TITULO: DESAYUNO CENA FIN SABADO - La matemática del espejo - La neuropediatra María José ,.
DESAYUNO CENA FIN SABADO - La matemática del espejo - La neuropediatra María José , fotos,.
La neuropediatra María José,.
«Hay que hablar mucho al bebé. El lenguaje es nuclear en la conducta y la cognición»,.
La neuropediatra María José Más acaba de publicar 'Neuronas en crecimiento', donde explica cómo favorecer el neurodesarrollo de los niños,.
( Desayuno )
Hasta la consulta de la neuropediatra María José Más llegan todas las semanas padres perdidos, desinformados y con la inmensa incertidumbre que supone la aparición de un trastorno del neurodesarrollo en la infancia. Quizás cuando es demasiado tarde para evitarlos y, a veces, mejorar un diagnóstico que puede marcar de por vida. Por eso en su última obra, 'Neuronas en crecimiento', esta especialista ha preferido centrarse en todo lo que sí se puede hacer para contribuir a un mejor desarrollo del cerebro infantil desde antes de la concepción hasta los seis años.
( Cena )
Algunas familias, relata, «llegan hasta mi sintiendo muchísima presión. Percibo que viven cada revisión como un examen». Frente a eso, insiste en que su intención no es juzgar a nadie. El objetivo del libro, recalca, «es ayudar a comprender mejor cómo piensa un niño y qué necesita en cada etapa. Saber cómo funciona también puede alertar a los progenitores de los posibles fallos».
En ese sentido, cree que uno de los mayores problemas es lo que ella llama «el malentendido adulto». «A los mayores se nos ha olvidado cómo son los niños», afirma. Por eso considera fundamental intentar ponerse en su lugar y no juzgar únicamente las conductas desde una mirada adulta.
Lo importante es que los futuros padres o aquellos que se acaban de estrenar «sepan que una de las grandes ventajas del cerebro humano es su enorme plasticidad», tranquiliza. El cerebro, asegura, «cambia con los aprendizajes y las experiencias que recibe. Cambia su respuesta y eso sucede toda la vida», explica. Esa capacidad, añade, es la que convierte al ser humano en un ser «tan versátil» y «adaptable al entorno». La autora insiste en que los primeros años son fundamentales porque en ellos se construyen las bases del funcionamiento cerebral. «Lo físico, lo cognitivo y la interacción con el entorno siempre van unidos y no hay que dar nada por sentado», afirma. Y en ese proceso, el papel de los padres resulta decisivo. «Son los máximos proveedores de seguridad y cariño. Primero es una tarea muy física, muy íntima, muy de abrazo», señala. Después, poco a poco, los padres van soltando: «Primero el niño va en brazos, luego de la mano y después es la mirada del adulto el que lo guía».
«Muchos padres fuerzan aprendizajes, pero no se puede estimular lo que todavía no se puede hacer»
María José Más
En estos primeros años, Más advierte que es esencial que el niño crezca en un entorno estable y predecible, porque «el caos dificulta el aprendizaje», advierte. Por eso defiende la importancia de las rutinas, las respuestas afectivas y la interacción cotidiana. «El niño necesita órdenes claras, primero físicas: mediante una caricia, una sonrisa, una respuesta inmediata».
En este crecimiento, hay algo que a esta neuropediatra le llama poderosamente la atención: la obsesión actual por la precocidad infantil. «La precocidad no es un objetivo». Creo que muchos adultos fuerzan aprendizajes antes de tiempo sin entender que cada niño tiene su propio ritmo. De hecho, no se puede estimular lo que todavía no se puede hacer», señala. Y pone un ejemplo muy gráfico: «A nadie se le ocurre pedirle a un bebé de seis meses que haga una frase completa. Y si la hace, deberíamos asustarnos».
Es más, para esta autora, el desarrollo infantil tampoco puede reducirse a tablas rígidas ni a edades exactas. «Es verdad que hay un patrón global, pero no todos los niños hacen las cosas al mismo tiempo. Por eso lo importante -insiste-, es observar al niño y acompañar su momento evolutivo: Hay que escuchar al niño, ver por dónde va y facilitarle ese interés».
El lenguaje, nuclear en el desarrollo,.
Entre los hitos recogidos en esta obra destaca el lenguaje, al que dedica una parte importante de sus páginas porque, según explica, es «nuclear en la conducta y en la cognición». «Tú transformas tus ideas en lenguaje. De hecho a las personas que no lo tienen, les resulta mucho más difícil ser flexibles a la comprensión y la respuesta», resume. «Mientras que el desarrollo motor sigue caminos cerebrales más definidos, el lenguaje implica redes complejas que conectan prácticamente todo el cerebro». Por eso insiste tanto en la importancia de hablar con los niños desde muy pequeños. «Para que un niño no aprenda a caminar prácticamente tendrías que atarlo. Para que no aprenda a hablar basta con que no le hables», afirma. Sin embargo, rechaza de nuevo las obsesiones de los padres y recuerda que el lenguaje infantil evoluciona de manera natural. «No pasa nada tampoco por utilizar palabros más infantiles. Si el niño dice 'guau' en lugar de 'perro', no pasa nada. Lo importante es que comprenda y que lo escuche».
Más se detiene también en la importancia de preparar el embarazo y en los cuidados durante la crianza temprana. Frente al enorme estrés que ella detecta en los futuros padres, Más propone «bajar la ansiedad, y tomarse las cosas con calma, algo que parece que no, pero es súper importante para la misma concepción», y centrarse en lo que sí depende de cada persona antes de lograr un embarazo, como «cuidar la alimentación, el descanso, el estrés o las relaciones personales. Ahí sí podemos decidir qué hacer y cambiar determinados patrones para mejor». Sobre la lactancia materna, defiende que «facilita muchísimo el vínculo», aunque rechaza convertirla en una imposición. «Lo ideal no siempre es posible», reconoce. Y añade que muchas mujeres viven una enorme presión cuando surgen dificultades pero que afortunadamente, «hay otras formas de generar vínculo sin lactancia materna».
Para María José Más, precisamente el vínculo es el hilo conductor de todo el neurodesarrollo. «Este se genera en los primeros cuatro años de vida y después cuesta mucho más construirlo», informa. «Ese vínculo consiste en que el niño sepa que puede contar con sus padres, que encontrará apoyo y seguridad, pero también límites y corrección cuando los necesite. Dar la mano, luego soltarla y dejar que el niño avance solo sabiendo que tú estás ahí». A su juicio, esa confianza temprana es la que después permitirá «a esa personita» afrontar la vida con mayor seguridad emocional. «Ese vínculo dura siempre. Hay personas de sesenta años llamando cada día a sus padres», concluye.