DESAYUNO - CENA - SABADO - VICTIMA Y VERDUGO,./ ENREDATE ¿ QUE HAY DE NUEVO ? - ¿ EL FIN DE LA MALDICIÓN DE DICAPRIO?,.
TITULO: DESAYUNO - CENA - SABADO - VICTIMA Y VERDUGO,.
El cine teme a ETA,. foto
Imanol
Uribe aborda el más tabú de los temas en un drama sentimental, 'Lejos
del mar'. Cada vez se ruedan más títulos sobre la banda terrorista, pero
la mayoría dan rodeos.
Esta semana se proyectó en San Sebastián Lejos del mar, la
nueva película de Imanol Uribe, uno de los directores españoles que más
ha hablado de ETA en sus películas. Con ésta continúa la trilogía
comenzada con La muerte de Mikel (1984) y Días contados
(1994). Uribe narra la historia de Marina (Elena Anaya). De niña vio
cómo asesinaban a su padre delante de sus ojos. Ahora vive en un pueblo
del Cabo de Gata. Está casada con un periodista y tiene un hijo, aunque
no parece muy feliz en su matrimonio. Santi (Eduard Fernández), el
etarra que mató a su padre, sale de la cárcel y va a dar al pueblo donde
vive Marina, quien lo reconoce al instante. En el pase para
Prensa en San Sebastián se oyeron risas. ¿Qué es lo que falla para que
un tema tan espinoso abordado en clave de drama sentimental acabe
resultando cómico? "La intención de la película es bucear en ese
problema, ese pasado colectivo que tenemos todos", explica el cineasta a
EL ESPAÑOL. ¿Puede ser malinterpretada esa intención? "Nunca sabes. La
respuesta del espectador se me escapa".
noticias relaciona,.
Más allá de lo improbable de la casualidad que lleva a Santi a
cruzarse con Marina, lo que chirría en Lejos del mar es la trama
posterior: Marina tratará primero de matar a Santi y después -atención, spoiler,
no hay otra forma de analizar el filme-, acabará entregándose a su
cuidado y, poco después, a sus brazos. Todo de forma bastante
inexplicable, con diálogos sucintos que obligan al público a un
ejercicio de imaginación. Como el final que propone Uribe, con una
narración cinematográfica que oculta detalles y deja preguntas en el
aire, como si el director de Bilbao no quisiera definirse en el terreno
de la culpa y el odio. Asegura Uribe que el filme no trata de lanzar
ningún mensaje. "No quería. He intentado huir de la política inmediata y
hablar de sentimiento, de personas, de las secuelas que produce la
violencia con el paso de los años". Para eso, ha dibujado a Santi
como un buen tipo, que ayuda a sus amigos -a Almería acude para velar
por su compañero de celda, un yonqui enfermo incapaz de ordenar su vida
que lo ve como a un hermano mayor-, un hombre serio y abrumado por lo
que hizo en su pasado. Uribe cree que también un etarra puede ser
redimido. "Son personas, cada uno con su responsabilidad. No es lo
mismo, ni de coña, que una víctima. Pero tienen su corazoncito, su
pasado, su reflexión sobre lo que han hecho, sobre lo que podían haber
hecho y no hicieron, y viceversa. La película podría no transcurrir en
el País Vasco, podría haber sido en otro país y en otro momento. Trata
un tema universal: la relación entre la víctima y el agresor". Marina,
en cambio, aparece ante nuestros ojos como alguien incapaz de superar el
rencor. No es la primera vez que el cine español habla de ETA y
la situación del País Vasco durante las últimas décadas. De hecho, en
los últimos años, parece un tabú que cada vez más va derrumbándose. Los
ejemplos históricos llegaron con cuentagotas: Operación Ogro (1979), El proceso de Burgos (1979), del propio Uribe: Yoyes (2000), de Helena Taberna... Mario Camus contó en Sombras en una batalla
(1978) el encuentro entre una ex etarra y un antiguo miembro de los
GAL. Poco que ver con el encuentro entre víctima y verdugo. El GAL
aparece también en Lasa y Zabala, de Pablo Malo (2014), una
mirada necesaria pero incompleta a la realidad del País Vasco de
aquellos años. Los títulos más recientes abundan: La casa de mi padre (2008), de Gorka Merchán, una historia familiar con el ambiente de la kale borroka de fondo; o Negociador, de Borja Cobeaga (2014), por citar sólo algunos.
Casos sin resolver
Uno
de los cineastas que más claro han hablado sobre el terrorismo de ETA
es Iñaki Arteta, un donostiarra que ha dirigido documentales como Voces sin libertad (2004), Trece entre mil (2005), El infierno vasco (2008) y 1980
(2013). "No creo que ya nadie tenga miedo a que le pase algo. Ni que
nadie lo haya tenido, salvo quizá yo un poco y alguno más", responde
sobre el silencio del cine español sobre el tema vasco. Un
silencio a medias. ¿Ha habido películas? Sí. Desde 1978 hasta nuestros
días se han producido en España unos 4.000 títulos entre ficción y
documentales. De ellos, entre 50 y 60 se han acercado a ETA. Pero sólo
unos pocos lo han hecho de frente. No más de una decena. Para Arteta,
"tiene que ver con el enfoque que se ha dado desde el mundo del arte en
general a cómo encuadrar a un terrorista de corte nacionalista. Porque
cómo retratar a un terrorista de extrema derecha, eso lo tiene claro
todo el mundo. Pero a un nacionalista... La gente del cine no ha querido
adentrarse en eso". Arteta cree que "más que miedo, hay un rechazo a un
tema que los directores intuyen como muy complicado". Arteta
trabaja ya en su nuevo documental, que lleva provisionalmente por título
Impunidad. Intenta levantarlo con crowdfunding, aunque con pobres
resultados de momento. En él se acercará a los asesinatos relacionados
con la banda terrorista que siguen sin resolverse. Expedientes cerrados,
callejones sin salida... Habrá testimonios de víctimas e
investigaciones de Daniel Portero y Juanfer F. Calderín, de Covite. Al
margen de esfuerzos aislados como el de Arteta, ETA sigue siendo un
emperador desnudo al que muy pocos señalan con el dedo de forma directa.
Hay aventuras dramáticas, ficción variada, pero en muchos casos se
sirven de giros o argumentos que evitan el posicionamiento y el
conflicto. Otros lo intentan pero se quedan a medio gas. Para algunos
los atentados de ETA son sólo un telón de fondo para la historia que
quieren narrar. En los últimos años se han acercado sin entrar en profundidad en el problema películas como La pelota vasca
(2003), de Julio Medem, documental en el que daba voz a uno y otro
lado, las víctimas de ETA y las de torturas de las fuerzas de seguridad y
la guerra sucia del Estado; tampoco metía el dedo en la llaga Todos estamos invitados (2008), de Manuel Gutiérrez Aragón. El Lobo (2004), de Miguel Curtois, y Santuario (2015), de Olivier Masset-Depasse, eran más thrillers históricos sobre diferentes momentos de la banda.
Demasiada equidistancia
Para
Arteta, no hay apenas películas que reflejen lo que ha significado en
la sociedad todo esto. Ahí no se le hinca el diente. Llegará el momento.
Entiendo que es complicado. Falta tiempo". Y hace una reflexión: "Mira
qué se estrenó en 1980. El año con más muertes de la banda. La primera
de Almodóvar, una de Julio Iglesias... Miras las ciento y pico películas
de ese año y piensas que en España no pasaba nada". Aunque tiene una
clave que conviene recordar: "Las películas que se hacen son las que
quieren los productores". Ha habido incluso filmes que se sitúan
en una equidistancia peligrosa entre el País Vasco pro-ETA y el que
sufre a la banda como Asier Eta Biok (Asier y yo)
(2013), de Aitor Merino, un documental en el que el director narra su
amistad desde la infancia con el etarra Asier Aranguren, a quien
cuestiona su filiación pero al que también da voz. Arteta no ha
visto aún el filme de Uribe y por lo tanto no puede opinar. Le da
crédito de entrada: "En su trayectoria se ha preocupado mucho por el
asunto y creo que no ha dado malos enfoques". Días contados era
una película muy buena, recuerda. Algo en lo que muchos estamos de
acuerdo. Y aquí entramos ya en un asunto espinoso: la calidad del cine,
al margen del enfoque elegido para abordar un tema tan complicado. Al
final, lamenta Arteta, "lo que no hay son buenas películas. De las 50 o
así que se han hecho de ETA, recuerdo 4 o 5 que podría decir que lo
son". Que cada cuál decida si el número es acertado. Y si es así, cuáles
son las que se salvan.
Desayuno: Un vaso de leche o yogur, en definitiva, algún lácteo; y
tostada o algún otro tipo de cereal; también se le puede añadir una
pieza de fruta.
Cena: Revuelto de espinacas o espárragos con huevo, y pollo a la plancha,.
TITULO: ENREDATE ¿ QUE HAY DE NUEVO ? - ¿ EL FIN DE LA MALDICIÓN DE DICAPRIO?,.
¿El fin de la maldición de DiCaprio?,.
-foto--Leonardo DiCaprio opta por sexta vez a un Oscar por 'El renacido', filme nominado en 12 categorías.
Coleccionista de Picassos y de novias de pasarela, opta por sexta vez al Oscar. 'El Fideo' nunca ha estado tan cerca,.
Leonardo DiCaprio (California, 1974) ha vuelto con fuerza al
candelero. Su sexta nominación a los Oscar junto con el careto que le
puso a Lady Gaga en la entrega de los Globos de Oro ha hecho correr ríos
de tinta... además de bromas de lo más creativas. A sus 41 años, el
'niño' mimado de Hollywood está más cerca que nunca de la estatuilla que
tanto se le resiste. Seguro que el humorista Chris Rock ya ha incluido
en su guión para la gala del próximo 28 de febrero la tradicional
bromita por si otra vez, y ya irían seis, DiCaprio se queda sentado sin
subir al escenario.
Sobre el protagonista de 'Titanic' y actor fetiche de Martin Scorsese
pesa una maldición, como aseguran su legión de fans desde que con solo
19 años optase por primera vez al Oscar como actor de reparto por '¿A
quién ama Gilbert Grape?'. No hay una razón concreta por la que nunca se
lo haya llevado a su casa, pero muchos ven en su afición por las
fiestas y en salir con modelos el odio que le profesan muchos
académicos. Los más diplomáticos apuntan a su físico: su cara aniñada,
pese a su edad, le resta credibilidad a sus papeles. Algo que parece no
importarle a la crítica, que lo ha premiado por 'El aviador', 'El lobo
de Wall Street' y 'El renacido', esta última llamada a dar la campanada
en el teatro Dolby de Los Ángeles tras sus 12 nominaciones. La taquilla y
las marcas también lo adoran: DiCaprio ingresó solo en 2015 unos 25
millones de euros por cine y publicidad. Cobró tres millones por un día
de trabajo para un anuncio de una empresa china. Su fortuna, según
'Forbes', se eleva a unos 200 millones. A sus 'tesoros' parece que esta
vez por fin sumará el dorado galardón y no tendrá que esperar a uno
honorífico, como le pasó a Robert Redford. La alfombra roja ya le
espera, pero por ella no desfilará de la mano de ninguna de sus
espectaculares novias. Su curriculum de conquistador deja una idea clara
de su tipo de chica: modelo, rubia, alta y con curvas. Gisele Bündchen y
Bar Rafaeli (las dos ahora felizmente casadas) son las que más le
duraron. Sus hazañas en el campo de la seducción dejan a George Clonney y
Sean Penn en unos aprendices. La prensa estadounidense lo incluye en el
grupo llamado «cazadores de gatitas» (el nombre lo dice todo), junto a
sus íntimos Tobey Maguire y Harmony Korine. Y eso que en el colegio le
apodaban 'El Fideo' por su aspecto debilucho y aniñado. En clase
destacaba por su «arranque lento con las chicas». ¡Su primera novia se
la echó por teléfono! «Tuvimos una hermosa relación por teléfono todo el
verano y cuando al fin nos encontramos no pude mirarla a los ojos»,
recuerda ya convertido en un 'sex symbol'. Quizás para desquitarse sigue
sumando conquistas mientras proclama que por ahora solo le regalaría
diamantes a su madre, Irmelin Indenbirken, a la que venera y con la que
suele viajar en las promociones de sus películas.
De origen alemán (él chapurrea algunas frases), mamá DiCaprio pasó
una infancia traumática a causa del nazismo y la posguerra (nació en
1943) y lleva a su hijo firme a pesar del éxito: Es una mujer tremenda.
Ella le dice a todo el mundo lo que piensa a la cara, y mirando
directamente a los ojos. No se corta. Por ejemplo cuando una revista
publicó un posible romance con la cantante Rihanna dijo: «Estoy cansada
de ver cómo malgasta su vida con bomboncitos». De ella surgió ponerle a
su pequeño Leonardo tras notar su primera patada observando un cuadro de
Da Vinci en la galería de los Uffizi, en Florencia.
Filántropo comprometido
De esas visitas culturales ha heredado el gusto por el arte, además
de que su padre, George Di Caprio, ejercía como dibujante de cómics
antes de divorciarse cuando Leo apenas contaba dos años. DiCaprio es de
los que se planta de incógnito en galerías de arte de todo el mundo para
ampliar su colección personal en la que no faltan obras de Picasso y
Salvador Dalí. Pagó 352.000 euros por una pieza del joven colombiano
Óscar Murillo, lo que elevó espectacularmente la cotización del artista
de 29 años. También destina un buen pico de sus ganancias al partido
demócrata y Ongs sensibilizadas con la conservación del planeta. De
hecho, protagonizó un impactante discurso en la sede de la ONU en Nueva
York durante la Cumbre del Clima en 2014 y la revista 'Time' lo ha
incluido entre las 100 personalidades más influyentes del mundo.
Y predica con el ejemplo siempre que puede: no viaja en avión
privado, en su garaje aparca un vehículo híbrido eléctrico y su piso de
Manhattan es totalmente ecológico. Capaz de enumerar sin pensar una
veintena de especies en peligro de extinción, siempre recalca que de no
haber triunfado en el cine hubiese estudiado Biología. Eso sí, como
buena 'celebrity' cuenta con sus excentricidades. Durante el Mundial de
fútbol de Brasil se alquiló el yate 'Topaz', el más lujoso del mundo
valorado en 350 millones de euros, y ya tiene billete para el primer
vuelo comercial al espacio en la Space Shiptwo del millonario Richard
Branson.
Es más de limonada que de cerveza, le gusta releer 'El viejo y el
mar' de Hemingway y jura que nunca ha probado las drogas. Prefiere
gastarse mil euros de una tacada en productos de belleza, y liberar
adrenalina (además de mantener a raya su propensión a engordar) jugando
al baloncesto, al hockey, al fútbol y practicando deportes extremos.
Dejó el paracaidismo tras el susto que tuvo en 2004 (el equipo no se le
abrió y a punto estuvo de estrellarse contra el suelo). Tres años
después volvería a ver la muerte de cerca tras sufrir el ataque de un
tiburón blanco durante una de sus campañas de concienciación
medioambiental.
Las líneas morbosas de su biografía más íntima (sus conquistas son
tantas que en otros Globos de Oro le presentaron como «Supermodel's
Vagina») se trufan con una carrera de casi cuarenta películas en las que
ha trabajado con lo mejor de Hollywood. Recuerda como si fuera ayer
cómo con solo diez años se llevó el disgusto de su vida cuando le
rechazaron en un papel por llevar «un corte de pelo equivocado» o cómo
estuvo durante un año sin representante por negarse a cambiar su nombre
por el artístico «Lenny Williams». El tiempo le ha dado la razón... como
anhela que ocurra, esta vez sí, en la próxima ceremonia de los Oscar.
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