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martes, 28 de julio de 2026

Natural - Hoyocasero, Avila ,. / Los Reporteros Canal Sur Televisón - EE.UU. atacó Irán porque estaba a pocas semanas de lograr la bomba nuclear ,. / Tierra y Mar - Llega el tomate Oyín, el producto estrella del campo almeriense ,. / REVISTA EPOCA - Economía - Grandes empresas españolas se exponen a sanciones millonarias de Trump por Cuba ,.

 

 TITULO:  Natural - Hoyocasero, Avila ,. 

 Natural  La Sexta emite este miércoles -  29 - Julio a las 22:30 horas, foto,.

 Hoyocasero, Avila ,.

 El señor de los bosques - Hoyocasero, Avila

 El Pinar de Hoyocasero es un tesoro botánico desconocido, sus plantas en peligro de extinción lo hacen muy valioso. Antonio Carmona nos acompañará en esta ocasión y le enseñaremos el arte de este bosque.

 

TITULO: Los Reporteros Canal Sur Televisión - EE.UU. atacó Irán porque estaba a pocas semanas de lograr la bomba nuclear,.

El Sabado - 25 - Julio  a las 21:30 por Canal Sur Televisión,foto,.

EE.UU. atacó Irán porque estaba a pocas semanas de lograr la bomba nuclear,.

La escalada del programa iraní, el golpe de 2025 y el fracaso del diálogo en Ginebra llevaron a la Casa Blanca a la ofensiva que decapitó al régimen,.

 Ejército de Irán, listo para defender Revolución y combatir arrogancia | HISPANTV

Jamenei, en una ceremonia de las fuerzas armadas en Teherán.

Donald Trump dio a Irán un ultimátum claro: debía renunciar al enriquecimiento y aceptar suministro exterior de combustible nuclear para un uso estrictamente civil; de lo contrario, el ataque del 27 de junio de 2025 sería solo un aperitivo. En Teherán, los ayatolás pensaron —como Nicolás Maduro en su momento— que el presidente estadounidense iba de farol. Solo después comprendieron hasta qué punto hablaba en serio.

El programa nuclear iraní, presentado por Trump como la razón central para ordenar el ataque del 28 de febrero, es el hilo más persistente de la confrontación entre Washington y Teherán desde hace más de dos décadas. La pelea no es solo si Irán quiere o no una bomba, sino cuánto tarda en poder construirla si toma esa decisión, qué capacidad industrial conserva y qué margen real tienen los inspectores internacionales para verificarlo. En la Casa Blanca lo traducen a un cálculo político: el día que Irán pudiera rozar el 90% con rapidez, el coste de frenarlo se disparaba y la ventana de decisión se estrecharía hasta quedar reducida a unas horas.

Los orígenes del programa se remontan en realidad a antes de la Revolución Islámica de 1979, pero el foco estadounidense se enciende en 2002, cuando un grupo opositor denunció la existencia de instalaciones nucleares secretas y el asunto dejó de ser un proyecto energético para convertirse en una crisis de proliferación en pleno ciclo posterior al 11-S. Desde entonces, Irán ha defendido que su programa es civil y que tiene derecho a enriquecer uranio como Estado soberano, mientras Estados Unidos y sus aliados han leído ese enriquecimiento como el punto de partida técnico del camino hacia un arma nuclear, porque quien domina el ciclo del combustible reduce su dependencia exterior y gana autonomía estratégica.

El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) ha sostenido que, hasta 2003, Irán desarrolló un «programa estructurado» con actividades relevantes para un dispositivo nuclear. La evaluación posterior dominante en la inteligencia occidental fue que Teherán detuvo un programa formal de armas ese año, pero no abandonó conocimientos, infraestructura ni la capacidad de aproximarse de nuevo a esa meta. Ese matiz —no hay bomba declarada, pero sí toda una plataforma industrial y científica— es lo que alimentaba la tensión permanente: sanciones cuando avanzaba, negociación cuando se estancaba, amenazas cuando se aceleraba.

Hubo mucha presión hasta que Barack Obama decidió abrir una vía de deshielo con límites y verificación. El acuerdo de 2015 intentó cerrar el debate con un intercambio clásico: restricciones a la producción y un régimen de inspecciones de la OIEA a cambio de alivio de sanciones. En términos prácticos, Washington aceptaba que Teherán siguiera enriqueciendo, pero a niveles bajos y bajo vigilancia intensa. La lógica era ganar tiempo y previsibilidad.

La objeción, desde el primer día, fue política: el pacto nacía con un problema interno en Estados Unidos y con una contestación frontal de Israel. Los republicanos y Benjamín Netanyahu lo consideraron demasiado permisivo por su carácter temporal y por dejar fuera el programa de misiles y la red de milicias aliadas de Irán en la región. Netanyahu fue invitado entonces a repudiarlo en el Capitolio, en una escena que tensó la relación con los demócratas y dejó el acuerdo marcado como una herencia frágil.

Trump, en su primer mandato, retiró a Estados Unidos del pacto en 2018 y reimpuso sanciones dentro de una estrategia de «máxima presión». Su argumento fue que el acuerdo era insuficiente y que, a largo plazo, normalizaba a Irán como potencia nuclear latente.

JUNIO DE 2025

El OIEA manejaba cifras de un stock significativo de uranio al 60%

A partir de ahí, Irán dejó de cumplir gradualmente los límites del acuerdo y fue escalando el programa. Con el tiempo, el enriquecimiento avanzó hacia niveles que ya no encajan con un uso civil, deel 60%. No es grado militar, que suele situarse en torno al 90%, pero es un escalón muy, muy cercano.

En términos técnicos, enriquecer hasta el 60% implica haber completado la parte más costosa del proceso; el tramo final hasta el 90% puede ser más rápido si ya existe material y si las cascadas de centrifugadoras están disponibles. El director general del OIEA, Rafael Grossi, lo ha descrito como «cuestión de semanas, no de meses ni años» para enriquecer del 60% al 90%.

En junio de 2025, antes de que Estados Unidos atacara, el OIEA manejaba cifras de un stock significativo de uranio al 60%, y se citaba que alrededor de unos 42 kilos de ese material podría bastar, si se enriquece más, para el material de una bomba.

La inteligencia estadounidense, por su parte, hablaba de plazos cortos para producir uranio de grado militar si existiera la decisión política: probablemente menos de una semana para acumular material suficiente para una primera bomba, mientras que construir un artefacto podría llevar meses.

Ese escenario llevó al ataque del 27 de junio de 2025 contra Fordow, Natanz e Isfahan, las instalaciones nucleares de Iran, presentado por Trump como una demolición del programa. La OIEA habló de daños severos, pero no de destrucción total, y la gran incógnita se mantuvo, ¿cuánto material quedó, dónde estaba y cuánto podía reconstituirse?

Tras esos golpes, el organismo retiró inspectores por seguridad y la cooperación se degradó. Hubo inspecciones posteriores, pero no en las instalaciones golpeadas, y se habló de actividad «no explicada» en emplazamientos relacionados con el programa. Imágenes via satélite mostraron trabajos en edificios dañados y signos de actividad. La lectura en Washington fue doble: Irán había perdido infraestructura, pero no su conocimiento; podía reconstruir, aunque fuera más lento, y además podía jugar con la opacidad para aumentar la incertidumbre.

La Casa Blanca volvió a la vía diplomática en febrero de 2026 con negociaciones en Ginebra, en paralelo a un despliegue militar en la región que funcionaba como presión y como recordatorio. Esta ronda se desarrolló con demandas máximas. Los enviados Steve Witkoff y Jared Kushner fueron a exigir que Irán desmantelara sus tres principales instalaciones nucleares (Fordow, Natanz e Isfahan) y entregara todo su uranio enriquecido restante a Estados Unidos. Washington también planteó que cualquier nuevo acuerdo no tuviera fecha de caducidad, es decir, que fuera «para siempre» y no incluyera cláusulas que vayan levantando restricciones con el paso del tiempo.

Washington ofrecía alivio de sanciones limitado, gradual y condicionado a cumplimiento prolongado. Teherán buscaba alivio sustancial y rápido para una economía debilitada y un clima social que, según el relato de la propia Administración Trump, se estaba volviendo explosivo. En esa negociación, el programa nuclear no era solo una cuestión técnica: fue el último gran instrumento de presión que conservaba Irán y el argumento más potente de Trump para justificar una escalada militar si no había acuerdo.

 

TITULO: Tierra y Mar -   Llega el tomate Oyín, el producto estrella del campo almeriense  ,. 

Domingo - 26 - Julio a las 14:00 horas por Canal Sur Televisión, foto,.

Llega el tomate Oyín, el producto estrella del campo almeriense,.

Llega el tomate Oyín, el producto estrella del campo almeriense

El tomate ha sido tradicionalmente el producto estrella del campo de Almería, en los últimos años ha ganado terreno el pimiento situándose a la cabeza de los productos exportados.

Para poder sobrevivir se ha optado por la especialización y hay nuevas variedades de tomate con sabor y calidad inigualables. Les  presentamos uno nuevo, el Oyín, y vamos a la mayor cooperativa comercializadora de tomate de Europa, viendo también otras variedades y cómo funcionan las subastas.

Tomate raf, pera, cherry, ojo de buey... y ahora Oyín. Hay más de 20 variedades de tomate en la Cooperativa CASI que es la mayor comercializadora de tomate de toda Europa. Competir con calidad e innovación para conquistar los mercados y hacer frente a las exportaciones de terceros países como Marruecos o Turquía es el futuro de la agricultura de nuestra tierra. Por eso, empresas de semillas, multinacionales no paran de innovar, pero también pequeños agricultores, uno de ellos, José Miguel Martínez ha montado una pequeña empresa de semillas y han sacado esta variedad: el oyín tomate negro muy parecido al raf, muy dulce, crujiente pero más suave y más fácil de cultivar.

Una innovación made in Almería que ha cundido de boca en boca por los agricultores que han plantado ya 20 hectáreas de invernaderos. 

 

TITULO:  REVISTA EPOCA - Economía - Grandes empresas españolas se exponen a sanciones millonarias de Trump por Cuba  ,.  

  REVISTA EPOCA - Economía - Grandes empresas españolas se exponen a sanciones millonarias de Trump por Cuba ,.   fotos ,.

Grandes empresas españolas se exponen a sanciones millonarias de Trump por Cuba,.

Una nueva orden ejecutiva pone en riesgo operaciones en la isla tanto de las cadenas hoteleras como del sector financiero,.

Uno de los hoteles gestionados por Meliá en La Habana (Cuba).

Las sanciones de Estados Unidos sobre Cuba adoptan una nueva dimensión y disparan el riesgo para las empresas españolas con intereses en la isla. El presidente norteamericano, Donald Trump, ha emitido una nueva orden ejecutiva por la cual grandes compañías de nuestro país podrían llegar a ser sancionadas por realizar operaciones con ciertos grupos y ciudadanos cubanos. 

 

Hasta la fecha, EE.UU. podía bloquear operaciones de empresas y personas estadounidenses con Cuba. Aunque con ciertas excepciones, los actores comerciales extranjeros sin vínculo con Estados Unidos estaban en gran medida protegidos de riesgos de sanciones. Eso cambia radicalmente con el nuevo marco ya que se autoriza a los secretarios de Estado y del Tesoro americanos a sancionar a cualquier persona o empresa extranjera que negocie con ciertos actores de Cuba cuando se cumplan varios criterios, como indica el despacho internacional Squire Patton Boggs en una nota a clientes.

Así, se autoriza la imposición de sanciones a cualquier empresa o persona extranjera que opere en los sectores energético, de defensa, minería, servicios financieros o seguridad de la economía cubana, pero también se deja abierto a fijar sanciones contra cualquiera que haga transacciones con el Gobierno del país o empresas o personas sancionadas bajo esta nueva orden. También abarca transacciones significativas de bancos con sujetos sancionados.

Por el momento, la lista de sancionados bajo la nueva orden y con los que, por tanto, no se pueden realizar transacciones comerciales es corta pero de calado: el holding militar Gaesa, su presidenta y la minera Moa Nickel. La clave es Gaesa ya que, según el propio Estados Unidos, controla el 40% de la economía cubana; por ejemplo, todo el negocio turístico en la isla.

El hecho de tener vínculos financieros u operativos con Gaesa expone a las empresas españolas a ser sancionadas por Estados Unidos. Sanciones que podrían implicar bloqueos de activos, sanciones monetarias, dificultades para operar en dólares… un abanico amplio para que se deje de hacer negocios con la isla.

«Desde el punto de vista jurídico es un cambio importante ya que Estados Unidos se dota de un arma que podrá usar como quiera. Aquellas empresas que estén en Cuba va a ser más complicada su existencia en el país. Habrá un escrutinio mucho más importante por parte de bancos, aseguradoras y socios a la hora de hacer negocios allí y muchas empresas se pensarán si les vale la pena continuar», explica José María Viñals, socio en Squire Patton Boggs, quien añade que «las entidades financieras tendrán que hacer un análisis muy exhaustivo y revisar su historial de crédito con la isla».

Fuentes empresariales señalan que el asunto es «muy delicado» para ciertas compañías españolas y que algunas tendrán que tomar la decisión de si continuar o no operando en ese país al estar bajo el riesgo de ser sancionadas por Estados Unidos. Desde despachos de abogados señalan que ya se han producido consultas de empresas españolas sobre cómo proceder ante este riesgo.

Golpe a compañías españolas

En el mundo empresarial califican el asunto de «muy delicado» y creen que habrá quien tenga que decidir si continúa o no en el país

Ignacio Aparicio, executive partner de Andersen y socio responsable del Cuban Desk, explica que las preocupaciones de las compañías abarcan: «La validez y continuidad de sus contratos con entidades vinculadas a Gaesa; el riesgo personal de sus directivos respecto a los visados de entrada a EE.UU.; y la posición de sus bancos y aseguradoras ante operaciones en curso. Este no es un riesgo hipotético ni lejano ni jurídicamente sencillo».

El experto de Andersen cree que de forma gradual y selectiva habrá una cierta retirada de empresas españolas de Cuba y añade que la cada vez más fuerte presión norteamericana «coloca al Gobierno español en una posición incómoda frente a Washington, añadiendo una dimensión política que las empresas no pueden ignorar al valorar su estrategia en la isla», aunque, de todas formas, no prevé una retirada total de las empresas españolas. A nivel internacional, la minera canadiense Sherritt International ya ha anunciado el cese inmediato de su participación directa en empresas mixtas en la isla.

Viñals, de Squire Patton Boggs, coincide en que estas nuevas sanciones van a «desincentivar aún más la inversión en Cuba» ya que se pueden usar como una herramienta de política exterior y de seguridad y que, en todo caso, «Europa tendrá que decidir si protege a las empresas europeas y se enfrenta a Estados Unidos» ya que dispone de algunos mecanismos legales para intentar impedir el cumplimiento de posibles sanciones a sus compañías.

Exposición española

Dentro de este marco, las empresas españolas más expuestas a Cuba están en el sector turístico y en el financiero. Cadenas como Meliá, Barceló e Iberostar gestionan hoteles en el país; otros como Banco Sabadell y una entidad de Javier Botín llamada Alto Cedro representan la exposición del sector financiero.

Pero sin duda las más importantes que operan en Cuba son las hoteleras. Según el ICEX, las empresas turísticas españolas gestionaban el año pasado unas 30.000 habitaciones en la isla, de las cuales unas 3.000 son en régimen de empresa mixta y el resto en régimen de CAD (contratos de administración hotelera), «la forma más utilizada en Cuba». La mayor parte de estos contratos de administración se centran en hoteles de 5 y 4 estrellas «siendo España el líder indiscutible en estos dos niveles», destaca la entidad en un informe fechado a mayo de 2025.

Como marcas españolas presentes en la isla, la entidad menciona a Meliá, Iberostar, Roc, Barceló, Valentín, NH, Blau, Axel y Sirenis. También destaca que «alguna de ellas tiene planes de expansión». Asimismo apunta a que hay varias empresas que están involucradas en el desarrollo de grandes proyectos inmobiliarios asociados a campos de golf, tres de las cuales tienen acuerdos firmados con las autoridades cubanas. Pero en este punto, el ICEX destaca que la activación del Título III de la Ley Helms-Burton por la Administración Trump «ha introducido incertidumbre respecto a la marcha de algunas de estas inversiones». Esta norma da derecho al país norteamericano a demandar a empresas que se lucren con los bienes confiscados por las autoridades castristas.

La mayor de todas ellas es Meliá, que dispone de alrededor de más de 14.000 habitaciones en la isla, repartidas en 34 establecimientos. Una cifra que solo supera en España y en la región Emea (Europa, Medio Oriente y África). Solo el año pasado, la compañía abrió tres hoteles en el país caribeño, uno de ellos de 771 habitaciones en Varadero, la mayor de las aperturas en el mundo durante ese año para la firma balear. La singularidad de este mercado está en que todos los hoteles que opera son en calidad de gestión porque la propiedad de todos los inmuebles es del Estado.

Sector turístico

30.000

habitaciones en la isla

Esto es lo que gestionaban en Cuba las hoteleras españolas, entre las que destacan Meliá e Iberostar como grupos con mayor volumen de negocio

Pero no es la primera vez que la empresa familiar se expone a las amenazas de la Administración Trump. Ya en el primer mandato del actual presidente estadounidense, Washington incluso llegó a vetar la entrada a EE.UU. del presidente y consejero delegado de Meliá, Gabriel Escarrer, tras decidir aplicarle la Ley Helms-Burton. Bajo ese paraguas, el Departamento de Estado de Estados Unidos mandó una notificación a Escarrer en octubre de 2019 avisándole de que no podría entrar al país, si no aceptaba una serie de condiciones sobre su operativa en Cuba. Meliá, en cambio, decidió no seguir la directriz del ejecutivo estadounidense alegando que era contraria al derecho europeo.

Siete años después de aquel suceso, Meliá dispone de casi 2.000 habitaciones y cinco hoteles menos que entonces, pero porque tras el Covid-19 la recepción de turistas internacionales a la isla se ha desvanecido casi a cero alentado por la crisis de suministros. La puntilla llegó a principios de este año, cuando el bloqueo energético y comercial de EE.UU a Cuba dejó sin disponibilidad de combustible a las aerolíneas, lo que ha llevado a compañías como Iberia a cancelar su operativa en la isla desde junio. Ahora, Meliá reconoce que solo tiene abierta el 50% de su capacidad en la isla y que depende casi exclusivamente del turista nacional, por lo que su actividad es mínima.

Junto a Meliá, hay otras hoteleras españolas que podrían estar expuestas a las sanciones. Otro ejemplo sería Iberostar. La compañía de la familia Fluxá dispone de 18 hoteles en el país y le supone uno de los mercados más importantes. Hace dos años reconoció un beneficio antes de impuestos en el país de 9,7 millones, sobre un global para todo el mundo de 196,9 millones.

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