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martes, 21 de julio de 2026

Tarde de café - Detrás de la prostitución no hay un servicio. Hay una mujer que está siendo consumida ,. / Documaster - La Declaración de Independencia, sin retórica ,. / Al Médico - Salud - Lo que tu barriga intenta decirte ,.

 

TITULO:  Tarde de café - Detrás de la prostitución no hay un servicio. Hay una mujer que está siendo consumida ,.

 Tarde de café - Detrás de la prostitución no hay un servicio. Hay una mujer que está siendo consumida ,    fotos,.

 Detrás de la prostitución no hay un servicio. Hay una mujer que está siendo consumida,.

 Detrás de la prostitución no hay un servicio. Hay una mujer que está siendo consumida. #Yosíteveo

¿Está a favor o en contra de abolir la prostitución? Es una de las preguntas más complejas de un debate social histórico. Las opiniones son muy dispares, y hay quienes incluso entran en contradicción, diciendo que están "a favor" de su erradicación, pero reconociendo, al mismo tiempo, que la han "consumido alguna vez".

 

La abolición de la prostitución ha vuelto al tablero político de la actualidad después de que la ministra Ana Redondo dijese que estaba trabajando en un anteproyecto de ley para abolirla definitivamente. Lo cierto es que, de momento, no ha llegado, pero está previsto que lo haga durante este mes o los próximos.

Pamela, prostituta desde hace dos años, está en contra de su prohibición. "Soy psicóloga de profesión, puta de oficio y activista de convicción", expresa la mujer, quien defiende que "existen las trabajadores sexuales voluntarias e independientes", y que, en su caso, su cuerpo es su "medio de producción".

De esta forma, Pamela afirma que ejerce la prostitución de manera libre. Sin embargo, las asociaciones que abogan por su prohibición ponen en duda ese discurso: "Ante ese argumento quizás de una prostitución libre, la violencia detrás es igual; es la vulneración de los derechos humanos", manifiesta Kiersti Watt, coordinadora Nacional de Amar Dragoste.

Por su parte, Elisa, nombre ficticio para proteger su identidad, también accedió de manera voluntaria, pero terminó siendo víctima de explotación sexual: "Acababa de cumplir 18 años, así que mi perfil se vendía como de una niña; me dijeron que debía tener un perfil infantil, y yo no hablaba con los hombres, sino que me los encontraba directamente en la habitación", recuerda, a lo que añade: "Yo ya no era una persona, sino que me convertí en un objeto sexual por 150 euros la hora, y me podían hacer de todo".

Quienes optan por regularizarla, alegan prestar un servicio más de entrenamiento para adultos. "Nuestros clientes son las personas más normales; es el papá, el tío, el hermano...", señala Pamela, mientras que quienes la quieren erradicar ponen el foco precisamente en el cliente. "A día de hoy, hombres a través de un billete pueden comprar el consentimiento de una mujer", denuncia Kiersti Watt.

Y mientras unos piden que se les escuche para redactar la ley, como Luna White, activista por los derechos de los trabajadores sexuales, otros exigen garantías y determinación.

TITULO:  Documaster -  La Declaración de Independencia, sin retórica ,.

La Declaración de Independencia, sin retórica,.

El orgullo histórico se sustituye por el remordimiento. Por tanto, las rayas de la bandera de Estados Unidos ya no parecen tan espléndidas como antes, ni sus estrellas tan resplandecientes,.


La Declaración de Independencia, sin retórica

 foto - Donald Trump ,.

En los Estados Unidos acabamos de celebrar el 250 aniversario de la Declaración de Independencia. Y gracias en parte –pero sólo en parte– a las tergiversaciones del señor Trump, el odio al país en el resto del mundo es peor que nunca. Hace cincuenta años, en el bicentenario, recuerdo cómo los párvulos aprendían a recortar banderas nacionales de hojas de papel rojo, blanco y azul y a espolvorearlas con purpurina brillante. Esta vez habrá menos banderas y menos brillantez. El presidente sigue siendo arrogante y autocomplaciente, pero parece que el país ha perdido la confianza en sí mismo. Dentro de la unión federal, las divisiones son más profundas que en cualquier momento desde la guerra civil de los años 1860.

Las contradicciones que agrietan la fábrica del país empezaron con la misma Declaración de Independencia, publicada por supuestos amantes de la libertad, pero que despojaban a sus víctimas, abusaban de sus esclavos, y fundaron un «imperio republicano». Pero a fin de cuentas, aquella Declaración ha venido a ser, tal vez, el documento más influyente de la época moderna, por lo cual vale la pena de estudiarla más detenidamente.

Para comprender los motivos de sus editores, hay que descartar el preámbulo –la única parte que sigue leyéndose– por sus excesos retóricos, propagandísticos y, por lo visto, poco sinceros, y enfocarse en las cláusulas que siguen, donde los revolucionarios explicaron sus verdaderas prioridades. El documento se editó para justificar una rebelión republicana ante un mundo escéptico, donde predominaban los monarcas. Fue el trabajo de un comité y, como siempre cuando se trata de comités, el lenguaje se volvió cada vez más impreciso, con cada intervención, y acabó sirviéndose de invocaciones presuntuosas a libertad, igualdad y felicidad sin definirlas ni pensar siquiera en lo que significaban realmente. Las demandas de la parte clave del documento reflejaron los valores típicos de élites criollas e hidalgos provinciales: el control de su propio destino fiscal y sus propios súbditos, esclavos e indígenas, excluyendo a los burócratas imperiales.

La libertad proclamada no fue la de la ideología liberal predominante en la actualidad. Tenía poco que ver con el individualismo, y menos con el universalismo. Se trataba de un concepto civil y colectivo de los derechos de una clase dirigente: «The rights of freeborn englishmen». Según un mito que muchos estadounidenses siguen creyendo, la Declaración tuvo su origen en el pensamiento de los revolucionarios ingleses del siglo XVII y principios del XVIII, y sobre todo en el del sutil John Locke. Hasta cierto punto, Locke dictó conceptos importantes: la libertad para todos, menos los esclavos; la propiedad para todos, menos los indígenas; la tolerancia para todos, menos los que el Estado quería demonizar. Más influyente era el radicalismo de la Ilustración francesa, y sobre todo de Rousseau con su deísmo, su rechazo a la autoridad tradicional de tronos y púlpitos y su concepto de la voluntad general que debe superar a los derechos individuales.

Las fuentes fundamentales, empero, de las ideas políticas de los patrocinadores de la Declaración de Independencia siguen siendo desconocidas, porque el estudio de los clásicos grecolatinos se ha desplomado en los EE.UU. Y es allí donde se deben buscar las lecturas que formaron las mentalidades de Jefferson, Madison, Franklin, Hamilton y sus colaboradores. Todos, menos Washington (que fue el gran emprendedor de la revolución sin destacar entre sus pensadores), eran producto de esa educación.

Conozco bien su trayectoria escolar porque mi primer trabajo fijo, hace más de medio siglo, fue como maestro de escuela en uno de los colegios más antiguos de Inglaterra. Por ejercer también el oficio de bibliotecario, me tocó ocupar un aula cerca de la biblioteca, rodeada de estanterías polvorientas, llenas de los libros que se empleaban como textos en el siglo XVIII. En los raros momentos de ocio de la vida del docente, yo solía ojear los volúmenes medio carcomidos en sus coberturas de cuero oloroso, contemplando las anotaciones desteñidas de los alumnos y profesores de aquel entonces. Las obras más frecuentes no eran las que formaban mi propia niñez a mediados del siglo pasado, tales como los poemas de Homero, Horacio, Virgilio, ni las historias de Tucídides o César. Las lecturas preferidas de los escolares de la época de formación de los autores de la Declaración de Independencia norteamericana fueron las oraciones de Demóstenes, Isócrates y Cicerón, y sobre todo las 'filípicas' –diatribas en contra de las supuestas tiranías de Filipo de Macedonia y, en el caso de Cicerón, de Marco Antonio.

Era comprensible que se eligieran tales libros, ya que la meta de la educación de un señorito inglés del siglo de las luces era lograr dominar las artes retóricas –algo que por lo visto alcanzaron con éxito Jefferson y sus colegas. Todos los grandes signatarios de la Declaración de Independencia se educaban mediante los mismos libros, formándose en el mismo currículum inglés, con el mismo énfasis en ciertos textos clásicos. He aquí el origen de su retrato de la 'tiranía' de Jorge III de Inglaterra y su reivindicación a una ciudadanía supuestamente oprimida.

Desde aquel momento, los regímenes políticos sucesivos dentro de los EE.UU. han mantenido la mezcla paradójica de la Declaración: a un tiempo benigna y bravucona, idealista e imperfecta, generosa y guerrera, que ha inspirado reacciones ambivalentes en enemigos y aliados. En el XIX y gran parte del XX, prevalecían las opiniones positivas. Los revolucionarios del mundo plagiaban la Declaración de Independencia. Las repúblicas copiaban la Constitución estadounidense. La obra de Alexis de Tocqueville convenció a los progresistas mundiales de que la democracia norteamericana era modélica. Aspectos de la cultura estadounidense conquistaron el globo. Todo se realizó a pesar del hecho de que el país nació en rebeldía, se nutrió de esclavitud, se gobernó por plutócratas, se engrandeció con guerras y se enriqueció expropiando a sus víctimas y explotando sus minorías. América se comprometió a «hacer temblar a los tiranos» y apoyaba a todos los tiranos que parecían manejables.

Ya no se enseña a los jóvenes norteamericanos a leer las obras de Demóstenes ni de Cicerón. Ni se mantiene el currículum altisonante, grandilocuente y más o menos positivo del bicentenario de la Declaración de Independencia. Al igual que en España, la doctrina predominante se ha cambiado por completo en los últimos cincuenta años. Los mitos de un pasado glorioso se han descartado. El nacionalismo que piensa que el país es el mejor del mundo cede ante un patriotismo que aspira a que lo sea. El orgullo histórico se sustituye por el remordimiento. Por tanto, las rayas de la bandera ya no parecen tan espléndidas como antes, ni sus estrellas tan resplandecientes.

TITULO:  Al Médico - Salud - Lo que tu barriga intenta decirte ,.

Lo que tu barriga intenta decirte,.

barriga
 
foto - Barriga,.

Muchos hombres y mujeres creen que ganar barriga es simplemente consecuencia inevitable de cumplir años. Sin embargo, desde el punto de vista médico, el aumento de grasa abdominal puede ser mucho más que un problema estético: puede ser una de las primeras señales de alarma de que el metabolismo empieza a deteriorarse.

La clave está en la grasa visceral, la que se acumula alrededor de los órganos internos. A diferencia de la grasa superficial, esta no permanece «quieta». Se comporta como un auténtico órgano inflamatorio capaz de producir sustancias que alteran el metabolismo, favorecen la resistencia a la insulina y dañan el sistema vascular. Este proceso es una de las bases del síndrome metabólico, un trastorno extremadamente frecuente y a veces silencioso. No es una sola enfermedad, sino la combinación de factores que suelen aparecer juntos: aumento del perímetro abdominal, hipertensión, triglicéridos elevados, descenso del colesterol HDL y alteraciones de la glucosa. El problema es que durante años puede no producir síntomas evidentes. Muchas personas siguen haciendo vida normal mientras el organismo desarrolla inflamación crónica, hígado graso, daño vascular y alteraciones hormonales. Y no hablamos solo de diabetes. El síndrome metabólico aumenta el riesgo de infarto, ictus, deterioro cognitivo, apnea del sueño e incluso disfunción eréctil.

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