DESAYUNO
- CENA - MARTES -
MIERCOLES -JUEVES - VIERNES - Emma Varela y Susanna Isern - Manual práctico para creer ,.
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Emma Varela y Susanna Isern ,.
Hay que reconocerlo, todo esto es un poco confuso. En las novelas corales las tramas acaban cruzándose. Incluso la ficción experimental suele ponerse de acuerdo en lo básico. Los narradores pueden discutir sobre las motivaciones, pero normalmente saben si están en Jerusalén o en Galilea. Por eso a uno le entran ganas de preguntar: ¿qué libro están leyendo exactamente?,.
(Desayuno)
En mi lengua materna, el inglés, la pregunta ya es resbaladiza. No hay un número consensuado de Biblias en inglés. Incluso la más venerada de todas, la King James, existe en múltiples versiones, 1611, 1629, 1769… todas ellas corregidas mientras se proclaman a gritos inmutables. En España, en cambio, el asunto parece más sencillo. Lo que diga la Iglesia va a misa, literalmente. Mi propia Biblia es una vieja edición de Penguin traducida del griego original y cargada con la mala costumbre, claramente herética, de explicar cosas. Ahí se aprende, por ejemplo, que a María se la llama «virgen» usando el término griego parthénos, que entonces significaba simplemente una mujer joven y no casada.
(Cena )
Pero ¿para qué dejar que la filología estropee un milagro perfectamente funcional? Ninguno de los evangelios muestra el menor interés por las posteriores obsesiones administrativas con la ginecología celestial que se construirían sobre el término. La teología bajó por esa pendiente lingüística… y luego insistió en que la cuesta siempre había estado ahí.
Esta costumbre de elegir no se limita, ni mucho menos, a la Navidad. Mateo afirma solemnemente que no desaparecerá ni una tilde de la Torá y que quien relaje el más pequeño de los mandamientos será el último en el Reino de los Cielos. Marcos, en cambio, anuncia con toda tranquilidad que Jesús declaró puros todos los alimentos. Puestos a elegir entre ambas opciones, y con un jamón colgado en la pared, la mayoría de los españoles ha optado sensatamente por Marcos. La selección se vuelve directamente acrobática cuando la Escritura se usa contra inmigrantes y pobres. Juan ofrece el contundente y excluyente «nadie va al Padre sino por mí», que a menudo se blande como un muro fronterizo teológico. Mateo, mientras tanto, describe un juicio final basado no en la doctrina correcta, sino en si se dio de comer al hambriento, se acogió al extranjero y se vistió al desnudo.
Un cristianismo que demoniza a los migrantes mientras venera a un refugiado de Oriente Medio; que recorta ayudas mientras idolatra a un predicador sin techo… esto no es solo disonancia cognitiva. Es performance. Es curaduría. El resultado no es fe, sino un álbum de recortes: versículos arrancados de su historia, palabras despojadas de contexto y una religión cuidadosamente adaptada al poder, la riqueza y la indiferencia. Y así, volvemos al enigma inicial. Quizá no sea que esta gente lea mal la Biblia. Quizá es que está leyendo una Biblia hecha a su medida, traducida no del griego ni del hebreo, sino del miedo, del agravio y de la memoria selectiva. Tal vez la confusión sea deliberada. Al fin y al cabo, una Biblia abierta a la interpretación es una Biblia abierta al poder. Y una fe que se puede editar nunca tiene por qué incomodar a los cómodos ni consolar a los incómodos.