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viernes, 30 de octubre de 2026

MAS QUE COCHES - Sainz: “No es una gran sorpresa” ,. / Para Todos La 2 - El lujo de no tener opinión ,. / Gigantes de La 2 - La actriz Eva Isanta ,. - Jueves - 5 - Noviembre ,. / ¡ Atención obras ! - Cine - Libro - El nido - Eduard Sola ,.

 

TITULO : MAS QUE COCHES - Sainz: “No es una gran sorpresa” ,.

 

 Sainz: “No es una gran sorpresa”,.

 

 

El piloto de Williams sostiene que “el coche parece más rápido con las mejoras”, pero admite que “ya es un paso luchar por la Q2″.

 F1 | Sainz: “No es una gran sorpresa” - AS.com

foto - Sainz fue 17º en el jueves de entrenamientos de Bakú a 2.5 segundos de Mercedes. No parece ilusionante, aunque el español se encontró con un Williams ligeramente más competitivo después de estrenar fondo plano, retocar el tren trasero y, sobre todo, rebajar el sobrepeso y acercarse, por fin, al límite del reglamento. “La sensación inicial es que el coche parece un poco más rápido. Pero aunque sea una mejora tan grande, aún estamos tratando de recuperar. No es una sorpresa enorme, sí es un paso adelante. Si queremos pasos más grandes tendremos que esperar a 2027”, dijo tras bajarse del coche.

No cambian los objetivos para el GP de Azerbaiyán: “Esperamos intentar pasar con más facilidad a la Q2 y ver si podemos pelear en esa Q2. Aunque será difícil, venimos de varias carreras en las que somos coche de Q1, a veces incluso por detrás de Aston. Ya es un paso luchar por la Q2”. Sainz no puntúa desde el noveno puesto en el GP de Canadá, en junio. También fue noveno en China y Miami. Su mejor posición en parrilla fue el 12º de Mónaco.

Por la mañana tuvo un leve incendio en los frenos traseros cuando se dirigía al garaje. Después, explicó el motivo: “Fue un problema con la radio, se desconectó y cuando paré en boxes el equipo no estaba preparado, porque no tenía radio. Así que los frenos se incendiaron. Desafortunadamente, es un problema operacional y de fiabilidad que nos quitó tiempo de pista, y eso no es ideal en un circuito como este. Las pocas vueltas que hice se sintieron como un paso adelante y hemos sido más competitivos que en los últimos fines de semana”. “Fue un problema de comunicación, no estábamos preparados, pero no hubo un problema con el coche. Trataremos de resolverlo para el futuro”, aclaró Matt Harman, responsable técnico de Williams.

TITULO: Para Todos La 2 - El lujo de no tener opinión ,.

 El lujo de no tener opinión ,.

Durante siglos, el silencio ha concretado una elegancia de la inteligencia. Quiero decir que quien dudaba se estaba concediendo el tiempo. Aquel que no sabía, escuchaba,.

El lujo de no tener opinión

fotos - Yo diría que ya es una elegancia no tener opinión. Una elegancia, y un lujo y un prestigio, porque es algo, la falta de opinión, que vive recóndito, casi extinguido. A diario, amanece una indignación, y al mediodía ya tiene alrededor a millones de especialistas. Todo el mundo opina, con lo que aquel que contestara «no sé» incurre estrepitosamente en cobardía intelectual o tisis moral. Así, uno de los grandes ingenios de esta época convulsa, encabronada y sabionda es el experto instantáneo. Sirve media hora de internet para que un tipo sobrevenido que en la mañana ignoraba dónde estaba un país de noticia, explique después de una siesta tres siglos de gran conflicto geopolítico. Antes a eso se le llamaba cuñado. Google viene logrando que la ignorancia reúna mucha bibliografía. Durante siglos, el silencio ha concretado una elegancia de la inteligencia. Quiero decir que quien dudaba se estaba 

 

concediendo el tiempo. Aquel que no sabía, escuchaba. Incluso quien sabía podía concederse la lujuria de callarse, bajo un refinamiento que directamente hemos perdido. Hoy el silencio parece una avería del usuario. Si de pronto no te pronuncias, algo te ocurre, cuando quizá pensar consista en demorar un poco más la opinión. Luego ocurre que la opinión ya se ha emancipado del conocimiento. Primero, tomamos posición radical, y luego, si quedara algún momento, ya iremos dibujando los argumentos. No pensamos para saber qué opinamos de algo, sino para avalar que tenemos razón. Además, estamos obligados a sentir públicamente. Hay que manifestar pena ante el vulnerable, rebelión ante la injusticia, contento ante el éxito y desprecio fijo ante el charlatán oficial del día. El sentimiento ya no resulta completo hasta que se publica. Pero hace falta el pensamiento sin publicar, la duda sin audiencia, el enfado que no pretende seguidores, la tristeza que no posa. Urge la discrepancia, porque otra cosa no es la vida. Igual tampoco nos viene mal esa zona sensacional y ya casi remota del tiempo en la que a uno le importa poco o nada el asunto que tiene indignado al país entero. No todo merece nuestra opinión. Sócrates, bajo la sombra antimoda de saber que no sabía, hoy tendría un problema serio para lograr tertulia.

TITULO:  Gigantes de La 2 - La actriz Eva Isanta  ,.Jueves - 5 - Noviembre,.

Gigantes de La 2 - Programa de entrevistas, de cincuenta minutos de duración y emisión semanal, para La 2  Jueves -   5 - Noviembre , 23:50 de Televisión Española,.

 

  La actriz Eva Isanta ,.

 

 

Eva Isanta posa para Hinchas

foto - Eva Isanta  posa para Hinchas - «Me han educado jugando al tenis y odio el tenis»,.

Natural, con carácter y una carrera en la que se ha adaptado a retos superlativos; la actriz Eva Isanta (55 años) hace un alto en el camino y habla con ABC de deporte,.

¿Practica deporte o sólo lo sigue como telespectadora?

Lo practico, sí. Siempre. Vengo de una familia de padres muy deportistas, me han educado jugando al tenis y odio el tenis. Me gustaba verlo, pero no jugarlo y se empeñaban en que jugase el tenis. Pero sí, mi cuerpo está acostumbrado a moverse. En el momento en el que no me muevo, me convierto en alguien que se queda paralizado y bloqueado.

¿Cómo logró escapar de ese yugo?

Me iba rebelando y busqué, primero, el baloncesto, después el patinaje y la danza.

Y la cesta punta, esa modalidad de la pelota vasca que la tiene fascinada. Me cuesta ver de dónde le nace esa afición.

Eso nace a partir de una sorpresa que me dieron unos amigos, que me llevaron a ver una competición de pelota vasca. Nunca había visto. Y entonces, claro, me emocionó muchísimo porque me pareció de lo más complicado. La cesta punta, consiste en coger la pelota con una cesta e impulsarla. ¡No imaginas la fuerza que se requiere! Es un deporte ancestral y muy divertido.

¿Y no le gusta algo así como el fútbol?

Bueno, soy un poco madridista, pero muy moderada. Por mi hijo, que sí es muy futbolero y, de pequeño, jugó en la Fundación del Real Madrid.

La recuerdo en un capítulo de la serie 'La que se avecina', haciendo de futbolista. No parecía disgustarle.

Aquello fue divertidísimo, pero muy duro. ¡Madre mía! Lo cierto es que cuando tú te pones a jugar a cualquier cosa, aunque no la domines, siempre es divertido. Sobre todo, si se trata de trabajo en equipo. Fue gracioso. Pero claro, a nivel futbolístico, un desastre.

¿Es usted de las que se molesta porque se invierta más en deporte que en otras áreas culturales?

Me da mucha pena. Porque creo que la pasión que levanta un partido de fútbol, y hablamos de fútbol porque es el deporte rey, está bastante cerca de lo que provoca una obra de teatro o un concierto de música en directo.

El fútbol llega a más gente, Eva. A otras expresiones culturales, les cuesta.

No creas. Lo que pasa es que, en el fútbol, la emoción colectiva se expresa de una manera mucho más abierta. Es como en 'Un dios salvaje', la obra que estoy representando. Y eso hace que la gente se convierta en masa y entonces todo está permitido y se rompen más reglas sociales. Y puede llegar a ser peligroso, como ya sabemos. Mientras que en un recinto como es un teatro, en principio, o en un concierto, la gente está un poco más contenida. En todo.

Usted me habla de emociones. Yo, de negocio. No sé si decirle cuánto se ha pagado por una entrada del Barça-Madrid.

No sabemos vendernos como los deportistas. Y debería cambiar. Esto es un germen que se va creando y también es verdad que los poderes, de alguna manera, podrían favorecer. Pero la cultura es información y es pensamiento crítico y, muchas veces, interesa mucho más que seamos ganado.

Mucho tiene que crecer el germen para igualar al fútbol.

¿Quién puede pagar más de 400 euros por una entrada? La clase media trabajadora no creo que pueda pagar por cada derbi, clásico o por cada partido espectacular, que son continuos y constantes, ese dinero. Me da mucha pena que las economías familiares se comprometan en función de que determinados miembros de la familia paguen una entrada, a costa del resto de la economía familiar.

¿Alguna vez ha admirado a algún deportista?

Sí, y mucho, además. Admiro muchísimo a los equipos femeninos, de diversas modalidades, que están empezando a ganar y otros que llevan ya años haciéndolo. Admiro a las mujeres que están empezando a ser conscientes de la valía y el poder que tienen en sus respectivas disciplinas.

Como por ejemplo…

María Pérez, por ejemplo. Gente que, de repente, destaca desde el trabajo y la discreción, pero que se convierten en lo más grande y adquiere la condición de estrella, como lo son las estrellas masculinas. Eso es muy necesario.

Usted sí que sabe: ha elegido admirar a la mejor atleta española de todos los tiempos.

Pero hay más. Hay mujeres que me han marcado mucho, con respecto a lo que es un deportista. Yo recuerdo en la época en la que veíamos mucho tenis en casa. Se enfrentaban siempre Martina Navratilova y Chris Evert. Aquello era legendario.

A algún hombre habrá admirado, también.

Claro, claro. Recuerdo aquellos enfrentamientos entre Ivan Lendl y John McEnroe. En casa, cada cual iba con uno. Yo, con Lendl.

¿Por algo en especial?

Porque McEnroe tiraba la raqueta, se cabreaba y perdía las formas, mientras que Ivan Lendl era un señor en la pista y mantenía siempre el espíritu deportivo, por encima de todo. Y para mí se quedó como el icono de cómo ser un gran deportista.

Tiene un minuto para convencer a un equipo de fútbol de la élite que tiene que ir a ver la obra que usted interpreta. El tiempo empieza ya.

Lo primero que les diría es que van a poder vivir y ver otra manera de competir. La obra que interpreto ahora no deja de ser una batalla entre bandos, por tener la razón. No se trata de meter un gol físicamente, sino un gol mental. Es como si fuera un partido de dobles, pero con las relaciones humanas. Y van a encontrar mucho sentido del humor.

¿Le ilusionaría ver a alguien en especial en ese patio de butacas?

Me encantaría tener aquí a todos los futbolistas del Real Madrid, hombres y mujeres.

Es usted más merengona de lo que confiesa. Pensé que iba a señalar a la selección.

Pues a mí me apasiona la selección, aunque sólo la suelo ver en las finales. A ver, puedo ver otros partidos, con amigos o mi hijo. Pero es que las finales me conectan con algo muy potente. Y lo vivo con una pasión y una intensidad increíbles.

TITULO:  ¡ Atención obras ! - Cine  -  Libro -   El nido - Eduard Sola  ,. 

Libro -  El nido - Eduard Sola ,.

 El nido (Ediciones B) : Sola, Eduard: Amazon.es: Libros

Eduard Sola: “La familia es lo más seguro que tenemos y también lo que más daño puede hacernos”,.

El guionista, ganador del Goya por Casa en llamas, publica su primera novela, El nido, una historia de una mujer en duelo ambientada en el Delta del Ebro

Eduard Sola: “La familia es lo más seguro que tenemos y también lo que más daño puede hacernos”

fotos - Eduard Sola: “La familia es lo más seguro que tenemos y también lo que más daño puede hacernos”,.

De la pluma de Eduard Sola han salido algunos de los personajes femeninos más interesantes del cine español reciente. La madre burguesa harta de todo de Casa en llamas, película con la que ganó el Goya a mejor guion; la mujer maltratada de Querer, la serie de Alauda Ruiz de Azúa, o las mujeres erráticas de La Virgen roja, la película dirigida por Paula Ortiz. Sola se define como artesano, que sabe volcar sus experiencias en cada guion, sea un encargo o una idea propia. Ahora va un paso más allá en El nido, su primera novela, publicada en Ediciones B. Es al historia de una mujer de 50 años, una madre con una herida abierta que regresa al lugar donde ocurrió su desgracia.

El nido es tu primera novela, ¿cómo surge el salto del guion a la novela y qué retos conllevaba para ti?

No tengo ni idea de cómo he acabado aquí. Lo que sí sé es que lo había intentado otras veces a lo largo de mi vida. Siempre he tenido esa pulsión de contar historias y, claro, la narrativa es una muy buena manera de hacerlo. Pero siempre acababa dejándolo. Cuando no tienes ninguna obligación con nadie y vas un poco a tu aire, terminas abandonándolo. Pienso que en mi caso, el guionista sigue estando dentro del novelista. Tengo la sensación de que mi forma de narrar sigue siendo muy visual, muy basada en imágenes. Y no reniego de eso, al contrario. Me gusta. Creo que hace que la lectura avance con rapidez y que los personajes y las escenas se vean con claridad. Quizá durante un tiempo pensé que podría convertirme en otra clase de escritor, divorciarme de mi faceta de guionista. Pero al final he entendido que no pasa nada. El guionista sigue ahí y está bien que sea así.

¿Qué diferencias has encontrado entre escribir un guion o una novela? ¿Has sentido más libertad creativa o cierto vacío al estar solo a diferencia de lo que ocurre en el cine?.

Me he sentido desnudo. Cuando escribo un guion, aunque luego la película la vean miles o incluso millones de personas, el texto en sí lo leen muy pocas. Además, un guion pasa por muchas reescrituras: la del director, la que ocurre durante el rodaje y la que sucede en el montaje. Por eso, cuando el espectador ve la película, yo voy con varios escudos puestos. Ni los errores ni los aciertos son solo míos. El cine es una obra colectiva y eso te protege. Aquí no. Aquí sales desnudo a la calle y la gente opina directamente sobre lo que has escrito. Eso añade una presión extra.

Ya que mencionas el catalán, has escrito la novela tú solo en los dos idiomas, ¿Por qué?

Una parte importante del reto consistía precisamente en quitarme esos escudos de los que hablábamos antes. Si quería estar completamente desnudo en ambos idiomas, tenía que responsabilizarme de los dos. Afortunadamente, tengo la suerte de manejarlos bien y pensé: “vamos a por ello”. No se lo recomiendo a nadie porque es un trabajo enorme, pero ahora que está hecho puedo decir que ha sido muy satisfactorio. Además, no se trata de una traducción de una versión a otra, sino de dos procesos de escritura que avanzaban en paralelo. Intelectualmente me ha resultado muy estimulante.

La novela gira en torno a Sara, una mujer que regresa al Delta del Ebro, donde tiene una casa familiar a la que no ha vuelto desde una pérdida que marcó su vida y también su matrimonio. Y hay algo que aparece en muchos de tus trabajos: la idea de una familia que se quiere mucho, pero que también se hace daño.

Es que a veces me pregunto si eso no es precisamente la familia. Las familias son lo más seguro que tenemos, tanto emocional como materialmente, y por eso nos permitimos con ellas cosas que no nos permitimos con nadie más. Nos pasa continuamente. A veces ayudas a hacer la mudanza de un amigo y le dices que no a la de tu hermano. ¿Por qué? Porque sabes que tu hermano seguirá siendo tu hermano. Sabes que seguirá ahí. El amigo puede marcharse y quieres quedar bien con él. Quieres ser el tipo amable y acabas dedicándole el domingo entero a su mudanza. El ejemplo es un poco absurdo, pero nos pasa constantemente. Ahí está la grandeza y también el problema de la familia. Esa incondicionalidad es, al mismo tiempo, su mejor virtud y su peor enemigo. Ahora bien, cuando hablo de familia no me refiero a una estructura concreta. Existen muchos tipos de familias y cuanto más diversas sean, mejor. Todavía tenemos mucho camino por recorrer en ese sentido.

¿La familia ayuda en la batalla contra el paso del tiempo o, por el contrario, la acelera?

No lo sé de verdad. Lo único que se me ocurre es que ambas cosas, familia y tiempo, comparten muchas contradicciones. A veces madurar, crecer y avanzar es un regalo; otras veces es una condena. Con la familia pasa algo parecido: puede ser una bendición y una maldición al mismo tiempo.

Hablas también de la maternidad a través de Sara. Antes decías que todavía tenemos mucho que avanzar en la representación de la diversidad familiar, ¿también en la representación de las maternidades?

Creo que todavía tenemos mucho margen de mejora tanto en la realidad como en la ficción. En la vida cotidiana, especialmente los hombres y los padres, hemos avanzado respecto a hace cincuenta años, pero queda mucho por hacer. Y en la ficción ocurre algo parecido. Hemos caído en la trampa de pensar que celebrar a las madres significa representarlas como seres perfectos. Como si fueran una especie de figura sagrada. Sin embargo, para mí la verdadera celebración de las madres consiste precisamente en reconocer que son personas complejas, con luces y sombras. La mejor manera de homenajearlas es aceptar que tienen contradicciones, deseos, zonas oscuras y una vida propia que va mucho más allá de su papel como madres. Cuando éramos niños las veíamos como figuras perfectas. Ahora somos adultos y podemos entender que son mucho más que eso.

Hay bastante sexo en la novela, además, eliges a una protagonista de cincuenta años, una mujer que normalmente no ocupa ese lugar en la ficción como sujeto del deseo. No es algo demasiado habitual...

Yo no puedo hablar por las mujeres, pero sí por mis personajes. Ahí sí tengo cierto control. Supongo que he llegado a estos personajes por una cierta inercia de explorar lo que habitualmente no se explora. Si quería hacer un retrato completo de una madre, me parecía absurdo no abordar también su sexualidad. Hemos cometido el error de situar el sexo en el lado oscuro de la existencia, como si fuera algo necesariamente tabú. Y no sé muy bien en qué momento ocurrió eso. Pero ocurrió. Creo que hablar de sexo con naturalidad nos beneficiaría a todos. No solo a las mujeres de cincuenta años, sino a cualquiera. Y sí, me interesa mucho explorar esos territorios porque me parecen especialmente fértiles desde el punto de vista narrativo.

¿Qué tiene el paisaje del Delta del Ebro para ubicar la historia de esta mujer y su duelo?

La elección del escenario fue bastante intuitiva. La historia me llevó casi por inercia al Delta del Ebro. Es un paisaje espectacular, no solo por su belleza, sino por todo lo que representa simbólicamente. Es un territorio profundamente ligado a la tierra, a la agricultura, al arroz, al polvo. Pero, al mismo tiempo, es un lugar totalmente marítimo. Esa contradicción me interesaba mucho. Hay una mezcla constante entre tierra y agua, entre lo sólido y lo fluido, y eso encajaba perfectamente con el estado emocional de la protagonista. El fango, la humedad, esa sensación de estar atrapado en algo que no termina de hundirte pero tampoco te deja avanzar. Todo eso me parecía muy útil para la novela y por eso me esforcé en que estuviera bien representado.

Hay también una descripción exhaustiva de las aves que habitan esa zona, ¿cómo fue esa investigación?

Tuve a mi ornitólogo de confianza. Me asesoró al cien por cien. Leyó la novela y me la devolvió llena de correcciones, incluso en cuestiones relacionadas con la mirada o el comportamiento de las aves. Seguramente es un hábito muy de guionista esto de buscar especialistas que te ayuden en aspectos concretos, y quise trasladarlo también a la novela. Menos mal que lo hice, porque cuando vi todas las correcciones pensé: “qué poco sabía de esto”. Al final, cada uno domina su campo. Mi asesor sabía exactamente cómo se mueve un pájaro, cómo vuela, cuándo cría o cómo se comporta en cada situación. Y eso me parece maravilloso.

A los protagonistas les ha ocurrido algo terrible y eso acaba haciendo mella en su relación. De hecho, la novela también habla de la pareja, del desgaste de las relaciones y de cómo se forman los vínculos, ¿Cómo ha sido para ti enfrentarte a todo eso?

Todo lo relacionado con el amor, la convivencia, la idea de familia, la heteronorma, lo prohibido y lo deseado me parece tan interesante como complejo. Me gustaría vivir en un mundo en el que las relaciones no fueran tan estancas. Es verdad que ahora nos divorciamos mucho más que antes, pero incluso hoy el divorcio sigue percibiéndose como un fracaso. Y me gustaría que no fuera así. Pero incluso sin hablar de divorcio, me gustaría vivir en un mundo en el que una persona felizmente casada pudiera sentir atracción por otra sin sentirse culpable por ello. Porque eso también es estar vivo. Me encantaría que así fuera. Y creo que a mucha gente también le gustaría, aunque no siempre lo digamos. A todos nos ha pasado: estamos con una persona a la que queremos muchísimo y, de repente, se cruza en nuestro camino alguien que nos atrae. Negar que eso sucede resulta muy duro. Y precisamente porque es una experiencia tan universal, cuando le ocurre a Sara, aunque en unas circunstancias mucho más oscuras y complejas que las de la vida cotidiana, resulta relativamente fácil acompañarla emocionalmente. Porque, de una forma u otra, todos hemos pasado por algo parecido.

Hay otro tema muy presente tanto en tus trabajos anteriores y en esta novela: la clase social. ¿Es imposible salir de esa mirada de clase?

Creo que, cuando un día te das cuenta de que el mundo está profundamente atravesado por las clases sociales, ya no puedes volver a mirarlo de otra manera. No hablo solo de una conciencia de clase vinculada al proletariado, aunque también tenga relación con ello, sino de la comprensión de que existen personas que están arriba y personas que están abajo, y de que esa desigualdad condiciona nuestras vidas. Nuestra existencia está atravesada por todo eso. Y creo que cuanto más conscientes seamos de ello, mejor nos irá como sociedad. Especialmente a quienes están abajo, porque además son mayoría. Es un poco como ocurre con las llamadas gafas violetas: una vez te las pones, ya no puedes dejar de ver el mundo de una determinada manera. Pues existen también unas gafas de clase. Cuando te las pones, ya no puedes dejar de observar la realidad desde esa perspectiva. Y no creas que me propuse escribir una novela sobre las clases sociales. Simplemente me ha salido así.

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