BLOC CULTURAL,

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lunes, 22 de junio de 2026

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TITULO: Cartas en el tiempo -   Liberalismo contra la desigualdad  ,.


Cartas en el tiempo ,. 

 

 Miércoles - 24 - Junio  a las 20:00 en La 2 , foto,.

 

  Liberalismo contra la desigualdad,.

La creación de una renta mínima universal garantizada por el Estado aseguraría que la riqueza se distribuyera de tal manera que nadie cayera en la pobreza,.

Liberalismo contra la desigualdad

En nuestras democracias va en aumento un sentimiento de injusticia que amenaza sus principios. Los pueblos ven cómo crecen las desigualdades, sobre todo con la aparición de una nueva casta de superricos. Las diferencias de ingresos se han vuelto indescriptibles y poco legítimas entre un grupúsculo de multimillonarios y el conjunto de la población. Es cierto que siempre han existido desigualdades, pero eran menos visibles; cuando se volvían demasiado escandalosas conducían a revoluciones que eliminaron las aristocracias para dar paso a parlamentos que adoptaron políticas fiscales radicales. ¿Estamos en vísperas de una revolución de este tipo? No es impensable. Esta perspectiva preocupa a los propios superricos. Así, en Silicon Valley, refugio de esta superriqueza, los directivos de las empresas de inteligencia artificial se preocupan por su estatus social y por si el pueblo estadounidense aceptará o no su prosperidad. Además, la inteligencia artificial hace temer que se supriman numerosos puestos de trabajo, en particular en las clases medias, las más informadas y capacitadas para cuestionar la democracia y el capitalismo.

Hace dos siglos, Alexis de Tocqueville escribió que los franceses querían la libertad en la igualdad, pero que, si tuvieran que elegir, preferirían la igualdad en la servidumbre. Su profecía resultó acertada. El auge de los partidos extremistas que cuestionan el funcionamiento actual de la democracia no es ajeno a este sentimiento de injusticia percibida y de desigualdades crecientes. Me parece, por tanto, imperativo aportar soluciones nuevas a una situación desestabilizadora. En el mercado de las ideas se vislumbran dos enfoques más o menos innovadores, uno de izquierdas y otro en el bando liberal. En la izquierda asistimos a un renacimiento de las viejas recetas socialistas que exigirían confiscar la riqueza, o incluso cuestionar el capitalismo que la produce. En su versión actualizada, este arqueomarxismo sugiere impuestos confiscatorios y globalizados sobre los superricos. La confiscación de los ingresos mediante los impuestos se ha intentado en el pasado, en particular en los países escandinavos, con el riesgo de destruir el espíritu emprendedor y toda la economía. Estos países, sobre todo Suecia, han renunciado desde hace tiempo a esa eliminación de la riqueza, sobre todo porque la globalización permite tanto a las empresas multinacionales como a los particulares trasladar sus beneficios y optimizar su fiscalidad de tal manera que se reduzca a cero. La solución arqueo-marxista, por tanto, destruiría la economía con el único beneficio de señalar chivos expiatorios que se limitarían a cambiar de país. Tenemos un ejemplo estos días, con el multimillonario californiano Peter Thiel, quien ha anunciado que abandona Estados Unidos para instalarse en la Argentina de Milei.

Existe una alternativa a la confiscación y la destrucción del capitalismo, ni de izquierdas ni de derechas, que se suele denominar renta mínima universal o, por retomar una expresión acuñada por Milton Friedman, impuesto negativo sobre la renta. ¿De qué se trata? La creación de una renta mínima universal garantizada por el Estado aseguraría que la riqueza se distribuyera de tal manera que nadie cayera en la pobreza. Esta renta mínima se concedería a todos, sin tener en cuenta el patrimonio ni otros ingresos; la fijaría el Gobierno en función de los recursos presupuestarios disponibles. En lugar del mínimo, Friedman prefería el impuesto negativo; en este sencillo sistema, cada uno rellenaría una declaración de la renta y, según la cuantía de los ingresos declarados, cada uno tendría que pagar un impuesto que se deduciría de sus ingresos o recibiría una subvención que mantendría su nivel de vida. El sistema no es burocrático, sino automático. Garantiza la libertad de todos los ciudadanos, ya que no implica ninguna orientación ideológica por parte de un gobierno que prefiera tal o cual subvención o confiscación. En Finlandia se han llevado a cabo con éxito experiencias en este sentido.

Este concepto de renta mínima suscita dos tipos de oposición: la primera de carácter financiero y la segunda de carácter moral. De carácter financiero porque no se concibe que los Estados tengan la capacidad de pagar esa renta mínima a todo el mundo. Sin embargo, esto es totalmente inexacto, como ha demostrado la experiencia finlandesa, en la medida en que el ingreso mínimo no se sumaría a las innumerables prestaciones que ya existen, sino que las iría sustituyendo progresivamente. En el esquema ideal y perfeccionista de Friedman, interesante desde el punto de vista teórico, la renta mínima garantizada sustituiría a todas las prestaciones. Además, en esta visión liberal, se consideraría que cada ciudadano es libre de utilizar a su antojo el ingreso mínimo, malgastarlo en el juego o en tabaco en lugar de contratar un buen seguro social o invertir en una vivienda cómoda. En Finlandia, los beneficiarios han preferido invertir en la educación de sus hijos, lo que demuestra que, cuando es libre, la humanidad es bastante racional. La objeción financiera carece, por tanto, de fundamento en cuanto se comprende que la renta básica universal es una renta sustitutiva y que no se suma a las garantías económicas que hoy en día ofrecen los Estados del bienestar. La otra objeción, de carácter social y moral, da a entender que la renta básica fomentaría el ocio; esta crítica supondría que la renta básica fuera suficiente para vivir. Pero ese no sería el caso. La renta mínima debería ser una red de seguridad para evitar caer en la miseria, pero no garantizaría unos ingresos suficientes para llevar una vida acomodada. Además, esta objeción moral contra la renta mínima daría a entender que solo se trabaja para ganar dinero; esto es cierto y falso, ya que el trabajo también proporciona vínculos sociales. Por otra parte, en todos los experimentos se ha demostrado que este ingreso no incita a permanecer en el desempleo, sino todo lo contrario: el trabajo tiene una dimensión social y moral, no solo financiera; el ingreso mínimo universal no afectaría a nadie, salvo quizás a una población marginal, pero que ya lo es.

Estas hipótesis no son infundadas. Vivimos una época marcada por una serie de convulsiones geopolíticas, pero también por un cuestionamiento de la democracia que fomenta el extremismo. Por lo tanto, me parece indispensable que los hombres y mujeres que aspiran a gobernar propongan una nueva visión de la sociedad y, sobre todo, del Estado del bienestar, que tuvo su utilidad pero que hoy en día parece algo desgastado. Quienquiera que se hiciera con el concepto de renta mínima lograría un avance intelectual y político que, si se explica y se comprende bien, renovaría la vida pública y conduciría a un poder rejuvenecido.

 

 

TITULO: Las rutas de Ambrosio  -  Senda del Boquerón   ,.  

 

Senda del Boquerón,.

 

El sabado  - 20 , 27 - Junio a las 19:10 por La 2, foto,.

 Foto deP.N. Cabañeros - Senda del Boquerón de Estena desde Navas de Estena (Ciudad Real)

 El recorrido permite descubrir algunos aspectos de la sedimentación y también huellas de animales de aquella época fosilizadas en la arena.

A lo largo del recorrido dominan dos tipos de rocas: las pizarras, oscuras y frágiles y las cuarcitas: claras y macizas. Ambas son antiguos sedimentos depositados en el fondo del mar. 

TITULO: LAS RUTAS DE VERONICA - El Arroyo del Chorrillo,. 

El Arroyo del Chorrillo,.

El sabado - 20 , 27  - Junio  a las 18:10 por La 2, foto,.

 Foto deP.N. Cabañeros - Senda del Boquerón de Estena desde Navas de Estena (Ciudad Real)

 Desde el aparcamiento de Navas de Estena, se accede por pista al puente sobre el Arroyo del Chorrillo. Allí la senda arranca en medio de unu auténtico bosque mediterráneo abriéndose paso entre las estribaciones de la Sierra, siguiendo la traza de un antiguo proyecto de carretera. Más adelante, el recorrido atraviesa el río Estena por un puente de madera, recorres su margen izquierda. Un recorrido placentero, de gran valor paisajístico y botánico, pero también sorprendente porque, a como una ventana sobre un pasado muy lejano, las rocas descubren sin complejos facetas de su geología: huellas de anémonas de mar y de gusano gigante, transformaciones de antiguas arenas costeras, huellas de los desplazamientos de trilobites,.

 

TITULO:  ¡ Qué grande es el cine ! - ME RESBALA - AQUEMARROPA - ¡ QUE TIEMPO TAN FELIZ ! - EL HORMIGUERO VIERNES -  19 , 26 - Junio -   Zuhaitz Gurrutxaga - Ahora que todo es salud mental   ,.

 

¡Qué grande es el cine! fue un programa de cine dirigido por José Luis Garci y emitido por Televisión Española por su cadena La 2.
El programa comenzaba con una 
tertulia se encaraba hacia el final con un comentario personal sobre el plano, escena o secuencia preferida de cada uno de los participantes. Posteriormente, entraban los rótulos sobreimpresionados de los créditos del programa mientras seguían comentando la película y se cortaba la emisión silenciando esos comentarios, dando a entender que la tertulia había. El programa comenzó a llevarse a cabo en enero de 1995 y comenzó sus emisiones el 13 de febrero del mismo año., etc,.

¡ Qué grande es el cine ! - ME RESBALA - AQUEMARROPA - ¡ QUE TIEMPO TAN FELIZ ! - EL HORMIGUERO VIERNES - 19 , 26 - Junio -   Zuhaitz Gurrutxaga - Ahora que todo es salud mental  , fotos , .

  Zuhaitz Gurrutxaga - Ahora que todo es salud mental ,.

 

 Zuhaitz Gurrutxaga, este martes, durante su monólogo en Nueva York

 

  Zuhaitz Gurrutxaga ,.

El estigma no se ha vencido, y los políticos rara vez se atreven a hablar de trastornos mentales o psiquiatría, sino que prefieren hablar de 'salud mental' o 'psicología',.

Me Resbala (@meresbala) / X

Decía Oscar Wilde «que hablen mal de uno es terrible, pero es peor que no hablen en absoluto». Durante décadas nos hemos quejado de que la enfermedad mental ha sido un tabú, estaba estigmatizada y condenada al ostracismo y el silencio. Si alguien en el trabajo tenía una depresión, decía que tenía otra patología, por vergüenza. Todos hemos experimentado la empatía inmediata que genera el compartir con los demás que se sufre un ictus, una fractura de rótula o un cáncer de mama. Si, por el contrario, alguien osa compartir que ha tenido un episodio psicótico, una depresión o un intento de suicidio, se genera un silencio incómodo, tenso, revelador. ¿Hay crueldad mayor que sufrir el peso de la culpa de estar enfermo y el rechazo de la sociedad por estarlo?

Una de las pocas derivadas positivas de la pandemia por covid ha sido una mayor visibilidad de los trastornos mentales y que se hable de la importancia de la salud mental en los colegios, en el trabajo, en las familias y en la vida de cada uno. La realidad, sin embargo, es que antes y después de la pandemia la primera causa de muerte en adolescentes en nuestro país es el suicidio. Sí, el suicidio, por encima de todos los tipos de cáncer juntos. Por mucho que se hable, y bien que se hace, sobre el cáncer. La realidad es que, antes y después de la pandemia, más de un 15 por ciento de los adolescentes se autolesionan. La realidad es que, antes y después de la pandemia, la segunda causa de baja laboral en nuestro país es la depresión, que afectará a más de cinco millones de españoles a lo largo de su vida. Pensar que el incremento de los trastornos mentales es consecuencia de la pandemia por covid es una gran patraña.

Pero ahora, por fin, se habla de ello. Esa percepción sobre la importancia que tiene la salud mental para los españoles, sobre la que ya se pregunta en el CIS ha sido rápidamente captada por los políticos, que se han dado cuenta de que la inclusión de una respuesta ante la creciente incidencia de trastornos mentales –que ya afectan a uno de cada cinco o seis españoles– puede ser bien considerada por los votantes. Siempre me costó comprender cómo la lista de espera quirúrgica para operarse de patologías benignas se incluía en todos los programas electorales de partidos, de derechas e izquierdas, pero nadie hablaba de los padres que esperan, en muchas ocasiones sin poder trabajar, más de doce meses para que su hijo adolescente con ideación suicida y que no puede acudir a su centro educativo tenga una plaza en un hospital de día. O que haya una lista de espera de más de un año para realizar un diagnóstico de trastorno del espectro autista, lo que empeora el curso y el pronóstico a corto, medio y largo plazo. O que haya padres que abandonan a sus hijos en el hospital para que pasen a ser tutelados por la administración y puedan acceder de esta forma a centros terapéuticos. Por poner solo unos ejemplos de nuestro quehacer clínico diario como profesionales de la psiquiatría.

La visibilidad que se le ha dado a la salud mental es, sin duda, una gran oportunidad para los que hemos estado décadas clamando en el desierto. Una gran oportunidad para las personas que las padecen y las familias que sienten la discriminación, los prejuicios y el silencio que rodea a sus seres amados. Sin embargo, ha venido también acompañada, como cabía esperar, de latentes amenazas. El estigma no se ha vencido, ni mucho menos, y los políticos rara vez se atreven a hablar de trastornos mentales o psiquiatría y prefieren hablar de 'salud mental' o 'psicología', con eufemismos que denotan ese estigma interno, el que no se quita de un día a otro por mucho que se hable de algo. La disociación entre la palabra y el pensamiento. El postureo. A alguno de los que más se jactan de defender la salud mental le he oído decir que llevar a menores de edad a un profesional de la salud mental es estigmatizarlos. Llevar a una niña al endocrinólogo o al pediatra no es estigmatizarla, pero al psiquiatra infantil sí. No se me hubiese ocurrido mejor definición de estigma que esa, por mucho que la hubiera pensado. Eso sí, lo dicen alto, claro y orgullosos de sí mismos. Sus palabras los delatan.

He llegado también a ver políticos con pancartas que dicen que los trastornos mentales son un constructo social. Que nos digan a los padres de niños con patologías como autismo, esquizofrenia, discapacidad intelectual, trastorno obsesivo compulsivo o trastorno bipolar que estas son el resultado de un 'constructo social' es un insulto dañino, aunque desgraciadamente muy propio de esta sociedad polarizada y populista que niega toda evidencia científica. Por sus palabras, interesadas, los conoceréis. Según Camus, «nombrar mal las cosas es aumentar la desgracia del mundo». Aumentar aún más el desamparo de esos millones de familias en nuestro país que tienen un miembro afectado por un trastorno mental es justo lo contrario a lo que debe aspirar una sociedad sana y quienes la gestionan. La posverdad anticientífica ha llegado también a los trastornos mentales, en EE.UU. y en nuestro país. Son todos iguales, igualmente dañinos.

La realidad es tozuda. Después de innumerables debates, tertulias televisivas, promesas políticas y fotos propagandísticas, la realidad es que en estos últimos años y a pesar de la multiplicación exponencial del discurso sobre la importancia de la salud mental, nuestro país ha retrocedido comparativamente frente a los 27 países de la Unión Europea en su respuesta ante la creciente demanda derivada de los trastornos mentales. La disociación entre la palabra y la acción. Es clave, diría que urgente, mejorar la coordinación entre los servicios sanitarios y sociales, reforzar la prevención y aumentar la inversión en salud mental, incluida la contratación de un mayor número de profesionales especializados que pongan a nuestro país al menos en la media de los países de la UE. La salud mental se ha convertido en un problema de salud pública, en especial entre los más jóvenes. Un desafío que amenaza los cimientos de lo que nos definen como humanos, que amenaza nuestra forma de estar y de ser en el mundo. Desafío que requiere una respuesta transversal, que va mucho más allá del ámbito sanitario. Hablar y escribir sobre ello está muy bien, pero no basta. Menos palabra y más acción.

TITULO: ¿Dónde estabas entonces?  -  Las cinco tesis sobre Borges, un genio inabarcable , Martes - 23 , 30 - Junio ,.

Este martes - 23 , 30  - Junio , a las 22.30, La Sexta emite una nueva entrega de la tercera temporada de '¿Dónde estabas entonces?', presentada por Ana Pastor , foto ,.

Las cinco tesis sobre Borges, un genio inabarcable,.

Este domingo se cumplen cuarenta años de la muerte de un autor universal, un hombre que demostró que el talento no lo es todo,.

Retrato del escritor argentino Jorge Luis Borges.

Este domingo se cumplen cuarenta años de la muerte de Jorge Luis Borges. Esta coincidencia, que poco significa, me parece un pretexto como cualquier otro para devolver a la actualidad a uno de los escritores más relevantes del siglo XX; un autor,.

Tanto en algunos poemas y ensayos como en entrevistas televisadas que ahora ruedan en las redes, Borges afirmaba que el deber del poeta, e incluso del ser humano, era hacer de la experiencia una arcilla con la cual moldear bellezas imperecederas. Más que una nostalgia o una vanidad este sería el llamado y el sentido del artista: una conexión íntima con necesidades humanas muy profundas que se olvidan en los afanes diarios.

Los acentos de ese deber piden que el poeta salve su nombre, el apellido de sus antepasados, o se salve a él mismo. En su poema “El hacedor”, Borges escribe:

“Otra cosa no soy que esas imágenes 
que baraja el azar y nombra el tedio. 

Con ellas, aunque ciego y quebrantado, 
he de labrar el verso incorruptible
y (es mi deber) salvarme”.

Qué fácil sería encontrar una definición de Borges y aun una respuesta a la vida en mortificaciones como “he de labrar” o “es mi deber”. Hacerlo es perfectamente legítimo. Si un esfuerzo de ese tipo nos satisface porque nos eleva, aunque no logremos el verso incorruptible, es del todo creíble que Borges puso en eso su empeño y escribía sintiendo sus palabras.

Sin embargo, otro parecer despunta en su propia obra, y es el de que ese verso incorruptible es obra no solo de un movimiento más relajado sino de algo distinto a la personalidad de quien lo escribe. En efecto, en textos como “La flor de Coleridge”, Borges descree de la originalidad y supone muy naturalmente que el autor de la literatura es uno solo, diseminado o extendido a lo largo del tiempo y el mundo, un espíritu universal al que hay que dejar hablar.

Allí Borges rememora a Valéry y a Emerson diciendo: “No era la primera vez que el Espíritu formulaba esa observación”. Así mismo, en su prólogo a Las tentaciones de San Antonio de Flaubert, Borges reprueba el perfeccionismo del francés, entendiendo que ese texto es superior al resto de su obra porque carece de “sus escrúpulos ulteriores”. Quien conozca al argentino recordará que es casi un lugar común en sus disertaciones el decir que la genialidad surge del desinterés y la negligencia.

Todo esto choca con aquella voluntad ineluctable de justificarse en el escrito. Borges decía que escribía diariamente para “sentirse justificado”, y ello nos confronta con dos tensiones que confluyen en el escritor argentino. Por un lado, se trata de oír la verdad, y por otro de expresar y exaltar la individualidad, que no es más que un vulgar rincón de la historia.

Quedarnos con una idea de Borges es quedarnos con muy poco, y tanto más debe decirse de una frase, aunque parezca ser el verso incorruptible.

Por lo general, Borges atenúa sus asertos más vehementes de una manera muy sutil. Al final de “La flor de Coleridge” disculpa el afán personalista de los lectores, el culto al autor, porque la literatura ya varias veces ha parecido revelarse toda ella en algún escritor. Eso mismo sentimos con la obra del porteño como con la de casi ningún otro literato, pero no le haríamos honor a él si no entendiéramos el sentido de su derrota, que es la de todos.

Borges infame,.


Los dislates de ese gran creador que fue Jorge Luis Borges llegan a equipararse a los de los más retrógrados especímenes que uno pudiera encontrar en un coctel de aristócratas. Y no eran propiamente algo que él dijera solo por provocar, o que no haya que tomar en serio, dada su influencia y su inteligencia.             

En un diálogo con Eduardo Gudiño Kieffer, en 1972, Borges decía sin vacilación que la violencia racial se debía a que se había cometido el error de educar a los negros. Decía que los negros no tienen conciencia histórica, que son como unos niños, y llegaba a negar el prejuicio existente en la sociedad occidental contra ellos, añadiendo que el efecto de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos había sido un “nacionalismo negro extraordinario”, concluyendo lo siguiente: “convengamos que, de alguna manera, Alemania ha sido más importante para el mundo que el Congo”.

Quedarnos con una idea de Borges es quedarnos con muy poco.

Este es solo un ejemplo de las barbaridades que sostenía sin ninguna vergüenza quien, al fin y al cabo, para no cancelar un almuerzo suyo con el general Augusto Pinochet desafió de frente a la Academia Sueca, que le había solicitado negarse a asistir al evento, diciendo estas palabras en esa ocasión: “yo declaro preferir la espada, la clara espada, a la furtiva dinamita”.

Era Alfred Nobel quien había inventado la “furtiva dinamita”, y por eso Borges perdió el Premio Nobel de Literatura que le estaba reservado con total justicia, aunque menos por esas palabras que por acceder a almorzar con un asesino de sus preferencias.

Con todo, ese Borges es quien redactó “Los conjurados”, al parecer su último “cuento”, en el cual manifiesta una íntima conmoción por la profesión de fe de Suiza en la razón:

“El hecho data de 1291.
Se trata de hombres de diversas estirpes, que profesan diversas religiones y que hablan diversos idiomas.
Han tomado la extraña resolución de ser razonables.
Han resuelto olvidar sus diferencias y acentuar sus afinidades”.

Las palabras de Borges en “Los conjurados” son sensiblemente elocuentes y contagiosas, y permanecen incólumes, a su pesar, quizás. Pero tal vez sean palabras de alguien más que Borges, palabras de ese espíritu del que él hablaba. Y en ese sentido, tal vez sean palabras del auténtico Borges.

A fin de cuentas, las contradicciones insalvables entre el individuo apurado por la vida diaria y el alma que puede decir que “Al otro, a Borges, es al que le ocurren las cosas” son recurrentes en la obra del insuperable escritor que fue.

Pero nos vendría bien un baño en ese asombro para entender cuánto de vanidad hay en nuestras propias palabras y en nuestros propios afanes, y cómo es la verdad de ajena, o al menos de universal y, en últimas, inasible.

El rostro y la nada,.


Borges nos engaña con la idea de que captó lo esencial del cosmos en sus ficciones, o como dice Ricardo Piglia: el infinito. Y nos engaña con la evidencia de que es un simple indolente en sus declaraciones políticas, mediante el recurso de contradecir los hallazgos de aquel supuesto espíritu, las palabras mismas de su dote inventiva.

Con detalles muy puntuales, letales, Borges destruye el alcance conceptual de sus textos o anula la vocación idealista de su pensamiento para demostrar que todo es fruto de una vida indigna de tan altos vuelos. En cuanto a esto, la observación del crítico Enrique Anderson Imbert sobre el carácter eminentemente especulativo o juguetón de Borges, no adscrito a ninguna escuela o credo, es cierta, aunque con el matiz de un triunfo pragmático.

El final de “El Aleph” es un buen ejemplo de ello. También el final de “El milagro secreto”. En estos cuentos, las posibilidades racionales de un absoluto visible se desmoronan, luego de elevarse soberanamente en nuestra lectura, por la vía del fatalismo más simple y estremecedor.

En el primer caso, Borges confiesa ir perdiendo los rasgos de Beatriz, su difunta amada, luego del prodigioso relato de las visiones de su alterado primo en un sótano mágico desde donde puede verlo todo. La visión del cosmos ha deshumanizado a Daneri, mientras que Borges parece recordar con más cariño a Beatriz en tanto olvida su rostro.

Ese contraste es el verdadero punto máximo del cuento, mucho más que la enumeración, el famoso inventario del mundo que atestigua el propio Borges cuando accede a la invitación del infantil Daneri.

En “El milagro secreto”, el sueño de Jaromir Hladik de concluir una pieza literaria inacabada en el segundo mismo cuando lo están matando, gracias a un favor divino, es una gloria para él. Pero el tiempo corre, inexorable, y el plazo concedido (un año dentro de un segundo detenido), termina antes de él coronar el proyecto, que es su íntimo sentido, el que justificaría a todo poeta.

Valorar la contradicción,.

Así, Borges nos sorprende por la facilidad con la que nos hace comprender la ilusión de unas posibilidades inalcanzables, pero rompe esa ilusión con un rigor no menos sorprendente, aunque sí más taimado y al mismo tiempo contundente. La gracia de su ficción está más en la crueldad con que deshace sus fantasías que en la solvencia con que las construye.

La gracia de su ficción está en la crueldad con que deshace sus fantasías.

De tal modo, a Borges, más que a cualquier otro autor, hay que entenderlo como una contradicción constante. En ello estaba su grandeza literaria. Al considerarlo como pensador, conviene cotejar sus palabras con los pensamientos opuestos que él nunca deja de tener en cuenta, ya sea en las mismas páginas donde emite sus sentencias o en otras páginas suyas.

Solo como Federico Nietzsche, es el pensador más profundo que más se haya trivializado, y no solo en redes sociales, donde los extremos de frivolidad son inenarrables, sino en general, en la vida cotidiana, e incluso a veces en el trajín de la academia.

El mejor favor que podemos hacer a Borges, según él quisiera, es olvidarlo, y atender más a su obra, a los vaivenes y vacíos inagotables de su palabra traidora.

 

TITULO:  Informe Robinson -   Fútbol - Teherangeles no va con Irán  ,.

 

 Fútbol - Teherangeles no va con Irán ,.  

La comunidad persa en California, la más numerosa de la diáspora, recela de «la selección del régimen», que en la madrugada del martes debuta frente a Nueva Zelanda,.

Sam Beykzadeh, en su librería de la avenida Westwood, en Los Ángeles

Persian Square no es una plaza normal sino un simple cruce de calles. Hace unos años, el Ayuntamiento de Los Ángeles colocó aquí una placa en un semáforo para agradecer a la comunidad iraní su contribución al desarrollo de la ciudad. En el bulevar Westwood se suceden los comercios persas, casi todos rotulados en farsi, el idioma nacional, que utiliza el alfabeto árabe. No solo está la pintoresca e inevitable tienda de alfombras. También hay varios mercados, una heladería, gestorías, notarios, médicos, algunos restaurantes e incluso una clínica de trasplante capilar. Un simple paseo permite comprender por qué a esta zona le llaman Little Teherán o Teherangeles.

Sam Beykzadeh, natural de Rash, está sentado detrás del mostrador de su librería bajo una antigua bandera iraní, sin el emblema de los ayatolás. En su comercio solo se venden libros en farsi. «Cuando llegamos aquí nadie sabía hablar en inglés, así que todo esto era necesario. ¡Llegó a haber once librerías! Ahora la cosa ha cambiado y los jóvenes ya no leen libros. Esto sigue siendo para la primera generación de exiliados», explica con una sonrisa. También distribuye la revista 'Tehran', un semanario editado en Los Ángeles para los emigrantes persas. Cada ejemplar cuesta dos dólares. En el número de esta semana, que hace ya el 1.485, su editor jefe, Shahbod Noori, recuerda que ellos son «herederos de una de las civilizaciones más antiguas del mundo», cuyo legado deben proteger. Su artículo es el único texto en inglés de la publicación.

A Sam le gusta el fútbol. «¡De joven fui portero!», se entusiasma. Luego añade de sopetón: «Pero si me pregunta si voy a ir a ver el partido, la respuesta es no. Ni voy a ir ni quiero que gane Irán. Esta no es mi selección; es la selección del régimen. La mayoría de por aquí pensamos así». Sam no solo fue portero de joven, también fue periodista. Huyó de su país hace casi cincuenta años cuando triunfó la revolución islámica del ayatolá Jomeini. Solo en California se afincaron unos 300.000 persas, puede que más. «Algunos dicen que éramos seiscientos mil, pero no se sabe con exactitud -apunta Sam-. Entre ellos había muchos judíos, pero también musulmanes. Yo soy musulmán. Sin embargo, no tolero este régimen que ha destruido nuestro país y al que no se puede criticar. Hace unos meses mataron a más de 40.000 personas que protestaban en las calles».

La bandera de la discordia,.

Situada frente a la librería de Sam, la galería Eshgh tiene algo de cueva de Alí Babá. Esculturas, telas, cuadros, broches y apliques dorados se confunden como en una alucinación. Su propietario no quiere hacer declaraciones, pero permite al forastero curiosear e incluso sacar fotos. Abundan las representaciones aladas del dios asirio Ashur y la antigua bandera iraní, con el emblema de un león blandiendo una espada. Cuando triunfó la revolución, Jomeini ordenó su sustitución por un símbolo de nueva creación: unas letras en árabe que representan la palabra Allah y cuya forma recuerda la de un tulipán, en memoria de los mártires chiíes. «Eso no es persa. Se nota que la familia de Jomeini era india», se malicia Beykzadeh. Los habitantes de Teherangeles están enfadados con la FIFA porque no permite exhibir en el campo «símbolos políticos» ni banderas que no sean las oficiales. Ya en la inauguración del Mundial en Estados Unidos hubo activistas que acudieron al SoFi Stadium con la enseña tradicional para protestar contra los ayatolás y contra la Federación de Fútbol, una imagen que probablemente se repita este lunes (madrugada del martes en España), cuando Irán debute en Los Ángeles contra Nueva Zelanda.

Por la avenida Westwood se pasea cada cierto tiempo una furgoneta negra con fotografías de la selección persa y de sus jugadores más célebres. «Una nación, un sueño», dicen los rótulos. Cuando trata de aparcar junto a la acera, Joshua Fagi se acerca al conductor y le pide que se vaya. «No sé quién le ha mandado venir aquí ni por qué -se enoja-. Nosotros no apoyamos a este equipo. No es el equipo iraní. Ahora mismo en Teherán hay varios futbolistas detenidos por participar en las protestas contra los ayatolás. Esta selección no nos representa». Fagi se fue a estudiar a Los Ángeles dos años antes de que cayera el sha. Lleva 49 años sin pisar su país. Apasionado del fútbol y seguidor del Barcelona, este martes irá con Nueva Zelanda.

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