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sábado, 11 de octubre de 2014

REVISTA MUJER HOY, EN PORTADA, DE CERCA, Lena Dunham,. / CAFE, COPA Y FUTBOL, LA ENTREVISTA, Juan Manuel de Prada: Internet es la muerte de nuestra vida. Es la muerte de todo,. / VIDA PRIVADA, EN DIRECTO, PROTAGONISTA, BELLEZA VIP, Rosa Oriol: "No quiero dejar de sorprender nunca"

TÍTULO: REVISTA  MUJER HOY, EN PORTADA, DE CERCA, Lena Dunham,.
 

Hablamos con ella de dietas salvajes, sexo y su deseo de ser madre. .... De ahora en adelante, solo puedo ser yo misma”. Palabra de Lena.

-foto--Lena Dunham: "De ahora en adelante solo puedo ser yo misma",.

Lena DunhamCon la serie Girls (donde se desnuda en todos los sentidos) se ha convertido en el icono de una generación. Pero todavía no lo sabíamos todo. Hablamos con ella de dietas salvajes, sexo y su deseo de ser madre.
Lo que hace tan excepcional a Lena Dunham, lo que marca en ella la diferencia, es lo tremendamente normal que es. No es la estrella friki de la pequeña pantalla que muchos caricaturizan, ni arrastra consigo un triste pasado. Aunque creció en un apartamento neoyorquino con unos padres artistas, explica que “aquello no era sinónimo de gente fumando hierba y haciendo el amor todo el día en el salón de casa”. Por el contrario, según ella, su infancia fue “muy conservadora”.  Hoy es una sencilla y rellenita chica de 28 años que vive en Brooklyn (Nueva York) con su perro adoptado, Lamby, y un novio estable. Pero la diferencia entre ella y otras chicas de su edad es que Lena ha creado (dirige, escribe y protagoniza) Girls, una serie –que en España emite Canal Plus– que se caracteriza por su brutal realismo y su cruda naturalidad. Girls ha marcado un hito en la televisión y ha convertido a Dunham en un icono de su generación.
Hay quien se ha burlado de ella por ir a trabajar con el pelo sucio y vistiendo jerséis holgados y pantalones cortos. Además, exhibe su cuerpo desnudo en la serie (lo que irrita a miles de trolls en las redes sociales) y suele subir a Instagram fotos de sí misma devorando trozos de pizza.
El día de esta entrevista, en Nueva York, lucía un nuevo peinado, llevaba sombras negras en los ojos y vestía de blanco; además, estaba muy preocupada por no mancharse con un batido de frutas del bosque y unos huevos rancheros. “Estaba muy contenta con la ropa que había elegido, pero ahora empiezo a darme cuenta de que no fue una buena idea”.
Quedamos para hablar de la publicación de su primer libro, No soy ese tipo de chica (Espasa), mitad memorias, mitad ensayo incisivo sobre el mundo de hoy, un texto tan divertido, obsceno y desvergonzado como la serie que la ha hecho famosa. En su libro habla de todo y más sin tapujos: cómo fue perder la virginidad (“no tanto como una herida de arma blanca, sino como un dolor de cabeza”); el día que compró “un sinfín de medicamentos legales en el aeropuerto de Hamburgo”; qué dieta de choque siguió, a base de cetona de frambuesa y preparados de té laxante, por la que acabó en urgencias; los chicos que la plantaron y los que ella dejó plantados; su trastorno obsesivo compulsivo y su adolescencia problemática. Y luego está ese “flechazo” con una pálida y esquelética dramaturga británica, Nellie, con quien se agarró una borrachera en Londres y se sintió angustiosamente unida a ella gracias a la escritura (ambas estaban de acuerdo en que es una herramienta perfecta para encontrar un poco de luz en un mundo lleno de mierda). Sus caras llegaron a rozarse, “jadeando como si estuviéramos bajo una tormenta de nieve”, con las manos unidas y mirándose a los ojos. “No pensaba que me fuera a besar, pero tampoco lo descarté”, dice comentando su experiencia más cercana a un encuentro lésbico. Páginas después, cuando cuenta que su hermana Grace sale del armario, Lena confiesa que se sintió fatal por no haberse dado cuenta antes.
Tampoco omite el “completo descontrol disociativo” que dio lugar a una desaforada relación con uno de los empleados de mantenimiento del rodaje. Ni los detalles de una dolorosa endometriosis que puede que la haya dejado estéril, a pesar de que le encantaría tener hijos. 
Una de las descripciones más agónicas del libro (y la que a ella le resultó más difícil) es la que no ahorra detalles sobre una relación sexual no consentida a la que Dunham evita llamar violación. “Invocarlo me trae un sinfín de miedo y dolor”. Según la actriz, estaban en un coche y habían bebido alcohol y consumido drogas cuando, sin darse cuenta, él la llevó hasta su apartamento, donde mantuvieron relaciones sexuales a las que ella no había dado su consentimiento. ¿Cómo logra gestionar una honestidad tan salvaje? “Necesito compartir todas esas experiencias –responde Dunham– o explotaría en soledad; quiero sentir que conecto con la gente”. No es ninguna sorpresa que lleve haciendo terapia desde los siete años, ni que sus lecturas favoritas sean “libros escritos por mujeres en tono confesional”.
Con todo, también ella tiene sus límites. “Intento airear cosas que, aunque sean dolorosas, me permitan seguir andando tranquila por la calle. De hecho, siento que aún hay una parte muy importante de mí misma que sigue dentro”.
Lucha contra los kilos  Tal vez la confesión más sorprendente sea su lucha contra el sobrepeso, pues viene a reflejar que la relación con su cuerpo (que en la serie aparece desnudo y sin aparentes complejos) no es tan fácil como aparenta. Lena se ha enfrentado a una dieta extrema y ha reconocido que es una experiencia muy dura. “Hay algo íntimo y grotesco en ese compartir cada día con los demás lo que has comido; para acabar conduciendo hasta el hospital, llevando en el estómago esa rara combinación de alimentos, té laxante y toda esa mierda adelgazante que me estaba consumiendo”. En la actualidad, dice, ha renunciado a hacer dieta: “Porque, si no dejaba de contar calorías, iba a acabar en una profunda depresión”. 
Probablemente, lo que hace tan atractivos a Lena Dunham y a su libro no es solo su franqueza, sino esa actitud tan desprejuiciada. Odia que se critique a la cantante Miley Cyrus: “¿Por qué no puede vestir como le dé la gana? Tiene un estilo único y original”. Cuando le preguntas si es compatible ver pornografía y ser feminista, contesta: “Puedes hacer lo que te dé la gana y seguir siendo feminista”. Le horrorizan, sin embargo, esas fotos que se han filtrado hace poco de Jennifer Lawrence y otras actrices desnudas. “Decirle a las mujeres que no se saquen fotos desnudas con su móvil es el equivalente en internet al “Es que van provocando con esa minifalda”, es decir, toda una defensa del violador”. Y es que ella considera este tipo de fi ltraciones como verdaderos delitos sexuales: “Exponer el cuerpo de una mujer a la vista de todos sin su consentimiento es lo mismo que rasgarle las vestiduras a alguien en una plaza céntrica”.
Charlamos durante una hora, sobre todo sobre sexo, verdadera obsesión tanto en Girls como en el libro. Aun con todo, y en última instancia, Lena admite que ella, es en realidad, “una criatura profundamente monógama. Hemos vivido bajo la presión de vivir la sexualidad de una manera uniformemente despreocupada. En concreto, a principios de los 2000, había un plus en el hecho de entender las relaciones sexuales de las mujeres como las de los hombres. Pero las mujeres son distintas entre sí: algunas son promiscuas y otras no”.
Dejar de ser precoz 
Lena nunca ha probado con las páginas webs para ligar: “He sido siempre bendecida con relaciones con gente a la que conocía en el mundo real”. Desea tener hijos con su novio desde hace dos años, el cantante y compositor Jack Antonoff , si su endometriosis se lo permite. “El típico problema de siempre: ¿me dejará mi cuerpo seguir adelante con los planes que tengo para mi vida? Es algo que todavía tengo que descubrir”. No tiene intención de casarse, en cualquier caso, hasta que el matrimonio homosexual no haya sido legalizado en todo Estados Unidos, pues dice que lo último que quiere es restregarle su boda por la cara a su hermana Grace. 
Dunham tenía 24 años cuando su película Tiny Furniture [Muebles en miniatura] la dio a conocer, y 26 cuando la serie Girls empezó a emitirse. Ahora, con 28, parece estar despidiéndose de la veintena con este libro. En una escena de la serie, en la que su personaje Hannah celebra una fiesta por su 25º cumpleaños, expresa su pesar porque, a partir de ahora, nada de lo que haga será considerado precoz sino “acorde a su edad”. Pero Dunham, pese a sus ansiedades, no comparte ese temor. “Creo que es estupendo no volver a ser la persona más joven de la sala; me encanta que no sea lo que me define. De ahora en adelante, solo puedo ser yo misma”.  Palabra de Lena  -Sexting. “Decir “No te saques fotos desnuda” es el equivalente en internet al “Es que van provocando con esa minifalda”, esto es, la defensa del violador.” -Su cuerpo. “No hay nada en mi vida, salvo salir como modelo de traje de baño en Sports Illustrated, que mi cuerpo no me haya dejado hacer.” -Abusos. “Los encuentros sexuales pueden ser confusos, pero las mujeres saben cuándo algo está siendo incómodo y no lo que esperaban o querían”.
 

TÍTULO:  CAFE, COPA Y FUTBOL, LA ENTREVISTA, Juan Manuel de Prada: Internet es la muerte de nuestra vida. Es la muerte de todo,.

Libros

Juan Manuel de Prada: «Internet es la muerte de nuestra vida. Es la muerte de todo»

El autor de «Me hallará la muerte» tiene la costumbre de decir lo que piensa y arrostrar las consecuencias, como en esta entrevista de casi dos horas celebrada en ABC

Juan Manuel de Prada: «Internet es la muerte de nuestra vida. Es la muerte de todo»
Juan Manuel de Prada, foto
Juan Manuel de Prada (Baracaldo, 1970, aunque, como siemper se encarga de recalcar, pasó su infancia y adolescencia en Zamora) es un hombre paradójico. Tiene la costumbre de decir lo que piensa, y de escribirlo, y arrostrar las consecuencias: jamás deja indiferente. Como cuando asegura, en una entrevista de casi dos horas celebrada en ABC, contra la opinión dominante: «Internet es la muerte de nuestra vida. Es la muerte de todo».
Alto y grueso, como si en su figura y en su ir por libre quisiera emular a Orson Welles, tiene un rostro agraciado y las manos finas, de un artesano de la literatura que lleva a gala su condición de católico empeñado en dar testimonio contra viento y marea. Dejó pasar cinco años entre «El séptimo velo» y «Me hallará la muerte», la novela que publicó en el último tramo de 2012. Su título se sirve de un verso del Cara al sol, el himno falangista, no en vano narra las peripecias de un hombre que se reinventó en la División Azul. Desde que debutara con su singular «Coños», De Prada siempre ha dado mucho que leer y mucho que hablar con novelas como «Las máscaras del héroe» (premio Ojo Crítico de Radio Nacional de España) o «La tempestad» (premio Planeta), sus columnas en ABC (ha ganado los premios de periodismo Mariano de Cavia, que otorga este periódico) y el César González Ruano, y sus apariciones en radio y televisión. Pero dice estar cansado de tanta exposición pública: «Soy una persona mucho más misántropa y retraída de lo que mucha gente pueda suponer».
¿Por qué escribe novelas?
Pues fíjese, yo creo que es una supervivencia de la niñez. De hecho he estado tres años sin escribir novela y he llegado a pensar que no volvería a escribir novela. Yo creo que la novela tiene algo que ver evidentemente con la imaginación, eso por supuesto, pero también con una supervivencia infantil, una necesidad de crear mundos distintos al tuyo, una insatisfacción con el mundo en el que vives o con la vida que llevas, o con las cosas que te rodean. Creo que tiene que ver con eso. Porque yo sí que pensé que pasado un momento de madurez literaria y personal dejaría de interesarme escribir novelas, y de hecho llegué a creer que así podría ser. Pero el caso es que no. Es difícil, es difícil. Yo creo que en los novelistas hay algo de niño desmedrado, de niño monstruoso. Y creo que hay un descolocamiento en el mundo, una insatisfacción con la vida que tienes, con la vida que te ha tocado en suerte. Algo de eso tiene que ser.
¿Cuando habla de una supervivencia de la niñez se refiere a recuperar aquella emoción de cuando leía las novelas por primera vez, de contarlas y contárselas?
No. Se dice que la novela es un género de madurez, y esto es verdad, porque solamente cuando eres maduro puedes... Del mismo modo que la poesía es un género de intuiciones, de deslumbramientos, de epifanías, la novela es un género de decantaciones, del poso que la vida te va dejando, que requiere una destilación de la propia vida. Pero al mismo tiempo creo que el escritor de novelas mantiene una visión infantil de la vida, en el sentido de que la capacidad para hacer abstracción de nuestras impresiones de la vida es propia de la edad adulta. Cuando somos niños nos limitamos a vivir. Y a experimentar la vida a través de las percepciones, no de elaboraciones abstractas que hacemos. Por eso yo creo que escribir novelas en un tiempo que exige más otro tipo de géneros, más pegados a la realidad, tiene algo de supervivencia infantil.
¿Cada novela forma parte de un plan creador o surgen al albur del deseo, las experiencias, las lecturas, las sorpresas de la vida?
Totalmente. Totalmente. Las obras yo creo que van madurando con uno mismo y se van gestando al hilo de la vida. Nacen como por generación espontánea, pero en realidad son como las hierbas en el campo, que el viento las trae. Siempre hay algo que te trae una historia. Hay que estar abierto a ello, brindándote a ello. Pero siempre acude a ti de forma imprevista, impremeditada. Y luego sí, lo que hay que hacer es esa labor de acompañamiento, de ayudar a esa gestación. Hay muchos abortos en el camino. Antes de escribir esta novela pensé en otras posibles ideas, hasta que llegó un momento en que me di cuenta de que no era la historia que yo quería contar, al menos en ese momento. Y se te acaba imponiendo una historia que es la que te va arrastrando. Es un proceso que a veces dura muchos años. Yo a veces he escrito libros que tenía pensados, o al menos concebidos, diez años antes. Y otras en cambio se te imponen de forma más rápida. Eso depende.
¿Por qué sigue siendo la novela un artefacto artístico necesario e insustituible en un supermercado cultural tan lleno de atracciones?
Yo no tengo tan claro que sea insustituible, eh.
¿Podría entonces ser prescindible?
Yo creo que la novela, tal como ha evolucionado, es decir, la novela de puro entretenimiento tal como se concibe hoy, para un público que ya no busca en las novelas ni una interpretación del mundo, ni una satisfacción de índole estética, sino trepidación y entretenimiento en el sentido, entre comillas, más plebeyo, yo creo que sí, que la novela es perfectamente sustituible, y creo que está siendo sustituida. Yo pienso que el auge de las series televisivas, por ejemplo, discurre en paralelo al ocaso de la novela. Sospecho que la novela está en crisis. Puede que me falten elementos, porque estas cosas solo las puede uno decir cuando tiene una perspectiva larga. Pero las posibilidades de que sea sustituida son muy grandes.
Pero en esta novela sin embargo hay una resistencia, porque aparte de trepidación tiene también entretenimiento, voluntad estética, ideas, un trasfondo histórico, una filosofía detrás. Es una novela que sin renunciar a los instrumentos que hacen a la novela atractiva y que arrastran al lector, es también una novela de ideas.
Yo creo que soy un poco anticuado escribiendo, en el sentido bueno de la palabra (a lo mejor también en el malo). Pero sí, sigo pensando que la novela es un instrumento para elucidar o para descifrar o para interpretar el mundo, y es un instrumento para conocer el alma humana, ¿no? Yo la novela la concibo así, y cada vez más. Y de esa voluntad estética de la que habla en mi juventud era mucho más marcada. Hoy en día mi preocupación no es excesiva. Un amigo que me corrigió la novela en galeradas me señaló muchas repeticiones de palabras que en otra época me hubieran puesto de los nervios y ahora mismo no pasa nada. Más que voluntad estética lo que sí creo es que el escritor es un médium de la palabra: coge palabras que en sí mismo son inertes y les tiene que dar vida, que trasfundir su propia sangre, y para eso el escritor tiene que estar presente en esas palabras, tiene que dejarse su alma distintiva, intransferible, en lo que escribe, de ahí que más que una voluntad estética creo que hay una voluntad de que las palabras que broten de mí sean unas palabras mías, en el sentido de darles un tono, una respiración especial. Pero no es una cosa buscada de forma artificiosa ni fruto de un rebuscamiento o impostación, es algo natural. En cambio lo otro sí es una búsqueda consciente, y un gran reto que yo me planteé. Cuando era joven me di cuenta de que tenía una cierta facilidad verbal, digámoslo así, y admiraba mucho a los escritores con facilidad verbal. Pero me di cuenta de que normalmente este escritor cuando se deja llevar por esa facilidad lo mata, lo estrangula, termina limitándolo. Generalmente nuestras grandes virtudes terminan siendo nuestros grandes defectos. El artista tiene que estar en perpetua lucha con sus virtudes, con sus facilidades, tiene que tratar de convertir sus facilidades en dificultades. Y eso es lo que yo he tratado de hacer. En un determinado momento me di cuenta de que tenía que resistirme a mi facilidad verbal y esforzarme en una mayor capacidad de introspección, de conocimiento profundo del alma humana, de desarrollo de personajes. Tratar de hacer hincapié en aquello que se me daba peor, como los diálogos. Si tú te lees «Las máscaras del héroe» verás que los diálogos son un poco mecánicos, tipo Cela. Introduces un personaje que es un borrachín y luego trazas una raya de diálogo: «A mí me gusta el vino peleón. Y que no falte nunca». Y luego claro, son diálogos sin intención dramática, digámoslo así. He procurado esforzarme en aquello en lo que era más débil.
Pero en esa lucha con la frondosidad del estilo o la facilitad de la palabra (poniéndome ahora en plan crítico), creo que hay un cierto desequilibrio entre la primera parte, donde el peso de la prosa y de la facilidad y el regusto de la prosa es más pesado, que en la segunda.
A muchas personas les ocurre eso. Yo me he dado cuenta de que a muchos lectores una novela mía les impacta mucho al principio porque les resulta un estilo muy personal, pero sobre todo muy presente, que les sofoca al principio. Pero la propia musicalidad, la prosodia de la frase, hace que se acostumbren a él. Pero admito también que las novelas, mientras uno las escribe adquieren velocidad de crucero. Hay un momento en la escritura en que te mueves a oscuras, de tal manera que quizá zigzagueas a oscuras, hasta que encuentras el sitio y ya el avance es más rectilíneo. Puede ser una mezcla de las dos cosas. Me lo dicen muchos lectores, sobre todo jóvenes: que mi forma de escribir resulta muy chocante hoy.
¿Qué distingue «Me hallará la muerte» de las novelas que escriben sus contemporáneos, si es que presta atención a sus contemporáneos?
Mire, yo he pasado por etapas muy diversas. Yo ahora mismo he de confesar que, tranquilamente, hace tres o cuatro años que no leo novela contemporánea. Probablemente desde que he dejado de hacer crítica literaria en el ABC. Pero ha habido otras épocas en las que he leído muchísima.
Pero era crítica de literatura extranjera...
Americana, sí. No, pero... Vamos a ver, yo soy un escritor bastante a la contra de los tiempos. Primero porque tengo una cosmovisión cristiana, lo cual ya te convierte en un escritor a la contra. Pero además es una cosmovisión cristiana, pero desgarrada o tortuosa, no una cosmovisión cristiana luminosa, o buenrollista, que es lo que hoy en día se lleva más. Es una visión jotaemejotera.
¿O unamuniana también, de alguna manera?
Yo con Unamuno me siento muy identificado. Es un escritor al que siempre he leído mucho. Todavía hace poco di una conferencia sobre Dios y Unamuno, y aunque llegamos a conclusiones distintas mi relación con la sobrenatural es muy unamuniana, de una tensión fuerte.
¿Y el sentimiento trágico de la vida también?
Bueno, no, en mi caso no es ese sentimiento trágico en el sentido de que yo sí he encontrado una esperanza. Lo que ocurre es que sí hay una rebelión constante, y una tensión muy fuerte y un deseo de creer para sentirme inmortal. Porque yo creo que esa es la vocación natural de todo ser humano. Si no desde el momento en que dejamos de sentirnos inmortales esta vida se carga de angustia, porque entonces te preguntas por qué tengo necesidad de escribir, por qué tengo la necesidad de conmoverte con la belleza. Si no lo contemplas como una reverberación o como un eco de una belleza suprema que vas a contemplar en la otra vida de repente todo deja de tener sentido, parece como una broma macabra. Pero naturalmente, constantemente, te haces esa pregunta: ¡Joder!, ¿y si es una broma macabra? Entonces en ese sentido sí me identifico con Unamuno.
¿Le dejó mucha huella «San Manuel Bueno, mártir»?
[Tras un fuerte suspiro] Humm, en general toda su obra, mismamente la poesía. La poesía me parece excelente, a pesar de que se la ha considerado una poesía áspera y poco musical. Pero «San Manuel Bueno, mártir», también, y sus ensayos, y sus lecturas del Quijote, y su visión de la política, y su actitud intelectual. Es un escritor muy importante para mí.
Dijo que este libro encierra tres novelas, con tres tramas y tres estilos encadenados: novela picaresca sobre la España de los años cuarenta, la División Azul y la guerra en Rusia y el Madrid de los cincuenta con trazos de novela negra. ¿El mapa de esta novela-río estaba trazado de antemano, de principio a fin?
Pues no, realmente yo la historia que quería contar era la historia de un hombre que después de una larga ausencia trata de convertirse en otra persona, que no dejaba de ser el viejo tema del doble, de tan larga tradición, y a esa idea, que en sí misma no es original, le quise dar una forma que históricamente resultase atractiva, novelesca, y entonces se me presentó este tema de la División Azul, que es un poco el gozne y la coartada narrativa que sirve para contar esta historia. Me surge este tema de la División Azul, me zambullo en él, me resulta muy fascinante tanto desde el punto de vista histórico como desde el novelesco, y me pongo a ello. Empiezo a documentarme y poco a poco la historia se va perfilando. Luego te das cuenta de que cada tramo de la novela requiere un tono distinto. Pero esto es la lógica interna de la propia novela. A mí no me ocurre eso que se dice de que la novela te arrastra y te lleva por caminos que tú no pretendes. Todo lo contrario. Al principio, el paisaje es muy ancho y eso te permite mucha libertad, pero a medida que te vas adentrando en la novela todo se va estrechando, estrechando, estrechando hasta que la novela te mete por un túnel, porque es la propia lógica la que te impone un tono u otro. Yo a medida que iba escribiendo me iba dando cuenta de que al final se iba a convertir en una novela negra. Pero es que no admitía otra posibilidad. Yo creo que eso es un proceso natural.
¿Y le pasa a veces como a Unamuno, que se le rebelan los personajes y reclaman un vida propia al margen del autor?
Bueno, yo creo que esta es una forma coqueta de expresar lo que he dicho antes, que la propia novela te impone sus leyes, independientemente de las que tú pretendas imponerle. A mí me ha ocurrido, sí, es verdad, que a veces he concebido novelas que quería llevar por un sitio mientras las estás escribiendo, y llega un momento en que no es que se te rebelen los personajes sino que es la propia novela la que te dice que eso que habías ideado a priori, la novela en marcha hace que se revele como absolutamente necio o insensato. Tienes que tomar otro camino. No es rebelión, es algo lógico.
¿Es decir, la lógica interna de la novela impedía que al final Antonio se fuera de rositas?
Efectivamente. La propia lógica de la novela está marcando que el mal siempre nos falta factura, que nos va infectando. Porque Antonio no es malo, o no especialmente malo. Es un superviviente, pero va tomando decisiones vitales que lo van encanallando. Hasta que llega un momento en que verdaderamente el mal lo ha vaciado. A medida que mejora su simulacro se va vaciando, y al vaciarse ya no tiene capacidad de oposición a ese mal que se le ha metido dentro.
¿Quiere el autor ser un contemporáneo o a su estilo, que parece venir del siglo XIX, le tiene sin cuidado el aprecio de los lectores?
Es que creo que quienes hablan del aprecio de los lectores es todo mentira. Es una fantochada para halagar al lector. Yo creo que un escritor, cuando se mete en su habitación y se pone ante el papel en blanco (en mi caso no lo digo además de forma figurada, porque escribo a mano), no piensa en nadie, no piensa en ningún lector. Lo que haces es contar tu mundo, tus obsesiones, tus traumas, tus anhelos. Lo que buscas es volcarte, vaciarte sobre la página, poner todo lo mejor de ti. No piensas en el lector. Y además yo creo que el escritor, salvo que se prostituya, es fatalmente leal. Hay una lealtad que no puedes infringir [y mientras lo dice, como en un acto reflejo e inconsciente, se dedica a limpiar con los dedos de forma sistemática unas miguillas que han quedado en el mantel donde ha comido], que es, y esto lo percibo tanto en mi obra literaria de ficción como en mi obra periodística. Hay cuestiones que no puedes soslayar: tienes obsesiones personales, preocupaciones, que te da igual que a la gente le interesen o no le interesen. Porque son tuyas. Escribir es eso, al final. Por otro lado, yo no sé si siglo XIX o siglo XIII o II o siglo XXIII, pero al final es verdad que uno, por ese deber de lealtad que tiene con sus obsesiones y con su forma de entender la literatura, hasta eso deja de importarte, si es eres más o menos legible. Al menos así me ocurre a mí. Aunque sí que conozco escritores que piensan mucho en si tal tema resulta mucho más atractivo o tal forma de presentarlo. Pero es que además es que siempre yerras. Esto se percibe mucho en la cantidad de libros epigonales que surgen siempre tras los grandes éxitos. «El código Da Vinci», por ejemplo tiene mucho éxito, y de repente ¡ruaggghhg!: 2.000 novelas que tratan de imitar «El código Da Vinci». Larsson. ¿Tiene éxito? ¡Ruaggghhg!: 2.000 novelas que tratan de imitar a Larsson. Ahora nos esperan unos años terroríficos con estas cosas de «Las sombras de Grey». Es triste, pero no conduce a nada.
La cuestión de la identidad y sus máscaras parece ser una constante en su biografía literaria. ¿Cuántos milímetros hay entre la máscara y el verdadero rostro de Juan Manuel de Prada?
Bueno, es que llega un momento en que pasa como con estas películas de ahora, de superhéroes, en que la máscara se te integra en la propia carne y se forma una especie de aleación extraña. Vamos a ver, todos para protegernos nos ponemos máscaras. Con más razón una persona que tiene una proyección pública. Pero he de confesar que a medida que me voy haciendo viejo voy teniendo menos pose.
¿O sea, ha tenido pose?
Sí, hombre. Inevitablemente tienes pose.
Es que algunos acusan a Juan Manuel de Prada de haber creado un personaje. Hasta el punto de que parece como si el personaje hubiera devorado al propio Juan Manuel. No sé si ha sido consciente de eso, del mismo modo que en la novela es como si el personaje hubiera devorado a la criatura.
Sí. No, no, no diría yo eso.
Dicho sea con afecto...
Tampoco sé cuál sería el personaje. En realidad, fíjese que yo me he retirado muchísimo del plano público desde que empezaron a reclamarme de tertulias. Yo me retiré precisamente porque soy una persona mucho más misántropa y retraída de lo que mucha gente pueda suponer. No, no, yo creo que hay una máscara necesaria de protección, pero nada más. Tampoco entiendo muy bien a qué se refiere con mi personaje.
Siguiendo con la terminología cristiana: usted es el que es, o es el que intenta ser. Pero quizá porque hay cierta prevención o costumbre española de etiquetar a la gente, de clavarle una etiqueta a la espalda y obligarla a cargar con esa especie de imagen, y no se permiten disensiones de esa imagen cristalizada, creo que rompe los esquemas en el reparto de etiquetas contemporáneo y a algunos parece que le reprochen que haga ostentación de sus sentimientos religiosos, que es algo que además le distingue.

 TÍTULO:  VIDA PRIVADA, EN DIRECTO,  PROTAGONISTA, BELLEZA VIP, Rosa Oriol: "No quiero dejar de sorprender nunca"


  1. Rosa Oriol, con su hija, Rosa Tous Oriol, directora de Relaciones institucionales de la marca. foto,.

    Ella encarna el alma creativa de Tous. Una firma que no deja de crecer, ahora con un nuevo perfume: Love, una apuesta por la emoción.
    Relevo generacionalHabla de retirarse y, al instante, se retracta. No le faltan ganas ni ideas. Y lo tiene claro: “Aquí todo lo hacemos con sentimiento, calidad y rigor”. Su última apuesta es Tous Love, una nueva fragancia que, con una colección de joyas y gafas del mismo nombre, representa una declaración de amor. Un perfume de la familia cítricafl oral y afrutada, creado por la perfumista Sophie Labbé.
    Mujerhoy. ¿Qué ha inspirado este nuevo perfume? 
    Rosa Oriol. El amor en toda su dimensión, no solamente el de pareja, también el que une a las buenas amigas o a la familia. Queríamos darle ese matiz universal. Pretendíamos crear un diseño actual y moderno y, al mismo tiempo, mantener el misterio de su contenido. Dentro te encuentras con algo mágico: es un aroma fresco, femenino, chispeante y lleno de energía.
    MH. ¿Cómo ha sido el proceso de creación? 
    RO. Muy emocionante, porque este perfume es diferente y divertido. He estado muy involucrada, siempre me gusta estar encima de cada proyecto, dando pautas y marcando el camino. Además, con Tous Love, estrenamos la colección Tous Moments, que no solo son perfumes, también hay joyas y gafas, aunque la fragancia sea el hilo conductor.
    MH. Como alma mater de la casa, ¿cuáles son las directrices que trata de inculcar a su equipo? 
    RO. El alma de la empresa solo se puede transmitir experimentándola. Mi hija pequeña, Marta, que ahora es directora de diseño, me preguntaba: “Mamá, ¿cómo puedes saber qué es Tous y qué no lo es?”. Simplemente lo sé, es una especie de intuición que se inculca trabajando juntas durante años. Ahora ella también lo sabe: que hay que seguir las tendencias y las modas, pero sin perder nuestra esencia.
    MH. ¿Realmente le ha cedido el relevo? 
    RO. Mi hija tiene mucho carácter, sabe muy bien lo que quiere y ha trabajado durante años a mi lado, contagiándose del negocio y de la pasión creativa. Así que hace un año decidimos separar nuestras competencias: yo me dedico a las piezas especiales y ella se ocupa de las 30 colecciones que sacamos cada año.
    MH. ¿Qué son las piezas especiales? 
    RO. Un día vi nuestros cajones llenos de gemas maravillosas y dije: “¡Esta es la mía!”. Siento pasión por las piedras, así que ahora las extiendo encima de la mesa y empiezo a buscar formas y a jugar con sus colores, casi como esperando que me digan qué hacer con ellas. Así nace cada una de las piezas especiales: están hechas a mano, cada una es diferente, porque no hay dos piedras iguales. Aunque las gemas pueden tener mucho valor, la simpleza del montaje hace que te la puedas poner con tejanos. Y eso es crucial para las mujeres, porque les gusta tener joyas que puedan usar.
    MH. Desde luego acertó, y de qué manera, con su “icono”. ¿Cuántas vidas tiene un osito? 
    RO. ¡Muchas! El oso renace cada año, aunque hagamos colecciones nuevas, siempre transmite dulzura y ternura, y nos devuelve a la infancia. Tiene ya casi 30 años y gracias a él estamos aquí. Es una garantía de éxito porque se ha convertido en una especie de amuleto para mucha gente.
    MH. ¿A qué le teme más a repetirse o a quedarse estancada? 
    RO. Detrás de cualquier proceso creativo hay momentos de dudas… Pero en este negocio hay que tener un grado de locura. Sin ese ingrediente no habríamos logrado nada, aunque también nos hemos equivocado.
    MH. Su imagen se ha convertido en seña de identidad. 
    RO. Con los años te vas dando cuenta de cuál es tu estilo, ese con el que te sientes cómoda a identificada: el pelo, que llevo así por pura comodidad; o las gafas, aunque ahora ya no las llevo porque me operé de la vista, pero me ha costado acostumbrarme, las echaba en falta.
    MH. Todo en la vida tiene su momento, dice la presentación de Love. ¿Cuál es el suyo? ¿En qué momento se encuentra? 
    RO. En ese en el que te paras a pensar, a disfrutar de la perspectiva, a tomar conciencia de todo lo que has hecho. Aunque tengas más cerca el retiro, compensa ver todo lo que hemos conseguido en tantos años de trabajo, esfuerzo y dedicación. Tenemos 450 tiendas en 40 países. Me siento feliz y satisfecha.
    MH. ¿Retirarse? ¿He oído bien? 
    RO. Bueno, lo digo para que mi familia esté contenta... Pero sí somos muy conscientes de la necesidad de una transición porque así tiene que ser, hay que ir apartándose y dejando libre el camino a la nueva generación. No digo que no me cueste, pero me siento muy orgullosa de mis hijas.
    MH. ¿Quién era la Rosa de hace 50 años cuando emprendió su carrera en la joyería y quién es hoy? 
    RO. Tal vez ahora soy más serena y hago las cosas con más calma. Yo he ido creciendo con la empresa, he cumplido años en ella, pero no me importa la edad, siempre he sido inquieta y he tenido metas. Hace cuatro años me ocurrió una cosa curiosa. En un viaje a Machu Pichu me tuvieron que poner oxígeno y pensé: “¿Y si me muero ahora? Morirse aquí sería una maravilla”. No es que quisiera, pero pensaba que si sucedía, no pasaría nada, era un momento feliz, me sentía plena y colmada, con esa sensación de que las niñas y los nietos son mayores, y de que hemos dejado las cosas bien hechas. Pero ahora de nuevo estoy tan atareada y tengo tantos planes que no me viene bien morirme. He cambiado de casa, quiero hacer un viaje en familia... tengo mucha energía y me siento muy comprometida con cada proyecto que emprendo.

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