Domingo -21- Junio - LIARLA PARDO - Luis Salaya . / ESPAÑOLES POR EL MUNDO - La pandemia en cuatro idiomas,. / Escala humana - Más de cien empresas de Malpartida de Cáceres piden ayudas públicas,.Miercoles -17- Junio,. / LA MAQUINA DE ESCRIBIR - Esta noche, 'En primera línea - La vuelta al trabajo de los comercios,.
El domingo -21- Junio - a las 18:00 por La Sexta, foto,.
Luis Salaya,.
La oposición refuerza a Salaya,.
La
desintegración de los grupos municipales de Vox y Ciudadanos le ha dado
al gobierno socialista de Cáceres una tranquilidad de la que carecía al
inicio del mandato,.
Luis Salaya, el día de su investidura como alcalde de Cáceres.
Cuando
el 15 de junio de 2019 se convirtió con 30 años en el alcalde más joven
no solo de Cáceres, sino de cualquier capital de provincia de España,
Luis Salaya acababa de salir victorioso de una intensa ronda de
negociaciones y contranegociaciones que había comenzado pocos días
después de las elecciones del 26 de mayo. Hasta unas horas antes del
pleno de investidura no se supo quién iba a gobernar la ciudad durante
los cuatro años siguientes. Su lista había sido la más votada (9
concejales), pero un pacto entre PP (7), Ciudadanos (5) y Vox (1) dejaba
al PSOE en la oposición. Como se sabe, finalmente no hubo acuerdo y
Luis Salaya fue investido por mayoría simple gracias a la abstención de
Cs, que además renunció a entrar en un posible gobierno de coalición.
El
nuevo alcalde quedó por lo tanto libre para gobernar sin ataduras,
aunque sabiendo que para sacar adelante cada una de sus propuestas
debería entenderse, además de con Unidas Podemos (3), con cuyo apoyo más
o menos contaba en los asuntos esenciales, con algún otro grupo de la
oposición. Pura aritmética de pleno. Pero el camino no tardó en
allanársele de nuevo. El concejal de Vox, Teófilo Amores, anunció el 9
de octubre que dejaba el partido con el que obtuvo el acta y se
convertía en edil no adscrito. Poco más de un mes después, el 18 de
noviembre, el grupo municipal de Cs saltó por los aires al abandonarlo
su cabeza de lista, Francisco Alcántara. Al día siguiente hizo lo mismo
la también concejala naranja Mar Díaz, de manera que ambos ediles
pasaban, al igual que Amores, a ser no adscritos, si bien hasta hoy han
mantenido una unidad de acción común en el Ayuntamiento e incluso han
fundado un nuevo partido político de ámbito provincial, Cáceres Viva.
Desde
entonces la espada de Damocles de una hipotética y poco probable –pero
posible– moción de censura ya no pende sobre la cabeza de Luis Salaya, y
menos aún a la vista del comportamiento de Teófilo Amores, en quien el
PSOE ha encontrado un inesperado colaborador para sacar adelante, junto
con Unidas Podemos, cuestiones relevantes, entre ellas nada menos que
los presupuestos municipales. De hecho ahora mismo el mayor temor del
alcalde es que Amores renuncie a su acta de concejal, como ha amagado
con hacer en alguna ocasión, y que Vox regrese a la corporación como
oposición activa en las antípodas del ideario político del PSOE. Aun así
sería complicado que le descabalgaran del poder porque para eso
Alcántara y Díaz tendrían que votar juntos con lo que queda de Cs, algo
poco probable tras la ruptura traumática de noviembre, aunque ya se sabe
que en política todo es posible. En cualquier caso, Vox sí les pondría
más difícil a los socialistas la acción cotidiana de gobierno.
Los meses previos al virus arreciaban las críticas a la inacción y la parálisis de un gobierno todavía inexperto
La pandemia del coronavirus, que a mediados
de marzo dejó el mundo en suspenso, también vino a abrir un paréntesis
en todas estas diatribas partidistas. Hasta se crearon grupos de trabajo
con miembros de todos los grupos municipales para colaborar en la
búsqueda de ideas que atenuaran los efectos de la crisis provocada por
la covid-19 con los escasos recursos de los que dispone el Ayuntamiento.
El ambiente político en la ciudad durante estos tres últimos meses ha
sido más de tregua que de poner palos en las ruedas, aunque con las
lógicas discrepancias por asuntos como el alcance de las medidas de
estímulo adoptadas o el retraso en ponerlas en marcha. Nada que ver al
menos con lo que pasaba en las semanas previas al estado de alarma,
cuando las críticas a la inacción y la parálisis del todavía inexperto
gobierno local arreciaban desde la oposición y los ánimos se iban
caldeando por momentos. El casi nulo contenido de muchas juntas de
gobierno y plenos municipales, en los que tan solo se daba cuenta de
asuntos de mero trámite y se debatían poco más que las mociones que
presentaba la oposición, contrastaba con la hiperactividad en las redes
sociales del alcalde y varios de sus concejales, y tenía asombrados
incluso a periodistas veteranos en la cobertura de los asuntos
municipales cacereños.
Luis Salaya asegura, como hicieron otros
antes que él ante acusaciones semejantes, que en este primer año se ha
dedicado junto a su equipo a asentar las bases de lo que vendrá después.
Habrá que ver si es así cuando pase la tregua de la pandemia y la
gestión municipal vuelva a colocarse en el centro del debate.
En
los últimos días ha sido curiosamente Unidas Podemos el grupo que ha
encendido la luz roja al acusar a Salaya y su gobierno de no respetar el
pacto que alcanzaron en enero para aprobar los presupuestos, una
crítica que el alcalde ha asumido convocando con urgencia la mesa de
seguimiento que se creó en el acuerdo para tratar posibles
desavenencias. No parece por lo tanto que esa pequeña grieta se vaya a
ensanchar hasta el punto de poner en peligro la estructura del edificio,
al menos por ahora.
TITULO: ESPAÑOLES POR EL MUNDO - La pandemia en cuatro idiomas,.
La pandemia en cuatro idiomas,.
Sanitarios
españoles en otros países comparten sus vivencias durante estos tres
meses de lucha contra el virus, lejos de los suyos, y sus momentos de
«depresión», «miedo», «orgullo» y «soledad», foto,.
«No somos superhéroes».
Joan Pons, enfermero catalán afincado en Inglaterra, rehúye la
categoría a la que la ciudadanía del mundo, al unísono, ha catapultado
al personal sanitario por su entrega, a veces a pecho descubierto, para
combatir el zarpazo letal del coronavirus durante tres devastadores
meses. No es falsa modestia. Simplemente, no se sienten así. Ellos
tampoco estaban preparados emocionalmente para asumir una emergencia tan
colosal y soportar el reguero incontenible de dolor y muerte que ha
dejado a su paso. Han salido adelante, pero no están indemnes. La
experiencia vivida ha sido demasiado impactante. Aún están conmovidos y
agotados, tratando de digerir decenas de escenas y de situaciones que
les llevaron al límite de sus capacidades. Y todavía no han regresado
del todo de allí. Han salvado muchas vidas, pero en este viaje siniestro
al que el Covid-19 nos ha llevado secuestrados y amordazados también
han dejado parte de las suyas.
En este tiempo han conocido, en
sus formas más intensas, el abatimiento, el compañerismo, la impotencia,
la vergüenza, la soledad, el agradecimiento, el abandono, la
desesperación, la admiración y la desesperanza, emociones extremas que
no siempre han sabido ni podido gestionar. Unos han estado en primera línea de la batalla, otros en segunda, pero todos han tenido que lidiar con la preocupación extra de tener a los suyos muy lejos y acechados por la misma amenaza.
Esa
distancia también les ha permitido contemplar con otra perspectiva lo
que ocurría en su país de origen desde sus respectivos destinos
internacionales. Y comparar las distintas reacciones sociales.
La
gaditana Marisol Ferreiro, miembro de la dirección médica en el Hospital
Azienda Ospedaliera Universitaria Ospedali Riuniti de Ancona, en
Italia; el cardiólogo cacereño Jesús Álvarez, investigador del equipo de
Valentín Fuster, en el Hospital Monte Sinaí de Nueva York; el catalán
Joan Pons, enfermero de UCI en el Hospital de Sheffield, en Gran
Bretaña; y el malagueño Javier Gallego-Poveda, cirujano cardiopulmonar
en varios centros sanitarios de Portugal, relatan desde sus países de acogida sus vivencias de la pandemia en cuatro idiomas.
Italia | Marisol Ferreiro Directora médica en un hospital de Ancona
«Cuando empezó todo hubo mandos que desertaron; me sentí sola»
En Ancona, una localidad costera de apenas 100.000 habitantes situada a 183 kilómetros al este de Florencia, «las cosas van mejor, pero están raras».
Más que una percepción visual suena a los sedimentos ásperos de una
experiencia que ella misma tilda de «apocalíptica». «He estado muy
nerviosa y deprimida. Ha habido veces en que no sabía si sería capaz de
seguir...», se confiesa.
A finales de febrero, cuando llegó el
primer caso de coronavirus al hospital Azienda Ospedaliera Universitaria
Ospedali Riuntini, en el que trabaja como codirectora médica, intuyó
que se avecinaba una hecatombe. Supo enseguida que estaba en lo cierto. «Algunos
mandos del centro desertaron. Desaparecieron. A mí me encargaron la
coordinación del grupo operativo y los primeros días me sentí muy sola.
Recibía hasta 200 llamadas del personal que no sabía cómo organizarse
allí, en casa, para solventar problemas administrativos, sociales,
legales, para tranquilizar y a veces solo para consolar... Ha sido muy
'toccante', como se dice aquí».
Cuando se mira en las fotos se estremece al ver las huellas que el agotamiento ha cincelado en su rostro. Al
principio, el hospital contaba con una docena de camas para personas
infectadas, pero el feroz virus no tardó en reventar las costuras del
centro sanitario referente de la zona. Tuvieron que recurrir a
un hospital de campaña para habilitar espacio donde atender a una
avalancha de enfermos. Recita sin titubeos el parte de guerra: 462
pacientes de Covid, más otro centenar que llegó a Urgencias, 81
fallecidos y otros 7 probables, y 100 sanitarios contagiados, muchos
fuera de aquí, matiza.
Los números no reflejan la cara de terror
de los pacientes que ingresaban ante el estrés de unos sanitarios sin
rostro, blindados en aparatosos trajes de plástico. Tampoco aquella
caótica noche en que contó una cola de hasta diecisiete ambulancias con
pacientes llegados de otras regiones del país esperando a ser atendidos,
las discusiones entre el personal del hospital, la falta de información por parte de las autoridades, «la desesperación de no saber qué hacer».
«No
olvidaré eso ni a mis colegas españoles envueltos en bolsas de basura.
Pasé mucha vergüenza. Fue un escándalo. No sé cómo no ha habido
dimisiones», enfatiza.
Estados Unidos | Jesús Álvarez Cardiólogo en el Monte Sinaí de Nueva York
Hace
justo un año Jesús hacía las maletas para dejar temporalmente su plaza
de cardiólogo en el Hospital Sant Pau de Barcelona y embarcar en un
vuelo a Nueva York para profundizar en la investigación cardiovascular
junto a uno de los grandes, el catalán Valentín Fuster, director médico
del Monte Sinaí. No podía sospechar que apenas nueve meses más
tarde vería la bulliciosa ciudad que nunca duerme sitiada por un agente
invisible y mortífero, vaciada, aterrada y presa del insomnio. «Recuerdo
que el portero del hospital me hablaba del 11-S. Hubo muchas
comparaciones en las primeras semanas, pero luego se vio que aquello
tenía otra magnitud. A mediados de marzo, el centro sanitario
estaban montando hospitales de campaña en los aledaños de Central Park.
Era indescriptible, un escenario de guerra. Claro que pasé miedo, pero
he tratado de mantenerme en mi papel de médico y ser lo más pedagógico
posible para transmitir un poco de calma entre tanto dramatismo».
Mientras,
el eminente cardiólogo español se las arreglaba, a sus 77 años, para
dar la vuelta al gigante sanitario como si fuera un calcetín y acoger
una tromba de hasta 2.200 contagiados. «Es una persona única. Desde el principio nos transmitió confianza y seguridad.
No le ha temblado el pulso. Ha estado en primera línea, al pie del
cañón. Cuando tienes un líder que te guía y te transmite confianza todo
es más fácil».
Colegas fallecidos
Pero, aun así, no fue tan fácil. «Ver a los compañeros
caer ha sido muy duro. Vimos que éramos vulnerables. Algunos de ellos,
colegas en Barcelona y aquí, ya no están», se duele. En
paralelo, se producía un hecho inédito en la historia de toda la
comunidad científica, enfatiza: «todos los investigadores aparcaban de
manera conjuntas sus investigaciones para estudiar el virus, su
comportamiento y tratamientos. Yo incluido. Y en un tiempo récord
estamos avanzando mucho», dice esperanzado.
Hay muchas lecciones que deja la pandemia. Una de ellas, destaca Álvarez, es que «no
hay que politizar cuestiones que nos afectan por igual. Yo no soy un
defensor de Trump, menos como científico, pero no ha sido un problema de
él, como tampoco lo ha sido de Sánchez o de Merkel».
Reino Unido | Joan Pons Enfermero de UCI en el Hospital de Sheffield
«Un día, antes de entraren la unidad, sufrí un ataque de pánico»
«Un día, antes de entrar a la unidad, tuve un ataque de pánico. No me vi capaz de estar 12 horas allí. Cuando
te pones un EPI, no puedes beber agua, ni ir al lavabo. Tienes que
planearlo todo antes de ponértelo, porque cuesta dinero.
Hacíamos turnos de 4 horas y luego parábamos media hora. Y vuelta a
empezar. Llevas tres guantes y pierdes el sentido del tacto. Resulta muy
difícil hacer así técnicas precisas. Con la mascarilla no te llega el
aire y el que respiras está caliente. Si se escapa es que no hay buen
sellado. Luego el visor y el gorro. Aquel día no pude. Mis jefes me
apoyaron. Llamé a un servicio telefónico de soporte emocional. Me
ayudaron a dar salida a mi ansiedad. No fui el único en llamar. Los
sanitarios no somos superhéroes, somos humanos y los humanos tenemos que
decir cuando no estamos bien, no hay que ocultarlo. Nosotros estábamos a
diario con la muerte y eso te impacta. Yo ya no podía seguir
acumulándolo. Necesitaba sacarlo fuera. Ahora he aprendido a escuchar mi
cuerpo y mi mente».
El barcelonés Joan Pons acaba de disfrutar de
una semana de vacaciones, lejos del Hospital de Sheffield, a unos 270
kilómetros de Londres, donde trabaja. Las ha aprovechado para
desplazarse hasta la Universidad de Oxford y dejarse pinchar. Él y otras
10.259 personas se han ofrecido voluntarias para participar en la
segunda fase del ensayo clínico que realiza esa institución académica en
su carrera por alumbrar una vacuna contra el virus. Desde la inyección, hace dos viernes, Joan tienen que tomarse la temperatura a diario y enviarla vía app;
tomar muestras de su nariz y de su garganta cada semana y remitirlas
mediante correo certificado, y una vez al mes acude a que le extraigan
sangre. Así, durante los próximos doce meses. Por ahora no tiene
síntomas.
Cuando contó en casa que después del confinamiento, del
alejamiento físico de sus hijos para mantenerlo a salvo de un posible
contagio y de la batalla librada en la UCI estaba ejerciendo de cobaya
humana, se enfadaron. «La pandemia me ha afectado muchísimo en
todos los sentidos, He visto en primera fila su crueldad y veo también
cómo muchos vuelven a las calles como si fueran invencibles, sin
protección. Quiero que 2021 venga libre del virus y eso solo es posible
con una vacuna». Pons fue elegido en 2018 enfermero del año en Gran Bretaña.
Portugal | Javier Gallego-Poveda Cirujano cardiopulmonar en Lisboa
«Los portugueses se encerraron antes de quelo decretara el Gobierno»
A diferencia de España y de otros países, los vecinos portugueses parecen haber pasado de puntillas por la pandemia.
El médico malagueño Javier Gallego-Poveda, responsable de la Unidad de
cirugía cardiotorácica y vascular mínimamente invasiva, UMICS, por sus
siglas en inglés, con la que da servicio a varios hospitales privados
del país, conoce bien las razones. «Cuando la pandemia se desató en
Italia la gente sacó a sus hijos de los colegios y se metieron
voluntariamente en sus casas antes de que el Gobierno dijera nada. Las
universidades cerraron, lo que provocó un debate porque algunas voces
decían que era algo ilegal. A diferencia del español, el portugués es un
pueblo más temeroso y menos confiado. De hecho, los pacientes dejaron
de ir a las consulta por miedo a contagiarse, lo que ha derivado en un
incremento de muertes por infartos en casa».
Pero eso no lo explica todo. «Se
compraron muchos tests, que resultaron válidos, y se han hecho de forma
masiva. Es de los países europeos que más ha realizado. Tal
vez porque apostaron por las empresas correctas para que los
consiguieran, así como los EPIs». El cirujano mira al norte del país
para explicar otro factor importante: la rápida reacción de las empresas
textiles, que se apresuraron a cesar su actividad para ponerse a hacer
equipos de protección individual, al igual que hicieron las firmas de
ingeniería para fabricar respiradores. «Se temían lo peor, hasta el
punto de que se prepararon hospitales privados para atender infectados y
apenas se utilizaron. No fue necesario».
El efecto moderado del virus es, a juicio de Gallego-Poveda, una historia de suerte y de éxito. «Por la organización y la cohesión política. La oposición dijo desde el primer instante 'yo estoy aquí para lo que haga falta
porque esto que ocurre está por encima de la política', lo que creo que
es un ejemplo y que también ha sido importante pare contener la
pandemia. Entretanto, en España, la guerra política seguía», se lamenta.
Pese a todo, Portugal tampoco puede relajarse.
Volcados en el turismo desde la crisis financiera de 2008, encara un
futuro «muy incierto». Y el virus también sigue entre ellos. En los
últimos días Lisboa ha registrado un nuevo rebrote con 385 nuevos
contagios.
TITULO:
Escala humana - Más de cien empresas de Malpartida de Cáceres piden ayudas públicas ,. , -17- Junio , Miercoles ,.
El miercoles -17- Junio a las 21:00 por La 2, foto,.
Más de cien empresas de Malpartida de Cáceres piden ayudas públicas,.
Más de 100 empresas han presentado solicitudes de ayudas
para acogerse al Plan de Recuperación Económica y Social de Malpartida
de Cáceres (PRES), dotado con más de 230.000 euros para apoyar a
empresas y familias afectadas por la crisis. El plazo de presentación de
solicitudes de ayuda destinada a las empresas ya ha expirado, pero
sigue abierto el de las familias, que cuentan con 50.000 euros en
subvenciones directas. En breve se abrirá el plazo para los ganaderos.
El plan aprobado por la Corporación también incluye acciones de
normalización y consolidación de la memoria civil para compensar a los
malpartideños voluntarios y colaboradores por el esfuerzo, y para
homenajear a los fallecidos. En conjunto ha sido un programa que se
desarrolla en cinco líneas con las que se pretende contribuir al
fortalecimiento de la cohesión social, de las familias, de la actividad
empresarial y de garantía de la salud pública y normalización ciudadana.
TÍTULO: LA MAQUINA DE ESCRIBIR - Esta noche, 'En primera línea - La vuelta al trabajo de los comercios,.
LA MAQUINA DE ESCRIBIR - Esta noche, 'En primera línea - La vuelta al trabajo de los comercios, fotos,.
En primera línea': La vuelta al trabajo de los comercios,.
Este miércoles 17 de
junio, a las 22.45, Antena 3 emite una nueva entrega 'En primera línea',
que analiza cómo está siendo la vuelta a la vida normal tras la crisis
del coronavirus. Atresmedia ha homenajeado en sus especiales de En primera línea a todos los trabajadores cuyo esfuerzo y compromiso están permitiendo superar la crisis originada por la pandemia del coronavirus y, en esta ocasión, los reporteros del programa se desplazan a cuatro de las calles más populares y emblemáticas de España para mostrar cómo están recobrando poco a poco su actividad tras el parón originado por la pandemia del coronavirus. La Gran Vía de Madrid, las Ramblas de Barcelona, la calle Sierpes, en Sevilla y la Estafeta, en Pamplona, recuperan su vitalidad y la esencia de los centros neurálgicos más transitados de nuestro país.
Poco a poco, recuperando la normalidad
Este especial muestra cómo vecinos y comerciantes de toda la vida se afanan ahora en recuperar al público local y
en promocionar los espacios cedidos desde hace años a los turistas.
Reivindican la vida de barrio sin renunciar al visitante internacional
que, a partir del 1 de julio, entre en la Península.
Por primera vez, desde que se instaló la famosa cuenta atrás de la calle Estafeta de Pamplona, el reloj marca más de 365 días, que quedan para el chupinazo más anhelado, el del 6 de julio de 2021.
Este es el sexto especial de En primera línea,
tras los ya emitidos en homenaje a los sanitarios, a los trabajadores
de sectores esenciales, a los cuerpos de seguridad del Estado o a las
familias.
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