BLOC CULTURAL,

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domingo, 25 de enero de 2026

El larguero La Ser - El Transistor Onda Cero - Champions Futbol - El Chelsea lo aprieta todo ,. / La Paisana - Velaí - barrio - El ensayo de la Borriquita recoge 200 kilos de comida ,. / Maneras de educar - Los desayunos de TVE - Sabado - 31 - Enero - El reino de la obscenidad ,.

 

TITULO: El larguero La Ser - El Transistor Onda Cero  - Champions Futbol - El Chelsea lo aprieta todo ,.


 

El larguero La Ser,.

 

El larguero es un programa deportivo radiofónico español, dedicado en su mayoría al fútbol, que se emite en la Cadena SER todos los días, a partir de las 23:30 horas. Su director y presentador principal es Manu Carreño.1​ El programa es presentado los viernes y sábados por Yago de Vega, y excepcionalmente lo presenta Francisco José Delgado o Álvaro Benito en ausencia de ambos., etc.

 

El Transistor Onda Cero ,.

El Transistor es el programa deportivo creado y dirigido por José Ramón de la Morena. Inició su primera emisión el 4 de septiembre de 2016.
Su horario es de lunes a domingo a partir de las 23.30 horas.
José Ramón de la Morena inicia esta andadura deportiva en Onda Cero con colaboradores de su anterior etapa en el Larguero de la Ser: Carlos Bustillo, David Alonso, Eduardo Pidal, Ana María Rodríguez, Aitor Gómez , Ángel Rubiano, Jorge Valdano, el ciclista Perico Delgado, el ex subdirector de As Juanma Trueba, Sebastián Álvaro Lomba , el alpinista que creó y dirigió en TVE Al filo de lo imposible, los doctores José González y Antonio Escribano ., etc,.

 

  Champions Futbol - El Chelsea lo aprieta todo ,.

 

 Chelsea 1-0 Pafos: Resumen, resultado y goles del partido | Premier League  en directo - AS.com

Resultado Final - Chelsea  -1- Pafos -0-, foto,.

 Sufrida y peleada, pero es una victoria. El solitario gol de Caicedo derribó el muro del Pafos y eleva al conjunto londinense hasta la zona de clasificación directa.

TITULO:   La Paisana -   Velaí - El barrio - El ensayo de la Borriquita recoge 200 kilos de comida   ,.

 

La Paisana - Velaí -  El barrio -     El ensayo de la Borriquita recoge 200 kilos de comida  ,. 

 

Viernes - 30 - Enero  a las 22:05 horas en La 1 / foto,. 

 

 

El ensayo de la Borriquita recoge 200 kilos de comida,.

Más de 200 kilos de alimentos recogió la Hermandad de la Borriquita de  Fuente del Maestre – La Gaceta Independiente

La Navidad está cargada de actos solidarios, y entre ellos, hace unos días, la Hermandad de la Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén de Fuente del Maestre realizó una recogida de alimentos a través de su primer ensayo solidario. Los costaleros de la Borriquita portaron las parihuelas de su paso por diferentes establecimientos comerciales de la localidad, donde fueron parando y recogiendo todos los alimentos donados por la ciudadanía y por los propios establecimientos.

Esta actividad solidaria fue muy bien recibida por los vecinos y comerciantes, ya que se recogieron más de 200 kilos de alimentos, los cuales han sido donados a Cáritas Parroquial. Desde la Hermandad «agradecen de corazón a todas las personas que colaboraron para ayudar a los más necesitados durante la Navidad, así como a los establecimientos que realizaron sus donaciones». 

 

TITULO: Maneras de educar - Los desayunos de TVE - Sabado   - 31 - Enero - El reino de la obscenidad  ,. 


Maneras de educar - SABADO -  31 - Enero ,.




 Programa que descubre los proyectos educativos más innovadores del país de la mano del profesor James Van der Lust. El espacio recorre diferentes colegios . El sabado  - 31 - Enero ,.

 

 Los desayunos de TVE ,.


Los desayunos de Televisión Española es un programa de televisión que se emite en La 1 de Televisión Española desde el 8 de enero de 1994, de lunes a viernes, en horario matinal.
Desde el 3 de septiembre de 2018, el programa de divide en dos partes. Primero, a las 08:25 horas, Los desayunos de TVE, siguiendo el formato clásico con noventa y cinco minutos de duración. Más tarde, alrededor de las 11:55, comienza Más desayunos, un debate político que cuenta con el mismo presentador y dura alrededor de noventa minutos., etc,.

 

 El reino de la obscenidad ,. 

 

 

Una conversación sobre nuestros pesos, nuestras lealtades, nuestras levedades y nuestras pobrezas,.


<p><em>Los pobres agradecidos</em> (1894) de Henry Ossawa Tanner.</p>

foto - Los pobres agradecidos (1894) de Henry Ossawa Tanner.

En alguna parte de nuestra correspondencia (creo que al hablar de Miguel Hernández y Ramón Sijé), te referías a una experiencia de las cosas no extensa sino intensa. Quisiera retomar eso. Pocas cosas, pero que dan un peso a la vida, al hecho de vivir. La sociedad de consumo arrasa con esa experiencia y nos llena de objetos sin historia, de banalidades solo consumibles y desechables. Una demasía de objetos que impone un tipo de deseo –o, más bien, un exceso que a la vez estimula y frustra la infinitud del deseo–. La pobreza no es solo tener poco sino una cierta manera de tener. Una relación con pocas cosas que, en su durabilidad y en su acompañar la vida, puede ser una experiencia de abundancia. Una “sociedad de la abundancia” no es contraria de una pobreza en este sentido (una manera elegida de no tener demasiado y de cuidar y hasta amar lo que se tiene) antinómica de la depredación de lo que existe para producir objetos de consumo que serán rápidamente desechados sin dejar huella. La producción a gran escala para la destrucción vertiginosa nada tiene que ver con la abundancia. Prescinde no solo de la filosofía sino también de la política. De la “urgencia del vivir”, tanto como de la pregunta por la vida buena a la manera griega o del buen vivir de las comunidades originarias en América Latina.

La pregunta por lo que sea una sociedad de la abundancia, en el sentido que estoy tratando de darle, me parece que no es independiente de la pregunta por la vida buena (que deberá comenzar por plantearse una manera no apetitiva y no extractivista de estar en el mundo). La producción exponencial de riqueza (de mercancías más bien) para el puro consumo generalizado o para la acumulación autónoma de los favorecidos en este orden ya casi sin exterior, no redunda en levedad sino en violencia hacia sí, hacia los demás y hacia las cosas. Produce, además, miseria en proporción directa (“la Argentina es rica, los argentinos son pobres”, suele repetirse con asombro como si hubiera alguna contradicción en eso). La dificultad para mí es cómo indagar esto sin moralismo y sin desatender las enseñanzas de los grandes maestros del realismo político. Una de ellas es, precisamente, tomar nota de la “mala infinitud” del deseo.

¿Cómo podría una política afrontar esa realidad de manera útil para los seres humanos que realmente existen y no para seres humanos que no existen en ninguna parte? ¿No fue acaso este el escollo mayor de la desgraciada experiencia comunista en el siglo anterior? ¿No fue lo que llevó a imponer la idea de “hombre nuevo” a costa de la destrucción de millones de seres humanos concretos por considerar que permanecían en el “hombre viejo” (es decir motivados por el apetito, el egoísmo, el deseo de privilegio y de exclusividad… y no por la generosidad y la fraternidad)? ¿Será posible la construcción, quizá lenta pero no violenta, de una cultura política capaz de moderar mayoritariamente la desesperación por tener cada vez más –y sobre todo tener más que otros– a costa de lo que sea y de quien sea?

El problema no es la pobreza sino la riqueza, que requiere la miseria de la mayor parte de la humanidad como condición de crecimiento

En su primer discurso, León XIV habló de los pobres como “un tesoro de la humanidad” (más exactamente: “tesoro de la Iglesia y de la humanidad, portadores de puntos de vista descartados, pero indispensables para ver el mundo con los ojos de Dios”). Una frase en apariencia autocontradictoria, seguramente una evocación de la doctrina social de la iglesia, que me dejó pensando y me perturbó al mismo tiempo. Lo que se considera en ella como un tesoro no es la pobreza sino los pobres. Pero no (supongo) el sufrimiento de millones de personas que deben lidiar a diario con el reino de la necesidad para mantenerse un poco más en la vida. Y lo que es quizá peor, sin una esperanza política en marcha que habilite una expectativa de salir del infortunio, más bien en expansión. ¿Un tesoro de la humanidad? ¿O para la humanidad? ¿Qué significa esto? ¿Una humanidad sin pobres sería una humanidad carente de tesoro? ¿Hay algo por desaparecer, esencial a la humanidad, que se resguarda en los pobres? ¿Hay en los pobres cierta resistencia objetiva a una destrucción oscura, a pesar de que ellos –como casi cualquier ser humano– querrían no serlo?

El problema no es la pobreza sino la riqueza. La obscenidad de la riqueza, que requiere la miseria de la mayor parte de la humanidad como condición de crecimiento. Si en vez de decir –únicamente– que los pobres son un tesoro, León XIV hubiera dicho además que los ricos son un veneno para la humanidad, algo se hubiera sacudido con mayor intensidad ¿no? Pero seguramente eso no puede decirse desde ciertas investiduras, no así.

Más arriba escribí que casi ningún ser humano quiere ser pobre. El adverbio se debe a que han existido y existen hombres y mujeres para quienes la pobreza es una elección, tanto dentro del cristianismo como fuera de él. Y si bien la opción por la pobreza nunca ha prosperado más allá de la existencia de unos pocos que buscaron vivir en una comunidad donde nada es propio y “todas las cosas son comunes” (según define a la amistad una antiquísima tradición griega, probablemente de origen pitagórico), sin embargo, la experiencia de esos pocos acompaña la marcha de la humanidad como una especie de sombra. Una sombra continua que es también política a su manera, en su persistencia no obstante su no realización y su rareza. Tanto es el saqueo efectivo de las vidas, que, en mi opinión, debemos hablar de ese maravilloso deseo de pobreza como en sordina, con reconocimiento de su dificultad en un mundo donde la desgracia material se extiende cada vez más por obra de la codicia de quienes se creen dueños del mundo. Hablar en sordina, pero no dejar de hacerlo.

2 de junio

Un tanto desafortunada la frase del nuevo Papa, sí. Aunque me han dado ganas de revisar los distintos significados de “pobreza” en el catolicismo, con sus distintas connotaciones. La “opción preferencial por los pobres” de la Teología de la Liberación, por ejemplo, pero también la pobreza como constitutiva de la vida evangélica y de la vida consagrada, eso de “vende todo lo que tienes, dalo a los pobres, y sígueme”, ese desposarse con la pobreza de mi querido San Francisco. Aunque, desde luego, como sugieres, habría que ser muy cuidadoso para no pensar la pobreza involuntaria desde la pobreza voluntaria.

Cuando era profesor hice, durante muchos años, un monográfico sobre la pobreza con materiales tomados de la literatura, la fotografía y el cine. Uno de los capítulos, claro, fue la Norteamérica de los años veinte y treinta. Básicamente Las uvas de la ira y Los vagabundos de la cosecha, de Steinbeck (con la peli de John Ford, las canciones de Woody Guthrie y las fotos de Dorothea Lange); Elogiemos ahora a los hombres famosos (con el texto de James Agee y las fotos de Walter Evans, y el complemento de sus Algodoneros); la extraordinaria Una casa de tierra, del mismo Guthrie; toda la gran producción literaria y periodística alrededor de las tremendas sequías y las tormentas de arena que hicieron más devastadores los efectos de la Gran Depresión. Unos textos, unas pelis, unas canciones y unas fotos que, desde luego, dignificaban y, hasta cierto punto, monumentalizaban la pobreza.

Recuerdo que casi al final del curso hice alguna mención a Los pobres, de Vollman, en el que hay algunas consideraciones sobre la pobreza puesta a distancia o, en tus propios términos, sobre la pobreza electiva o, también, sobre el recuerdo de la pobreza cuando uno ya no es pobre. Lo que dice Vollman es que sólo se puede escribir (o pensar) la pobreza desde fuera de la pobreza. Y sugiere incluso que él mismo sólo ha podido escribir el libro porque es rico, y que nosotros sólo podemos leerlo porque también somos ricos. Una de las citas es la siguiente:

“Ha habido obras maestras de autores que renunciaron a las cosas mundanas (monjes cristianos, ermitaños-sabios budistas) o individuos caídos en una pobreza relativa, como Ovidio en su exilio. Las uvas de la ira, que es uno de los mejores libros sobre gente pobre que he leído, y que sin duda debe algo a los orígenes humildes de Steinbeck, convence gracias a una combinación de la empatía y el enorme corazón del autor, su educación y, no en menor medida, el tiempo libre para escribir y pensar que pudo comprar”.

Por otra parte, tu pregunta de si “hay algo por desaparecer, esencial a la humanidad, que se resguarda en los pobres”, me hizo pensar en lo que dice el Ciego Pulido, al final de Misericordia, de Galdós: que está apareciendo un nuevo tipo de realidad, la de las víctimas, que les está robando el sitio a “los pobres de tanda”: “lo que le digo: quieren que no haiga pobres, y se saldrán con la suya”. Y me dieron ganas de darle un par de vueltas a lo que está desapareciendo con el borrado de los pobres; y a lo que está apareciendo (y que a mí me provoca ciertas prevenciones) con esa nueva categoría que casi se ha hecho, como adivinaba el ciego, con la totalidad del escenario: “Yo que Dios mandaría a los ángeles que reventaran a todos esos que en los papeles andan siempre inventando vítimas”. Por no hablar de los “perdedores” del neoliberalismo, a los que se hace responsables de su pobreza.

Más interesante me parece tu sugerencia de pensar la pobreza como una sabiduría de los límites. ¿No terminábamos así nuestra última entrega para CTXT? Los límites, precisamente eso que el capitalismo ha destruido con su doble operación de deshacer los vínculos y liberar el deseo. ¿No se está condenando todos los días, por autoritaria y represora, una educación que enseñaba a vivir en las ataduras y a limitar los apetitos? Me gustaría hablar de la pobreza, precisamente, como un contrapeso a la libertad.

El libro de Economía de bachillerato de una de mis sobrinas empieza así: “Los seres humanos tienen deseos infinitos. Los recursos, sin embargo, son finitos. El arte de armonizar los deseos infinitos con los recursos finitos, poniéndoles precio, es la economía”. Sí, sí, has leído bien, no me lo invento. Y lo peor es que alguien pensó esa frase y la escribió en un libro de texto; que muchos profesores la comentaron en una sala de clase; que muchísimos padres la leyeron o la escucharon en casa… y a nadie le dio vergüenza, nadie levantó la mano, aunque fuera para decir, tímidamente, que a lo mejor somos otra cosa y podemos relacionarnos de otro modo con lo que hay y con lo que hacemos. Una primera frase que empieza enunciando toda una antropología para los tiempos que corren, nada más y nada menos que una definición del hombre que consagra al homo economicus como el modo de subjetividad dominante. Y que termina definiendo los objetos posibles de deseo como todo aquello que tiene precio (no valor sino precio) o, dicho de otro modo, como todo lo que se puede comprar. Eran más inofensivas las clases de Religión y de Formación del Espíritu Nacional que yo tenía de pequeño en la escuela nacional-católica a la que fui, en pleno franquismo.

Uno de los carteles que hay en la puerta del polideportivo al que voy de vez en cuando dice: “Rompe tus límites”. Cuando me pongo alguna conferencia para escuchar en Youtube suelen aparecer tipos que les dicen a los jóvenes que trabajar es de idiotas, que hay maneras mejores y más rápidas de hacerse rico, burlándose de paso de los padres de esos mismos jóvenes que, seguramente, tenían a gala el ser o el haber sido “trabajadores honrados”. El otro día una amiga me dijo que se levantaba todas las mañanas diciéndose a sí misma: “No hay sueños imposibles”. Seguro que se te ocurren millares de ejemplos de llamamientos a la hybris, al exceso, que condenan a la obsolescencia y a la irrisión ese “Todo no se puede” que aprendíamos de niños, junto con los imperativos de “pedir por favor” y “dar las gracias”.

Además, ¿no te parece que tanto los límites como los vínculos son condición del amor? ¿No será el capitalismo una gigantesca guerra contra el amor y contra la realidad que es su correlato? Y lo más perverso, ¿no se estará librando esa guerra en nombre de la libertad?

Estos días, en mi casa, hemos estado haciendo el duelo por el papa Francisco y por Pepe Mujica, esos dos conservadores muertos con pocos días de diferencia. Releyendo la encíclica ecologista y franciscana del Papa, y escuchando algunas entrevistas con el expresidente. Y nos pareció que en ambos viejitos transpiraba una concepción de la pobreza que no está hecha desde la escasez o desde la penuria sino, como bien decías, desde la vida buena. ¿No tendremos que empezar a pensar algunas cosas no desde lo que falta sino desde lo que sobra? ¿No desde lo que hay que cambiar, sino desde lo que habría que conservar? El automatismo del pensamiento contemporáneo es ¿qué falta? ¿qué tenemos que cambiar? Pero desde ahí se dispara una lógica que siempre es inflacionaria, como la de los bancos. Siempre más y más. Y siempre lo nuevo y lo más nuevo. ¿No habría que pensar en lo que sobra y en lo que ya está bien como está como una especie de purificación, simplificación o limpieza?

Me parece que el hombre que hay no da para mucho

Además, por llevar el asunto a los que han sido mis temas, me parece que hay que darle vueltas también a la relación entre pobreza y escuela, pensar en serio la necesidad de una escuela pobre, de una pedagogía pobre, aunque solo sea para poner límites a esos niños maleducados, caprichosos, malcriados, insaciables y tiranos que estamos produciendo masivamente. La atención es finita, la imaginación es finita, el estudio (como amor y cuidado del mundo) requiere tiempo y, por qué no decirlo, esfuerzo. El enemigo de la escuela también es la mala infinitud, la libertad mal entendida, la falta de límite, la idea de que todo está ahí, a nuestro alcance, disponible para nosotros.

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