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lunes, 24 de agosto de 2026

MAS VALE TARDE LA SEXTA - BICICLETA - La lotería - Cruz Roja - La loteria jueves - LA NOCHE ABIERTA - Ciclismo - La ambición de Carapaz: “Mi objetivo es ganar La Vuelta” ,. / Hora Punta, el programa de TVE de Javier Cárdenas - El caso Plus Ultra se lleva por delante el referente de la interlocución del PSOE con Junts ,.

 

TITULO: MAS VALE TARDE LA SEXTA - BICICLETA - La lotería - Cruz Roja - La loteria jueves   -   LA NOCHE ABIERTA  - Ciclismo -  La ambición de Carapaz: “Mi objetivo es ganar La Vuelta”  ,. 

MAS VALE TARDE LA SEXTA - BICICLETA - La lotería - Cruz Roja - La loteria jueves - LA NOCHE ABIERTA -   Ciclismo -  La ambición de Carapaz: “Mi objetivo es ganar La Vuelta”  , fotos ,.

 LA NOCHE ABIERTA ,.

Resultat d'imatges de la noche abierta 

Programa presentado por Pedro Ruiz, entrevistas por La 2 los martes a las 22:30, un gran espacio de música, foto , etc.

 

 La ambición de Carapaz: “Mi objetivo es ganar La Vuelta” ,.

 

 La ambición de Carapaz: “Mi objetivo es ganar La Vuelta” - AS.com

 

 Richard Carapaz,.

El ecuatoriano (33 años), que acarició el rojo en La Vuelta 2020, llega lanzado tras el Tour. “¿Alianza contra Pogacar? Importan las piernas”, dice Richard.

 

La Vuelta es la grande en la que más veces Richard Carapaz (33 años) fue de la partida. Con la de este 2026, ya son siete las presencias del ecuatoriano del Education First, siendo el 2º puesto en 2020 su mejor resultado en la general. En aquella edición otoñal, y con un movimiento que todavía perdura en la memoria en La Covatilla, Richard acarició el rojo, pero Roglic pudo mantener a duras penas la preciada prenda para triunfar en Madrid. Ganador del Giro en 2019, y también podio del Tour en 2021, el 2026 empezó de la manera más dura para Carapaz por la pérdida de su madre. Este hecho retrasó el inicio de la temporada para uno de los corredores más combativos del pelotón.

 

En el pasado Tour, todavía con más de media carrera por delante, contó en AS que sus objetivos eran “una etapa y ganar el maillot de la montaña”, diciendo desde la salida de Barcelona que la general no era un reto. Parecía un mensaje ambicioso… y logró más de lo que avisó. Dos etapas en la semana final y el mencionado maillot de la montaña. “Después del Tour estuve en Andorra, combinando descanso y rutina, y me encontré muy bien al retomar los entrenamientos. Para mí es un gran desafío competir en esta Vuelta al máximo nivel y ser regular durante toda la carrera”, cuenta La Locomotora del Carchi en este arranque de Vuelta. “Mi objetivo es claro: luchar por la general hasta el final”, añade el referente del Education First.

 

Obviamente, Carapaz admite el favoritismo de Pogacar: “Sabía hace tiempo que vendría. Es el mejor del mundo y ganó todo lo que se propuso. Le tengo mucho respeto y es el rival a batir, por lo que es una bonita oportunidad competir contra él en una gran vuelta llena de montaña y con un calor que influirá. Estoy muy motivado y cuento con todo el respaldo de mi equipo”. Haciendo memoria, Richard comentó lo vivido hace ya mucho tiempo, en La Vuelta 2020 y aquella casi* victoria, pero dejando claro que “ya es pasado”: “Fue una de mis mejores grandes vueltas. Tengo una conexión especial con esta carrera y vengo siempre que puedo porque me siento como en casa, con muchos aficionados ecuatorianos y con el público español, que me muestra mucho cariño”.

Sobre la superioridad de Pogacar, y cuestionado por supuestas ‘alianzas’ entre varios hombres fuertes de la general contra el esloveno, Carapaz no lo ve así: “Todo el mundo sabe que es el favorito, pero están Roglic y Gall, al que veo en buena condición. La carrera decidirá por sí sola. Más que alianzas, importa tener las piernas cuando llegue la montaña porque hay jornadas espectaculares. Será una Vuelta muy bonita y lo primero que tengo que hacer es creer en mí mismo, pero tengo que demostrarlo en la carretera, no delante de un micrófono. La mentalidad es esa. Día a día”. Actualmente son 37 segundos los que separan a Carapaz del líder Pogacar, diferencia de la crono inaugural.

TITULO: Hora Punta, el programa de TVE de Javier Cárdenas -  El caso Plus Ultra se lleva por delante el referente de la interlocución del PSOE con Junts ,.

El caso Plus Ultra se lleva por delante el referente de la interlocución del PSOE con Junts,.

Zapatero se vio con Puigdemont durante las negociaciones para que Junts sostuviera al Ejecutivo tras la caída de Cerdán,.

Salvador Illa y José Luis Rodríguez Zapatero, durante el XV Congreso del PSC en 2024.

«Reconozco que hoy estoy jodido. No soy objetivo. Tengo un enorme respeto y un enorme afecto a Zapatero. Nueve de los nuestros están en la calle, duermen en su casa, en gran parte por él. Pero también tengo ojos en la cara». Gabriel Rufián resumió en el Congreso, la semana pasada, con una mezcla de gratitud política y desconfianza, el lugar que José Luis Rodríguez Zapatero ocupa en el imaginario del independentismo catalán.

La imputación del ex presidente del Gobierno en el caso Plus Ultra, que investiga presuntos delitos vinculados al rescate público de la aerolínea, no solo abre un nuevo frente judicial para Pedro Sánchez, también se lleva por delante, al menos políticamente, al segundo gran interlocutor del PSOE con el independentismo catalán, especialmente con Carles Puigdemont, tras la caída de Santos Cerdán en junio del año pasado, hasta entonces hombre clave de Ferraz en la relación con Junts.

Zapatero ejerce la autoridad del expresidente que nunca rompió del todo con la idea de que las reivindicaciones nacionalistas debían resolverse mediante un reconocimiento político, el diálogo bilateral y medidas excepcionales. Es decir, situar a Cataluña en un plano elevado en el concierto de las autonomías. Desde el Estatuto de 2006 hasta la Ley de Amnistía, pasando por su papel como puente con Puigdemont, su biografía política está unida a la evolución de las concesiones del PSOE al independentismo catalán.

Lo llamativo, sin embargo, es que en la política catalana la noticia de su imputación apenas ha alterado la programación de los partidos. Ni en el Parlament, tras conocerse su nueva situación judicial, ni fuera, en plena digestión política del caso, el asunto ha sido tema central de debate. En la última sesión de control al Govern, celebrada miércoles, la oposición no citó a Zapatero ni convirtió el caso Plus Ultra en arma contra Salvador Illa.

El contraste con el Congreso fue evidente: mientras en Madrid se vivía una jornada de presión sobre Sánchez y sus ministros en la sesión de control en la Cámara Baja, a 600 kilómetros se siguió con la agenda y el discurso previstos, como si la caída del principal valedor socialista del diálogo con Junts -y, por lo tanto, de la investidura de Sánchez en 2023- no afectara al ecosistema catalán. Oriol Junqueras, incluso, se ha mostrado «escéptico» con el proceso judicial.

En 2006 dijo: «Dentro de 10 años España será más fuerte y Cataluña estará mejor integrada en España»,.

Para el independentismo, el expresidente del Gobierno no es un dirigente socialista más. En plena campaña autonómica de 2003, Zapatero prometió en el Palau Sant Jordi que apoyaría «la reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento catalán». Aquella fórmula, pensada para reforzar al PSC y marcar distancia con el PP, acabó comprometiendo al PSOE con una reforma estatutaria que tensionó al Estado autonómico, abrió una brecha interna en el socialismo y desembocó en una sentencia del Tribunal Constitucional.

Pocos meses después, el Pacto del Tinell consolidó un marco político que unía la gobernabilidad autonómica de la izquierda con el aislamiento del PP. PSC, ERC e ICV firmaron en diciembre de 2003 el acuerdo que permitió el primer tripartito en la Generalitat, el de Pasqual Maragall, pero incluyeron también una cláusula que impedía pactos estables con los populares en toda España.

Zapatero avaló aquel esquema, que años después encontraría una réplica nacional en el «no es no» de Sánchez a Mariano Rajoy: primero como negativa a facilitar su investidura (2016) y, después, como punto de partida de una mayoría alternativa sostenida sobre nacionalistas e independentistas (2018). Una estrategia consecuencia de la imposibilidad de que los socialistas se hagan con una mayoría absoluta o sumando con fuerzas de ámbito español en la izquierda.

En 2006, en una entrevista para el director de 'El Mundo', Zapatero defendió aquella apuesta con una frase que el tiempo convirtió en epitafio político: «Dentro de 10 años España será más fuerte, Cataluña estará mejor integrada en España y usted y yo lo viviremos». La década siguiente fue todo lo contrario, no solo no trajo el apaciguamiento de los nacionalistas, sino que se vivió el auge del 'procés' independentista, la ruptura unilateral de 2017 y una crisis constitucional que está marcando la política española años después.

Durante el 'procés', con un Ejecutivo del PP, aunque se opuso formalmente a la secesión y rechazó la unilateralidad que proponían Puigdemont y Junqueras, siguió defendiendo una salida política a las exigencias independentistas que reconociera la singularidad catalana y permitiera recomponer el vínculo de los socialistas con los partidos nacionalistas.

Tras la llegada de Sánchez a La Moncloa, Zapatero recobró influencia, aunque no fue de inmediato. Sí fue clave, sobre todo, tras la sentencia del 'procés' en 2019. Zapatero pasó de referente histórico del socialismo a actor útil en la nueva arquitectura parlamentaria del sanchismo. Primero, avaló el giro hacia la Amnistía, después la defendió públicamente y, finalmente, acabó convertido en interlocutor con Junts.

El salto definitivo llegó cuando Cerdán cayó como negociador socialista con Puigdemont. Zapatero sustituyó a quien había tejido la investidura de Sánchez con Junts firmando el pacto de Bruselas (Bélgica), lo que supuso que el Gobierno se decidiera en el extranjero. Tras Cerdán, Zapatero -que antes de aquel ya había ayudado a Sánchez con Junts- se vio con Puigdemont en 2025 en el marco de las negociaciones para que Junts sostuviera al Ejecutivo de Sánchez.

«Hay que ir al reconocimiento de la identidad nacional de Cataluña», defiende Zapatero

Si para Rufián Zapatero es un referente, desde el entorno de Junts se le definió, entonces, como un «botón de emergencia» y un mediador real. En abril de 2025 admitió abiertamente su implicación, antes incluso de tomar las riendas tras la entrada en prisión de Cerdán: «No tiene sentido negar o disimular mi implicación en ese diálogo». También reconoció haber hablado «mucho» con Puigdemont y haber cuajado con él una «relación de confianza». Y su tesis pasó del reencuentro al «reconocimiento». «Hay que ir al reconocimiento de la identidad nacional de Cataluña», defiende.

Para el independentismo, tal y como Rufián ha verbalizado en la Cámara Baja, Zapatero es parte decisiva del camino que sacó de la cárcel a los dirigentes independentistas condenados por el Tribunal Supremo. Un referente para ellos y sus objetivos. Pero su imputación en el caso Plus Ultra introduce una grieta en el relato moral de esa interlocución. La Audiencia Nacional investiga su presunta participación en una estructura de tráfico de influencias vinculada al rescate de 53 millones de euros concedidos a Plus Ultra. Una incriminación que Zapatero niega.

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