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jueves, 24 de septiembre de 2026

Los pilares del tiempo - El cuadro de Motherwell que Franco quiso ocultar ,. / REVISTA QUO - La textura y la idea ,.

 

TITULO : Los pilares del tiempo - El cuadro de Motherwell que Franco quiso ocultar   ,. 

 Los pilares del tiempo -  El cuadro de Motherwell que Franco quiso ocultar,.

 El cuadro de Motherwell que Franco quiso ocultar,.

Documentación inédita del MoMA esclarece las incógnitas de un célebre episodio de censura artística en la posguerra,.

 
'Elegía a la República Española XXXV', de Robert Motherwell. Dedalus Foundation, Inc. /ASR, NY, VEGAP, Madrid, 2026 ,.

Archivos del Museum of Art Modern (MoMA) de Nueva York, recientemente puestos a disposición del público en formato digital tras permanecer inéditos durante décadas, revelan nuevos datos sobre la censura franquista y cómo el régimen intentó resignificar a su conveniencia el arte abstracto. El matrimonio de artistas estadounidenses formado ,.

TITULO: REVISTA QUO -  La textura y la idea ,. 

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 La textura y la idea,.

 La textura y la idea

Hoy se presentan como casi un crimen las relaciones entre hombres maduros y chicas jóvenes –aunque por supuesto adultas– y yo pienso que precisamente la diferencia de edad propicia la destilación del amor más hermoso. Un hombre maduro, interesante por su profesión, que ha perdido la fuerza adolescente y ha ganado los matices que la edad concede; un hombre más pausado, menos emergente, con más poder adquisitivo y el buen gusto afinado para saber utilizarlo con gracia, es un hombre en su esplendor más radiante. También el aspecto suele mejorar y la expresión transporta algo más que sólo una forma. Salvo a los que de chicos eran muy bellos, normalmente el paso de los años les mejora confiriendo a la masculinidad un atractivo es cierto que más silencioso pero también más profundo.

 Qué le estamos haciendo a Quo? - Quo

Una chica hermosa, decepcionada ya por el disgusto que causan los jóvenes demasiado brutos e impertinentes, pero que conserva la inocencia de creer todavía en el amor de una forma pura y previa al cálculo del trigo para cuando llegue el invierno; una chica que realmente se enamora de la admiración que siente por un hombre veinte o treinta años mayor que ella, porque le ofrece una conversación, una ternura, una virilidad atardecida y sutil, controlada por una elegancia de la que antes carecía, es una chica que entra a la vida y al amor por la puerta del castillo.

En el gran error del igualitarismo, propagandístico y malintencionado, no entendemos que la maduración de hombres y mujeres no se produce en el mismo momento vital. Tampoco que no esperamos lo mismo, ni de la vida ni del amor. Y aunque cada generalización está sujeta a sus salvedades, una chica en su fascinación puede enamorarse de un hombre calvo y gordo y acabar viéndolo como el más guapo del mundo si él sabe cómo tratarla y sobre todo hacerla reír; y en cambio, para un hombre –lamentablemente mucho más simple en su mecanismo, e incapaz de abstraerse de lo físico–, una vaca siempre será una vaca; y una vaca que ríe, un queso.

Cada era tiene sus prejuicios y sus fanáticos, siempre con la hoguera a punto. Pero luego está lo que hombres y mujeres somos y deseamos, nuestra naturaleza y nuestro deseo, la curiosidad del cuerpo, la mente que divaga y nuestra autoestima bestialmente vinculada a cómo damos y recibimos el amor. Han cambiado las costumbres, las fronteras, la moneda, el modo de hacernos daño. Nos han cambiado Jean-Claude Ellena, Ian Schrager y Ferran Adrià. Pero en el fondo de nuestros corazones y en la finura de la piel, hombres y mujeres hemos sido siempre el mismo intercambio de belleza y poder, de puerto luminoso y oscura embestida, de textura y de idea, y esa sonrisa compartida que por un instante nos vuelve inmortales y nos permite soñar.

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