BLOC CULTURAL,

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lunes, 25 de mayo de 2026

Cartas Olvidadas - A QUEMARROPA O LIGAR - Victoria Martín: «A mí no me gusta estar con nadie, disfruto mucho estando sola» ,. / Cartas en el Cajon - Es la hora de la verdad ,. / REVISTA TENIS - Gauff resiste al virus estomacal que causa estragos en la Caja Mágica y avanza a octavos: “Tras vomitar, me sentía con náuseas y cansada”,.

     TITULOCartas Olvidadas -  A QUEMARROPA O LIGAR -  Victoria Martín: «A mí no me gusta estar con nadie, disfruto mucho estando sola»,.

Victoria Martín: «A mí no me gusta estar con nadie, disfruto mucho estando sola»,.

La guionista y cómica estrena 'Se tiene que morir mucha gente', serie basada en su novela homónima y protagonizada por Anna Castillo, Macarena García y Laura Weissmahr,.

Victoria Martín, en el edificio que Telefónica tiene en la Gran Vía de Madrid.
 
fotos - Victoria Martín, en el edificio que Telefónica tiene en la Gran Vía de Madrid.   

«Soy muy currante, pero porque me gusta mucho. Si no...», desliza Victoria Martín (Madrid, 36 años) antes de que se le escape una sonora carcajada. Resulta imposible llevarle la contraria. Desde que hiciera historia junto a su compinche Carolina Iglesias llenando el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid con 'Estirando el chicle', la guionista y cómica no ha parado. Al pódcast con Iglesias sumó 'Malas personas', su propio espacio en solitario, después publicó su primera novela, 'Se tiene que morir mucha gente' (Plaza & Janés, 2023) y el pasado año exploraba su faceta como actriz en 'Entrepreneurs', la ficción de los Pantomima Full. Este jueves, estrena una serie de seis episodios basada en aquella primera incursión literaria con Anna Castillo, Laura Weissmarh y Macarena García como protagonistas. 'Se tiene que morir mucha gente' sigue las cuitas de Bárbara (Castillo), guionista en un 'late show', que acude a regañadientes con Macarena (Weissmahr), su mejor amiga, al 'gender reveal' de la hija de Elena (García), la más pija del trío. Un encontronazo durante la fiesta lo acabará cambiando todo. «Me gusta ver a mis personajes sufrir», avanza risueña.

-Hace unos años decía que su sueño de pequeña siempre había sido escribir series de comedia, que era lo que más le llenaba. ¿Qué sensación tiene tras ver que 'Se tiene que morir mucha gente' ya es de carne y hueso?

-Bueno, ahora mismo estoy muy nerviosa porque al final también me juego mucho después de todo este tiempo. Estudié guion, lo que pasa es que yo empecé en YouTube y al final he tenido que pasar por todas estas cosas de hacer vídeos con el palo de una fregona y cuatro colgados que éramos. De repente, ver que tienes a ciento y pico personas trabajando para que tu serie salga bien es de lo más heavy de todo. Es que la escritura es muy solitaria y el rodaje es un trabajo colectivo entre muchísima gente y que salgan bien las cosas es como una especie de milagro. Creo que en esta serie ha pasado esto.

-La ficción parte de una novela que publicó hace tres años, 'Se tiene que morir mucha gente'.

-En realidad, yo escribí una serie lo que pasa es que no logré venderla.

-No era 'Válidas', entiendo.

-No, 'Válidas' la escribimos después. Esto fue como en 2017 o 2018. Era una serie que seguía mis referencias. He consumido mucha comedia y he estado obsesionada con todas las series de la BBC, con 'Motherland' o el 'spin-off' que acaban de sacar ahora, 'Amandaland'... Me encantaban y quería hacer una ficción con un tono similar en España, pero no hubo manera, así que me dije, bueno, un libro será más barato, y luego otra vez he vuelto a convertirlo en serie, así que ha sido como raro.

-¿Buscaba hacer un retrato de las mujeres de su generación?

-No, yo quería hacer una comedia. Para mí la comedia es lo más importante del mundo y lo que más me gusta hacer y escribir. Quería que fuera divertida y que los personajes se odiaran a sí mismos, que estuvieran solos y tristes, porque eso es lo que me hace gracia. A mí me gusta ver a mis personajes sufrir. Es un poco masoquista, pero es lo que verdaderamente me divierte. Y ellas sufren mucho y muchas de ellas en sus vidas privilegiadas. No es una serie costumbrista en la que está el horror de la clase. O sea, dentro de la serie hay evidentemente clases y la clase social que tiene Bárbara no es la misma que la que tiene Elena, por ejemplo, pero son personas más o menos normales navegando en el delirio colectivo en el que vivimos.

La escritura

«Quería que los personajes se odiaran a sí mismos, que estuvieran solos y tristes, porque eso es lo que me hace gracia»

-Bárbara, la protagonista, trabaja como guionista en un 'late show', detesta los eventos sociales y vive bajo una ansiedad constante. ¿Se parece mucho a ella?

-No soy igual... Yo soy incluso más solitaria que Bárbara. A mí no me gusta estar con nadie, disfruto mucho de estar sola. Es una cosa como elegida, pero a mí, a veces, no tener muchos amigos me alivia (risas). Es un poco horrible, ¿eh?, pero es como cuánta gestión se necesita... Me gusta hablar de lo que conozco y por lo menos en esta primera serie quería estar segura de todos los pasos y escribir de lo que conocía era una prioridad.

-Entiendo entonces que hay mucho de realidad en 'Se tiene que morir mucha gente'. ¿Le ha ocasionado algún problema con sus amigas?

-Sí, por supuesto. Hay un personaje muy importante en la serie que es una de mis mejores amigas y tiene mucho de ella y recuerdo que se lo puse cuando estábamos en proceso de edición y ella como que me miraba como diciendo «no estoy entendiendo muy bien», pero es verdad que como ella vive en el delirio también pues no se ha reconocido tanto. Pero sí, muchas veces mis amigas dicen: «No, esto no lo vamos a contar delante de ti porque lo vas a usar». Y tienen razón.

-¿Cómo llegaron Anna Castillo, Laura Weissmarh y Macarena García al proyecto?

-Anna, para mí, es una de las mejores actrices de España, te lo levanta todo. Es increíble la perfección con la que trabaja, lo fácil que es trabajar con ella, lo profesional que es, lo pragmática. Yo siempre le digo que es una persona a la que se le da muy bien vivir porque es capaz de separar perfectamente su trabajo. Tiene todo lo bueno de lo profesional de los actores, sin nada de lo malo que tienen los actores, que hay algunos que son... Bueno no hace falta que te lo diga (risas). Pero ella es maravillosa y yo me la imaginaba a ella y estaba muy empecinada en que fuera ella. Sabíamos que era una probabilidad muy pequeña, pero se le mandó el guion, le gustó mucho, y entró en la serie. Y luego entró Macarena, que además es íntima amiga de ella. Macarena está increíble y muy graciosa. Luego ya llegaron Laura y Sofía, que fue la última niña que se presentó entre trescientas.

Anna Castillo

«Tiene todo lo bueno de lo profesional de los actores, sin nada de lo malo que tienen los actores, que hay algunos que son... Bueno no hace falta que te lo diga»

-Sofía da vida a Bárbara de pequeña, pero acompaña a la protagonista durante toda la ficción, cuestionando o retroalimentando cada pensamiento de la Bárbara adulta. ¿Cómo dio con este hallazgo?

-Esa idea surgió porque a mí me molesta mucho esto del niño interior, los 'coaches' y todo eso. Creo que todos vivimos una parte de nuestra vida intentando no mirar de cara a la tristeza. El personaje de Bárbara huye todo el rato de la tristeza y la tristeza es algo que siempre, por mucho que tú intentes que no esté, te acaba persiguiendo y atrapando. Y esta cosa del niño interior es que siempre se dice eso de qué le dirías a tu niño interior y aquí es qué pensaría él de ti. ¿Estaría conforme con lo que te has convertido? La premisa más importante de esta serie es que ellas al final no cambian, son lo que son y tienen que aceptarse y vivir con más honestidad, mirando de cara a lo que son. Ese es el viaje. No hay más. Me tengo que joder con como soy. A mí tampoco me gusta como soy, pero ya llega un punto en el que cambiar es muy difícil. Y ese personaje salió así y, joder, la verdad es que fue muy difícil porque no sabíamos si iba a funcionar y nos la jugamos mucho.

Victoria Martín posa instantes antes de conceder la entrevista.
 
Victoria Martín posa instantes antes de conceder la entrevista.

-Sí, porque además es introducir un personaje 'infantil' en realidades ya adultas, pero hace mucha gracia.

-Nos daba miedo, así que todo lo rodamos dos veces. Anna lo rodaba todo dos veces, con y sin niña, para poder permitirnos en montaje elegir qué cosas eran mejores. De hecho nos cargamos muchas cosas de la niña con Javi Frutos, que es el montador. No queríamos pasarnos, ni resultar pesados. Hubo versiones donde había mucha más niña e intentamos que la gente se quedara con ganas de más.

-Bárbara se mueve entre la depresión y la ansiedad, siempre de forma muy autoconsciente, como victimizándose.

-Sí, totalmente. Lo hace para no tener que responsabilizarse de nada, claro. Ella se victimiza para no tener que enfrentarse a que es una persona horrible. Hay un poco de eso en nuestra sociedad y yo también lo he pasado. Como no me quiero enfrentar a nada, tengo ansiedad, tengo depresión y no puedo gestionar. Y hay un punto muy egoísta en eso también. Evidentemente, estoy a favor de la salud mental, pero al final como ocurre con el tema del feminismo, que de repente vemos Zara, Girl Power, pues con la salud mental sucede igual: ahora es el tema de moda y parece que todo el mundo tiene problemas de salud mental y muchas veces lo que quieres es llamar la atención (risas).

Salud mental

«Ahora es el tema de moda y parece que todo el mundo tiene problemas y muchas veces lo que quieres es llamar la atención»

-¿Le cuesta salir de marcha?

-Yo no salgo. Vamos, muy poco, muy poco. Se tienen que alinear los astros...

-Bárbara está todo el día tomando ansiolíticos. Al tratar el asunto desde la comedia, ¿cree que se puede estar banalizando el tema?

-Ya. Este es un punto de vista que estuvo todo el rato presente, pero la cosa es que yo no demonizo para nada tomar antidepresivos. Creo que a veces es importante hacerlo, yo los he necesitado y me han venido superbien y menos mal que existen, lo que pasa es que es importante hacerlo bajo una prescripción médica que te sostenga y ella todo el rato intenta hacerle la 13-14 a su propia psiquiatra para que no se dé cuenta de que evidentemente tiene un problema. Pero al final es un personaje que está huyendo, ¿no? O sea, yo no quiero dar moralinas en esta serie. Eso para mí era importante. No es una serie que te vaya a enseñar a ser mejor persona, quizá lo contrario (risas).

-El 'gender reveal', la dieta paleo, la maternidad subrogada... ¿Por qué los pijos dan tanto material para la risa?

-Porque no son conscientes de que están haciendo reír porque se toman demasiado en serio. Cuanto más gracioso es algo es cuando te quedas en esa incomodidad, la conversación sigue y tú te quedas ahí presente a ver qué dicen. Y es verdad que no están en el mismo plano. O sea, no están en ese mismo lugar, están en otro, hablando en un sitio en el que... Por eso Elena está tan fuera, porque tú por mucho que intentes ser lo que ellos son, ellos nunca te van a aceptar como uno de ellos, porque eso huele.

Sin propósitos

«No quiero dar moralinas. No es una serie que te vaya a enseñar a ser mejor persona, quizá lo contrario»

-¿Se imaginaba que diseccionar a ese tipo de gente podría formar parte de su oficio?

-No sé, es que siempre me ha gustado mucho y siempre me han interesado mucho esas vidas. Luego también está ese punto de vista como el de Joan Rivers, que a mí me encantaba cómo hablaba de la gente con dinero y ella se consideraba una más... Toda esa cosa a mí siempre me ha atraído mucho y siempre que he podido hacer parodias de eso, lo he hecho. Incluso cuando empezamos con los vídeos en YouTube ya lo hacía muchísimo.

-Ahora que entiendo que la cuenta está mucho mejor, ¿se le ha pegado alguna excentricidad chunga?

-Es que todavía no tengo tanto dinero, estoy esperando que llegue el momento (risas). Pero, vamos, me voy a comprar una cámara hiperbárica y me voy a quedar ahí para siempre. O sea, qué mejor que tener depresión dentro de una cámara hiperbárica. Es la única forma de tener depresión que me interesa.

-Le dice Bárbara a su jefe que meta alguna cómica en el 'late'. Con Lalachus en 'La revuelta' y Henar Álvarez en 'Al cielo con ella', ¿estamos dando por fin pasos en la buena dirección?

-Joder, yo creo que sí, pero ya era hora. Aparte es que no es por meter a una mujer, es que son muy buenas cómicas y funcionan. Ha habido esta cosa como de «es que claro, la meten porque es mujer», que me parecería bien también, pero no, las meten porque son buenísimas y a mucha gente les gusta. Es lo que tiene que ser y me parece lo lógico. Lo que no es lógico es que solo haya un punto de vista.

Victoria Martín, durante la entrevista.
 
Victoria Martín, durante la entrevista.  

-No hace tanto del gag con el que 'La resistencia' celebraba que ya había dos mujeres en el equipo de guionistas...

-Ahora hay más mujeres pero creo que hace falta mucho más. Hay una parte de la universalización de la comedia femenina como si fuera solo para mujeres que a mí me da una rabia horrible. Es que es injusto porque no es real. Y veo a cómicos que me encantan y nunca pienso joder, ¿lo habrán hecho para los hombres? Es como para todos. En cambio, ves a una mujer, incluso aunque sean cómicas de la talla de Katherine Ryan o yo qué sé, o Tina Fey o Amy Poehler, siguen siendo consumidas a veces solo por mujeres. Pero esto, ¿cómo puede ser? Son bastante más graciosas que muchísimos hombres. Yo no lo llego a entender.

Los límites del humor

-La serie reflexiona también sobre los límites del humor. ¿Se puede hacer humor de todo?

-Sí, mientras sea gracioso, yo pienso que sí. El otro día decía Berto Romero, que me encanta, ¿por qué hablamos tanto de los límites del humor y no de los límites del drama? Porque también habrá que poner una linde ahí porque basta ya, ¿eh? Y esto que retuerce, y la música, a ver si... Hay una cosa pornográfica emocional en el drama que no se ha comentado nada y me alegro que él lo haya sacado como a debate porque se habla muchísimo de cómo se puede hacer comedia o no, pero nunca de cómo se puede hacer un drama y hay auténticos bodrios con los que se está siendo bastante más gentil que con muchas comedias. O sea, la comedia siempre es el despedazamiento total y analizarla, pero el drama, siento que menos.

-Se ha reservado un papelito en la serie. ¿En algún momento se llegó a plantear hacer un personaje más importante?

-No, no, no. Creo que hay que saber en qué eres buena en la vida. Eso te lleva mucho más lejos que agarrarse a algo que no haces tan bien. Además, me apetecía estar detrás y no tener esa presión. Creo que iba a quedar bastante peor y a mí lo que me importa es cómo quede y el resultado.

-Nacho y usted dirigen dos de los episodios. ¿Qué debilidades y qué fortalezas se han visto?

-Yo he aprendido mucho de Sandra Romero, que es la que dirige el resto de episodios. Tiene una sensibilidad que flipas y me comunico muy bien con ella. Las dos somos, en realidad, muy introvertidas y no nos gusta tanto la gente (risas). Nos hemos hecho superamigas, puedo hablar de todo con ella y eso es muy importante. Lo que más me ha costado ha sido todo lo que tiene que ver con planos. Teníamos a Angelo Faccini, que era el director de fotografía, pero a mí lo que más me gusta es la reescritura del guion en el momento, los ensayos, hablar con las actrices. Esa parte artística me ha encantado, menos el tema plano, que es como que se grabe y ya. Y Nacho sí que es mucho más pro en eso, así que cada uno hace su tarea y nos hemos organizado bien.

-«Estar sobria es horrible», dice una de las protagonistas. Del uno al diez, ¿cuánta verdad hay en esa frase?

-Un diez, pero yo no soy ejemplo de nada. O sea, que cada uno haga lo que quiera con su vida. Creo que hay que estar sobrio, hay que hacerlo, pero, joder, es duro (risas).

-«Grabar confesiones de mis compañeras pone triste a Jesús», puede leerse en una pizarra cuando la ficción salta al pasado. ¿Esto es real?

-Sí, es real. Cuando era pequeña puse una grabadora en uno de los confesionarios. La descubrieron, nos echaron una bronca tremenda y tuvimos que escribir esa frase 100 veces.

-¿Y para qué las quería?

-Quería escuchar qué decían ellas, porque yo nunca sabía qué decir al cura. Necesitaba más ideas. Yo siempre decía lo mismo: «Me he pegado con mi hermana». Yo tenía como más maldad que yo quería saber si ellas también.

-¿Echa de menos esa etapa en la que se grababa con el palo de una fregona? Era menos conocida pero ¿más libre?

-Sí, lo que pasa es que es verdad que yo soy muy imprudente. Y aunque eso me ha traído también problemas, siempre he intentado que no me afectara. Es evidente que no le vas a caer bien a todo el mundo. De hecho, la gente que le cae bien a todo el mundo me parece problemática. Evidentemente, ahora me tomo todo con mucha más responsabilidad, pero ahora tengo más dinero (risas).

-¿Y cómo lleva lo del síndrome del impostor?

-Guau, creo que hay que dejar de decir eso y que también nos hemos pasado un poco... Que hay mucha gente que lo tiene, ojo, pero hay mucha gente que lo tiene y hostia, normal que lo tenga (risas). Pero sí, a veces sí que es verdad que sientes que no encajas o que estás en un lugar al que no perteneces. A mí me pasó en Canneseries, no entendía nada. O sea, que una serie con este tono haya sido seleccionada en una cosa tan prestigiosa... Pero bueno, creo que no hay que pensar tanto en lo que proyectas. Creo que hay que pensar menos en uno mismo porque es más cómodo vivir así.

-¿Nace la serie con vocación de continuidad?

-A mí me encantaría. Ya sea con esta serie o cualquier otra, quiero seguir escribiendo comedia y hacer series de ficción. Sería muy guay poder dedicarme a esto.

TITULO: Cartas en el Cajon - Es la hora de la verdad ,.

 Es la hora de la verdad,.

 José F. Peláez: Es la hora de la verdad

foto - Juanma Moreno y Alberto Núñez Feijóo,.

La última vez que el PP no entendió cuál era su lugar, nos echó en brazos del desastre,.

Si un estudio concluyera que el cáncer de mama tiene menos incidencia entre las mujeres rubias, veríamos a una corriente de asesores aconsejando a sus clientes disfrazarse de Marilyn. En vez de sospechar que puede haber un vínculo entre la producción de melanina,.

Los fundadores de Ciutadans eran intelectuales de izquierdas que no tenían ninguna afinidad con el PP. Todos eran claramente de izquierdas y los planteamientos ideológicos de los populares estaban muy alejados de su socialismo o comunismo, ya que alguno provenía curiosamente del PSUC. No se sentían cómodos con la ambigüedad del PSC-PSOE con respecto al nacionalismo. Por ello, el socialismo catalán no era un cauce adecuado a sus planteamientos. Es significativo que ninguno de ellos tenía el más mínimo interés en dar el salto a la política activa. Esta orfandad ideológica dentro del panorama político catalán hizo que decidieran impulsar una nueva formación, y para ello escogieron a Albert Rivera como líder, ya que reunía las condiciones que buscaban. Tras ello se apartaron manteniendo esa coherencia de impulsar una formación de izquierdas no nacionalista para que defendiera los valores constitucionales y la unidad de España en Cataluña.

Nunca tuve dudas de la ubicación ideológica de Rivera y su formación, aunque era evidente que le quitaba votos sobre todo al PP y algo menos al PSC. La situación era cómoda en Cataluña porque no han tenido que gobernar, por lo que se han mostrado, al igual que el PP, como una formación firmemente defensora de las posiciones constitucionales, que los nacionalistas descalifican tildándolas de «españolistas», pero sin el lastre de tener que alcanzar acuerdos con CiU. Es la ventaja de no tener que gobernar, a diferencia de lo que le sucedió al PP entre 1996 y 2000, cuando necesito los votos de CiU. Esto le sirvió a Rivera para erigirse en un referente dentro del ámbito no nacionalista. Al final es un grupo sin pasado que se maneja muy bien a la hora de restar votos al PP. El último salto viene a caballo de la crisis económica y las medidas reformistas y los recortes aplicados por el Gobierno de Rajoy. Estas actuaciones han generado una gran impopularidad y desgaste, que le ha servido a Rivera para situarse muy bien en la política nacional con el apoyo activo de los periodistas y columnistas de centro derecha que no tienen ninguna simpatía por el presidente del Gobierno. Es muy interesante comprobar el fervor con que algunos acogen lo que denominan el fin del bipartidismo, en lo que coinciden con los líderes de Podemos.

Rivera es un buen político, efectista y que genera simpatía. Es indudable. Es lo que se ha denominado siempre «buen rollito». Tiene formas muy educadas y agradables, que los periodistas de derechas ponen en valor frente a un Gobierno que consideran antipático. Es muy fácil opinar sobre las difíciles medidas que se han tenido que adoptar ahora que ha llegado la recuperación. Lo difícil era estar al frente del timón cuando llegó la tormenta y parecía que el barco se iba a hundir. No hay nada más cómodo que estar en la oposición y hacer promesas sin importar si se podrán o no cumplir. Rivera juega en un terreno muy cómodo, pero ha llegado la hora de la verdad. Tras las elecciones andaluzas llegaran las municipales y autonómicas en un ciclo que concluirá en las generales. Ahora ya no puede estar de perfil y ser una joven promesa que se circunscribía a la política catalana sabiendo que nunca iba a llegar al Gobierno catalán. Ha sido muy hábil porque ha dado el salto a la política española en el mejor momento. No importa si tiene o no programa, si sus candidatos son buenos, malos o regulares, porque está de moda y le seguirán jaleando todos aquellos que desean que Rajoy abandone la Moncloa. No les importan las consecuencias del fin del bipartidismo, aunque realmente no ha existido como tal, sino que ha sido imperfecto.

Rivera tendrá que decidir si quiere ser candidato en las catalanas o en las generales, pero antes deberá tomar una posición en municipios y autonomías donde su situación no será tan fácil como en Andalucía. Es cierto que ha derrotado a Rosa Díaz y UPyD está en proceso de derribo, pero no es suficiente para producir una sorpresa. Es un partido en construcción y esto siempre es un riesgo, porque llegarán políticos de otras formaciones para encontrar un hueco. Es cierto que para el PP es malo porque le quita votos, pero también al PSOE. Otro aspecto es su izquierdismo, que se verá en las posiciones que adopte y las ideas que defienda.

TITULO:  REVISTA TENIS - Gauff resiste al virus estomacal que causa estragos en la Caja Mágica y avanza a octavos: “Tras vomitar, me sentía con náuseas y cansada”,.

 

Gauff resiste al virus estomacal que causa estragos en la Caja Mágica y avanza a octavos: “Tras vomitar, me sentía con náuseas y cansada”,.

La número tres del mundo y actual subcampeona de Madrid tumba a Cirstea (4-6, 7-5 y 6-1) pese a los problemas que sufrió en pista por el patógeno que estos días ha obligado a Cilic, Swiatek, Keys y Samsonova a retirarse,.

 
foto - Coco Gauff, tras ganar su partido ante Sorana Cirstea este domingo en la Manolo Santana, en el Masters de Madrid.

Aguantó Coco Gauff este domingo el tenis de Sorana Cirstea (4-6, 7-5 y 6-1, 2h 21m), pero sobre todo resistió al virus estomacal que lleva una semana causando estragos en la Caja Mágica. La estadounidense, número tres del mundo y actual subcampeona del Masters de Madrid, sufrió durante su choque de dieciseisavos ante la rumana las consecuencias de un estado físico mermado por el patógeno que el sábado,.

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