosto ,etc.

        EL BLOC DEL CARTERO - LA CARTA DE LA SEMANA - MI CASA ES LA TUYA - viernes -  28 - Agosto - Arturo Pérez-Reverte - Esos reporteros sensibles ,. 

       Arturo Pérez-Reverte - Esos reporteros sensibles ,. 

       Arturo Pérez Reverte: A bordo del Titanic - XLSemanal - Abc

       Arturo Pérez-Reverte - foto ,. 

       

      Hay oficios que parecían normales, sencillos, hasta que llegaron los tontos a complicarlos. El camarero atiende el bar, el taxista conduce, el soldado dispara, el dentista procura no perforarte el cerebro cuando implanta una muela y el periodista averigua. Para esto último no parece necesaria una revelación divina: basta con preguntar, escuchar y, si un entrevistado intenta largarse por la alcantarilla de la retórica, agarrarlo por el pescuezo y volver a preguntar. Pero eso era antes, me temo. Ahora demasiados periodistas sienten. Y de qué manera, oigan. Algunos sienten tanto que las emociones no les caben en el corazón, y tienen que llevarlas al telediario para compartirlas con el entrevistado y con el espectador.

      El penúltimo episodio de esta tendencia sentimental lo protagonizó hace poco un reportero que, dándole un canutazo en la calle a un político, consideró necesario adelantar que unas anteriores declaraciones del sujeto le habían dolido. A él, personalmente. «Me duelen sus afirmaciones sobre inmigración», le dijo a modo de pregunta. O sea, que el periodista se sentía previa y emocionalmente alterado por la actitud política del fulano al que arrimaba la alcachofa, como si sus sentimientos tuviesen alguna importancia en el asunto. Además, el pavo consideraba importante que los telespectadores lo supieran. Que le dolía, dijo. Y, bueno. En tales lances lo esperable son preguntas incisivas e incómodas, cifras, hechos, algo que obligue al político, antes de escabullirse, a abandonar el argumentario cocinado por sus asesores. Pero eso, claro, exige por parte del interrogador conocer el oficio, dominar las maneras y saber de qué habla. Decir «a mí me ha dolido» es mucho más cómodo, y también perverso; porque una cifra se discute, una mentira se demuestra y una contradicción se clava sobre la mesa como una rata muerta, pero el sentimiento es sagrado. El sentimiento es el chaleco antibalas del periodista contemporáneo, como lo es de todo cristo en las redes sociales. Si algo te duele, no hay lugar a debate: ya no eres entrevistador sino víctima, alma entrañablemente solidaria. Y discutir con una víctima queda feísimo en el telediario.

      Cada vez se recurre más a ese fácil recurso: convertir la pregunta en sermón, el micrófono en púlpito y la entrevista, incluso el simple canutazo rápido, en lección moral. Vivimos una época extraordinaria en la que todo cristo considera necesario contarnos cómo se siente. El actor siente, el cantante siente, el futbolista siente y el político siente por siente, cuarenta y siente. Sólo falta el periodista de la alcachofa para completar la mermelada emocional. Hasta en las guerras y las catástrofes pasa: en las últimas hemos visto a enviados especiales de ambos sexos llorando conmovidos por el dolor ajeno, en plan «en vez de informar del número de muertos, que no sé cuántos son, quiero compartir lo mal que me hace sentir todo esto».

      La misión profesional de un reportero, tal como siempre se entendió el oficio, no consiste en ser empático, comprometido ni sensible, sino en averiguar cosas, comprobarlas y contarlas con fría honradez y eficacia para que lector o espectador saque sus propias conclusiones. Lo que pasa es que las tertulias de la radio y la tele despistan a la peña. Gracias a ellas hay quienes creen, fuera y dentro del oficio, que lo importante no es contar lo que pasa, sino opinar sobre ello: éste es bueno, éste es malo, esto debe indignarte, esto debe emocionarte, ahora llora, ahora aplaude y ahora compra yogur desnatado. Un periodista de información tiene opiniones como tiene hipoteca, equipo de fútbol y probablemente un cuñado insoportable; pero eso es asunto suyo. Para opinar existe lo que precisamente se llama periodismo de opinión, propio de quien con su prestigio y solvencia profesional puede haberse ganado el derecho a ejercerlo. Ahí, el lector sabe dónde entra y nadie le da gato por liebre. Pero cuando un periodista normal, un reportero de infantería, se sitúa ante un político, un empresario, un obrero de la construcción, su trabajo es preguntar, escuchar y repreguntar: si el otro miente, demostrarlo; si huye, perseguirlo con datos; si se contradice, poner la contradicción sobre la mesa. Ése es el arte admirable de un digno oficio. Decir «a mí me duele» lo hace cualquiera.

      Nunca quise dirigir un medio informativo. Pero si lo hubiera hecho o si lo hiciese ahora, cada vez que uno de mis reporteros dicharacheros empezara una pregunta diciendo «yo pienso», «yo creo» o «a mí me duele», lo mandaría a cubrir concursos de ganado y entrevistar a pandilleros urbanos a las tres de la madrugada, para que les contara a ellos cuánto y dónde le dolía. Y si después aún le quedase una opinión atravesada en el gaznate, que hiciera lo que hace todo el mundo: ir al bar, pedir una cerveza y contárselo al paciente camarero.