Al Capone Cafe - IRSE DE PRIMARIAS,./ El tranvia del tiempo - SALAS DE CINE QUE AHORA SON SOLO RUINAS,.
TITULO: Al Capone Cafe - IRSE DE PRIMARIAS,.
Al Capone Cafe - IRSE DE PRIMARIAS, fotos.
Irse de primarias,.
Una militante socialista extremeña votando en las primarias.
La espiral de congresos es rock duro para el socialismo extremeño,.
La Junta está cerrada por primarias», dijo Monago el pasado
domingo en Cáceres. Y no le falta razón: los socialistas llevaban un par
de meses enfrascados en sus primarias y no estaban para nada. Es
imposible centrarse en las tareas de gobierno municipales, provinciales y
regionales si has de estar cada tarde en un pueblo visitando una
agrupación local y cada mañana pegado al teléfono recabando apoyos. A
los socialistas, reconozcámoslo, esa marcha les va. Es la formación
política española con más tradición de desgarros, pugnas políticas y
corrientes partidarias. Ese parece ser su estado natural.
Tras la victoria de Pedro Sánchez, no se atisba mucho ánimo
de integración. Fernández Vara, uno de los pocos socialistas que conozco
a los que no les va la guerra, mostraba una sincera vocación de unidad.
Pero a Vara, quizás precisamente por ese estilo pactista y bondadoso,
le crece la contestación en un partido donde prima la cultura del «dales
caña» sobre la estética del buenismo y el pactismo.
A Pedro Sánchez y a Susana Díaz les enseñaron desde la cuna
(Juventudes Socialistas) a batirse, conspirar y urdir estrategias para
vencer. Así que el periodo que viene es muy excitante para el militante
socialista paradigmático: congreso federal, congresos regionales,
congresos provinciales, congresos locales y primarias abiertas para
elegir candidato a la Moncloa. ¡Rock duro!
El problema es que estamos ante un partido de gobierno y
gobernar exige mucha dedicación. En sus momentos de sensatez, los
socialistas entienden este razonamiento, pero después llegan las
movidas, se excitan con el olor a sangre y a ver quién los templa si
encima los templados como Vara no tienen buena imagen (claro, Guillermo
no se educó en las borgianas, de Borgia, no de Borges, JJSS, sino en las
marianistas, de María, no de Mariano, NNGG).
El panorama es preocupante porque en política o eres muy
maduro y muy danés o prefieres perder el poder con tal de que no lo gane
el adversario. No sé si los socialistas se están dando cuenta de que se
la juegan o si les da todo lo mismo: «Es igual que el barco se hunda,
lo importante es que yo sea el capitán».
La situación en España, más allá de Pedro y de Susana o de
Guillermo y Eva María, es la siguiente: una minoría acapara la riqueza y
los recortes salariales no tienen precedentes, los jóvenes no pueden
acceder a una vivienda, las multinacionales pagan pocos impuestos
mientras a los autónomos los crujen, la sanidad pública española se
desangra, los servicios públicos se nacionalizan con criterios de ganar
de dinero, no de servir al público.
La vieja socialdemocracia no parecía ofrecer soluciones a
este panorama hasta que Jeremy Corbyn, el líder laborista británico,
presentó su programa: el 5% de los contribuyentes, los más ricos,
pagarán más impuestos, las empresas pagarán menos impuestos cuanto
mejores sean los salarios de sus trabajadores. Las transacciones
financieras pagarán más impuestos. Se programa una lucha sin cuartel
contra la evasión fiscal. Lo recaudado se invertirá en educación,
sanidad, vivienda, guarderías y pensiones... En fin, medidas de libro
que han irritado a muchos, pero que parecen calar en el electorado según
certifican las encuestas.
Frente a Corbyn, el bondadoso alemán Schulz, líder del SPD,
que parecía que iba a acabar con la inercia perdedora socialdemócrata,
pero que se ha desinflado en un trimestre, de derrota en derrota, por
querer quedar bien con todo el mundo: ni aclara sus intenciones de
coalición ni contenta ni enfada a sindicatos y a empresarios, su
programa económico se diferencia del de Angela Merkel en detalles nimios
y no toma decisiones arriesgadas porque pretende convencer a todos los
estratos sociales para que nadie tema al socialdemócrata. El PSOE, en
Madrid, Valencia, Sevilla o Mérida, debe escoger entre Corbyn y Schulz,
pero antes debe decidir si gobierna o sigue de primarias.
TITULO: El tranvia del tiempo - SALAS DE CINE QUE AHORA SON SOLO RUINAS,.
El tranvia del tiempo - SALAS DE CINE QUE AHORA SON SOLO RUINAS, fotos.
Lejanos ya aquellos tiempos en los que la gente iba «al cine» en lugar de a «ver una película», en los que los cines eran templos gigantescos que cada fin de semana recibían la visita de miles de espectadores. No importaba demasiado el título, los actores o el cartel: ir al cine era un evento social, tanto como pudiera serlo coger un avión o acudir a un baile de gala. En los felices 60 (o eso nos dijeron) escapar a los brazos del séptimo arte era tan común como respirar
y los palacios dedicados a proyectar sombras en la pantalla, eran el
mejor testimonio de aquella afición que muchas veces era una
escapatoria. «Mi objetivo es iluminar esos espacios, devolverles un poco
de la vida que tuvieron» cuenta a PAPEL Matt Lambros,
fotógrafo que empezó a sentir afición por los espacios abandonados
gracias a su abuela, que dejaba que él y su hermano exploraran aquellas casas del vecindario en las que sólo quedaban fantasmas.
El trabajo de Lambros, casi un tratado sociocultural disfrazado de libro de fotografía,
relata el auge y caída de esos colosos llenos de asientos en los que
las películas duraban semanas, auténticos monumentos en muchos casos,
donde la arquitectura recordaba al espectador que aquel sitio era poco menos que especial.
«Lo peor son los que se han convertido en tiendas o se usan como simple
almacén. Otros han vuelto a ser cines, pero en su versión multisala. En
cierto modo, hemos renunciado a nuestro pasado», explica el
neoyorquino. El libro de este estadounidense, After the final curtain, es un hiriente testimonio de lo que algunos llaman progreso y otros evolución, cuando el cinéfilo se convirtió en un suplente de lujo
y emergió la figura del aficionado. El primero aspiraba al cine como
una experiencia completa y especial; el segundo lo quería todo más
grande y más fuerte. La belleza fue atropellada por el pragmatismo
y de las salas que una vez habían sido iglesias llenas de fieles, se
pasó a espacios grises con asientos abatibles y una amplia variedad de snacks, en las que el empresario ganaba su sustento con las palomitas. Lambros
cuenta la versión americana (dos años de búsqueda por Estados Unidos
para fotos como las que ilustran estas páginas), pero España está llena de rincones que un día fueron punto de encuentro de cinéfilos, freaks, geeks y demás subespecies. Lambros está ahora metido en un documental llamado Popcorn palaces, que contará la misma historia que su libro, la misma que se vive en Occidente desde hace un cuarto siglo: la caída de un imperio de sensaciones para
dar paso a un reino de coyunturas presididas por la necesidad de seguir
avanzando y darle al público lo que quiere. Aunque nadie sepa muy bien
de qué se trata o cómo conseguirlo.
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