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domingo, 21 de diciembre de 2025

El paisano - Viernes - 26 - Diciembre - Aprobó las oposiciones de farero y se trasladó a Carboneras ,. / HOSPITAL - Salud - Científicas de Málaga detectan gripe aviar en cetáceos ,. / VACACIONES - EUROPA DE PELICULA - Vallecas no se vende: espíritu de barrio contra la gentrificación ,. / VUELTA AL COLE - Caravana educativa - Salamanca ,. / EN PRIMER PLANO - A FONDO - REVISTA XL SEMANAL PORTADA ENTREVISTA - En la tuya o en la mía - Miercoles - 24 , 31 - Diciembre - Antonio López: “Madrid se ha pintado poco y tarde” ,. / EL BLOC DEL CARTERO - LA CARTA DE LA SEMANA - MI CASA ES LA TUYA - viernes - 26 - Diciembre - Arturo Pérez Reverte - Una historia de Europa (CXXI),.

 

 TITULO: El paisano - Viernes -  26 - Diciembre - Aprobó las oposiciones de farero y se trasladó a Carboneras ,.

Viernes - 26 - Diciembre a las 22:10 horas en La 1 , foto,.

 Aprobó las oposiciones de farero y se trasladó a Carboneras,.

 Los Repobladores | Aprobó las oposiciones de farero y se trasladó a  Carboneras

Mario es madrileño. Regentaba un bar en los ochenta en plena Movida en el barrio de Vallecas.

Cansado del estrés de la ciudad, y con el objetivo de cumplir el sueño de su mujer: vivir junto al mar, se preparó las oposiciones a farero.

Las aprobó y desde 1992 ocupa el faro de Mesa Roldán en Carboneras, Almería, donde él y su esposa viven felices.

TITULO: HOSPITAL - Salud - Científicas de Málaga detectan gripe aviar en cetáceos ,.

Científicas de Málaga detectan gripe aviar en cetáceos,.

No se había detectado hasta ahora y un equipo de científicas del Instituto Oceanográfico de Málaga lo ha conseguido. Su investigación nos avisa de la posible amenaza de este virus para las personas.

 Científicas de Málaga detectan gripe aviar en cetáceos

foto / Gripe aviar en cetáceos. No se había detectado hasta ahora y un equipo de científicas del Instituto Oceanográfico de Málaga lo ha conseguido. Su investigación nos avisa de la posible amenaza de este virus para las personas.

Las investigadoras han confirmado un incremento de casos de gripe aviar en cetáceos y por tanto, el cruce de las especies, y el salto desde las aves a los mamíferos marinos. Documentan así casos en la vida salvaje más allá del entorno doméstico, como nos cuenta Carolina Johnstone, científica titular Oceanográfico de Málaga.

Preparados mediante el estudio de las mutaciones porque -aunque sólo hay casos puntuales de contagio en humanos, su investigación refleja la capacidad de cambio y contagio del virus de la gripe aviar, explica Teresa Pérez, personal técnico Oceanográfico de Málaga.

Las investigadoras creen que los contagios no se han producido de delfín a delfín o ballena a ballena, sino por su contacto con las aves. Llegan muertos a las playas, o no podían nadar bien y estaban muy desorientados. La investigación pionera por la falta de trabajos en cetáceos está financiada con fondos europeos en colaboración con el CSIC.

TITULO: VACACIONES - EUROPA DE PELICULA - Vallecas no se vende: espíritu de barrio contra la gentrificación,.

Vallecas no se vende: espíritu de barrio contra la gentrificación,.

De zona de chabolas a distrito de acogida para migrantes y desplazados por el alza del alquiler, Vallecas enfrenta una nueva transformación marcada por su espíritu resiliente.

 

 Los vecinos de la vivienda cooperativa Entrepatios en las escaleras que conectan los pisos.

fotos / Paquita y Mari se conocieron en Las Domingueras, en Vallecas, cuando el marido de una compró la casita enfrente de la que construyó el marido de la otra. Paquita —Francisca Molina— nació en Daimiel (Ciudad Real) y Mari —­María Sierra—, en Lumbrales (Salamanca). Las dos tienen 88 años, las dos nacieron en el mismo mes y las dos tienen cuatro hijos porque Paquita perdió a uno cuando este era un niño. Paquita y Mari viven con una pulsera de teleasistencia y la casa llena de fotos de sus hijos y nietos. Están solas y, aunque Mari hable muchas veces por Paquita, es Paquita la que se acerca al final del día a despedirse de su amiga. “En este bloque ya no quedan hombres antiguos”, señala Mari después de hacer repasar los nombres de sus amigas. “Aquí somos todo viudas”, aclara. Los hombres construyeron Vallecas, pero ellas aún resisten.

Las Domingueras es una colonia de casas bajas blancas y de un rojo burladero, fruto del Plan Nacional de Vivienda que, en 1955, aprobó la construcción de siete poblados dirigidos en Madrid. Todos ellos firmados por la jet set de la arquitectura española. El primer poblado fue el de Entrevías, diseñado por Francisco Javier Sáenz de Oiza. El plan contemplaba la posibilidad de que los vecinos construyeran sus propias casas. O, lo que es lo mismo, la rentabilización del capital humano. Así, muchos de los que vivían en chabolas dedicaron sus fines de semana a levantar las llamadas “domingueras”. “Esto tenía mala fama porque aquí había mucha droga”, cuenta Mari susurrona, “pero este es un barrio de pobres y de obreros”.

Situado al sureste de Madrid, Vallecas fue, primero, una gran superficie de cultivo de cereales. Luego, cuna de materiales —yeso, ladrillo, pedernal— fundamentales para la construcción de la ciudad. Y, finalmente, un arrabal de gente, casas y solares que se revuelven y mezclan como en un enorme cajón de tesoritos: el ladrillo visto y la arquitectura neomudéjar de Villa de Vallecas, los bloques altos con grandes avenidas de Palomeras Sureste, las parcelas agrarias alargadas y estrechas de San Diego, las manzanas cerradas al sur de Palomeras Bajas o los diseños modernos del Ensanche de Vallecas. Todo Vallecas es un recuerdo de lo que fue Vallecas y que, en la actualidad, se ordena en dos distritos circulares y anillados: Puente (253.000 habitantes, el tercero más poblado de la ciudad) y Villa de Vallecas (122.000 habitantes). Ambos ocupan una superficie de 66,43 kilómetros cuadrados.

El área muta ahora lenta como una duda. La gentrificación empuja, de a pocos, el pueblo y el bastión obrero hasta convertirla en cafés de especialidad y vecinos vestidos con ropa de marca. Desde que los grandes inversores empezaran a comprar edificios enteros, los precios de la vivienda en Puente de Vallecas subieron más de un 30%. Y con los precios, también se movió el paisaje. Y con el paisaje, el voto. En las últimas elecciones municipales de 2023, el Partido Popular se posicionó como la fuerza más votada tanto en Puente como en Villa de Vallecas.

Los que llevan más reconstrucciones en sus ojos vaticinan que el bum vallecano llegará, si es que llega, cuando el scalextric —la infraestructura que une Puente de Vallecas y Pacífico— sea por fin desmantelada. Para algunos vecinos, suturar esta herida hormigonada aportará alivio y mejor calidad de vida. Para otros, será el fin de la trinchera que sujeta la patria vallecana. Según Idealista, en marzo de este año el precio del metro cuadrado en alquiler en Vallecas era de 16,90 euros, un 11% más que el mismo mes del año pasado. Después de Carabanchel, ejemplo ya cotidiano de gentrificación, Puente de Vallecas fue el distrito en el que más aumentó la población en 2023, 11.445 según el padrón municipal.

La realidad actual de salarios bajos y fuerte tensión inmobiliaria golpea tanto a vecinos históricos del barrio como a migrantes, a estos incluso un poco más. La segunda oleada que llegó con el cambio de siglo y que ha transformado Puente de Vallecas en uno de los distritos de Madrid con mayor presencia de población latino­americana, sobre todo de colombianos, ecuatorianos, hondureños y peruanos. Cerca de la avenida de la Albufera se encuentra un gran centro neurálgico de Perú en Madrid: los Salones Cuzco Lupita. La entrada del local está empapelada con fotos de ceviche, arroz chaufa y jalea. Dentro, un pequeño altar de Nuestra Señora del Rocío y dos salones repletos de espejos, molduras y lámparas imponentes.

En Cuzco Lupita se mezclan las familias peruanas con grupos de jóvenes que han sido expulsados del centro de Madrid por el precio del alquiler. Marco Llorente, DJ y relaciones públicas de 36 años, forma parte de esta diáspora asociada a los procesos de gentrificación que llega a los barrios como si se tratase de una gran ola expansiva. Tanto él como los integrantes del estudio artístico Acme Studios (Débora Levy, Olivia Ferreira, Victoria Rosa Flórez-Estrada y Álvaro Feldman) encontraron en Vallecas una red de apoyo y comunidad de vecinos que había desaparecido en las zonas más tensionadas. Pablo Purón, artista y miembro del colectivo de arte urbano Boa Mistura, responde a la falsa creencia de que son los artistas los responsables de la gentrificación: “El artista siempre es la cabeza de turco. Los que de verdad tienen capacidad de gentrificar son los que compran edificios para hacer viviendas turísticas y utilizan el grafiti o el arte para hacerlo parecer más cool”.

Los primeros pobladores —andaluces, extremeños, castellanomanchegos— se asentaron en los anillos industriales de Madrid de una forma acelerada, eficaz y, sobre todo, precaria. Las barriadas crecieron sin servicios: calles sin asfaltar y sin alumbrado público hasta que en 1961 se presentaron el Plan Nacional de Vivienda y el Plan de Absorción del Chabolismo, con los que se pretendía realojar a las familias que, en realidad, ya tenían casa. “El ministerio definió a los vallecanos como ‘población extraña y difícil de erradicar”, cuenta Pepe Molina, de 79 años, autor de Vallecas en lucha. 30 años de reivindicaciones y conquistas populares (editado por Agita Vallecas) y presidente de la Asociación de Vecinos Palomeras Sureste. “Joaquín Garrigues Walker, el que fuera ministro de Obras Públicas y Urbanismo durante el segundo Gobierno de Adolfo Suárez, decía que cuando venías en tren de Zaragoza a Madrid, lo que te encontrabas eran chabolas, chabolas, chabolas, una imagen nefasta para la ciudad”. De ahí surgió esta impetuosa necesidad de hacerle un lavado de cara rápido a Vallecas para convertirlo en un vecindario más bonito por fuera, pero sin centros de salud, red de transportes o colegios por dentro. Una forma de construir que se sigue reproduciendo en muchos Programas de Actuación Urbanística (PAU) y en zonas residenciales como el propio Ensanche de Vallecas.

Las asociaciones de vecinos comenzaron a organizarse para defender lo suyo. La primera que se creó fue la Asociación de Vecinos de Palomeras Bajas, en 1968, como respuesta vecinal al Plan Parcial y a sus intereses especulativos. Vecinos como Pepe Molina recuerdan las reuniones clandestinas y cada una de las veces que la Brigada Político-Social le fue a buscar.

Los vecinos se juntaron de forma legal por primera vez el 8 de febrero de 1976 en el cine San Diego con la intención de paralizar los planes del Gobierno y proponer nuevas alternativas. En total, surgieron 16 asociaciones de vecinos con un objetivo y una lucha común: reivindicar una vivienda digna y mejorar la calidad de vida de Vallecas. Palomeras, Alto del Arenal o las chabolas del cerro de Tío Pío acabaron derribados y con ello se dio comienzo a una década de expropiaciones y conflictos. La empresa Orevasa (Ordenación y Realojamiento de Vallecas, SA) canalizó, en esta primera etapa, el realojo de 12.000 familias. Hoy se escuchan cosas como: “Yo nací en un barrio que ya no existe”, frase que pronuncia Paco Pérez, de 69 años, nieto e hijo de vallecanos, exconcejal de Más Madrid y figura del activismo vecinal. Paco nació en Las Californias, un barrio entre Pacífico y Puente de Vallecas que, durante muchos años, fue punto caliente de venta y compra de droga hasta que se transformó en área residencial. “Esto es la Costa Brava”, dice Gabriel de la Peña, vecino de 36 años, “Usera, Carabanchel y Vallecas”. Costa o isla según el lado de la M-30 en el que estés. El cercado de las grandes infraestructuras que rodean Vallecas es evidente: el scalextric y la M-30 por el oeste, la autovía de Valencia por el norte y la M-40 y las vías del tren por el sur y el suroeste.

Cinco meses antes de que llegara Aznar al poder en 1996, el que fuera presidente de la Comunidad de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, compraba un caballo por 97 millones de pesetas (600.000 euros) para que Cayetano Martínez de Irujo representara al equipo español de hípica en los Juegos de Atlanta. En un alarde de poderío ecuestre, llamó al caballo Madrid. Fue entonces cuando Paco Pérez y la Federación de Asociaciones para el Desarrollo de Vallecas buscaron un burro, lo llevaron caminando hasta la Puerta del Sol y lo presentaron ante la Presidencia: “Este es el burro Vallecas”, dijo Paco, “un burro como mi barrio: terco, obstinado, fuerte, resistente y humilde. Venimos a desafiar al caballo Madrid. A carreras o a saltos”.

A Madrid no le interesaba Vallecas, pero Vallecas tampoco necesitaba a Madrid. El pueblo de migrantes se asentó definitivamente como una red micénica de apoyo social, político y cultural en el que surgieron espacios como la sala Hebe, hogar del rock y el heavy español —en el que sonaron bandas como Obús, Barón Rojo o Leño—, y cuyo fundador, Juan José García Espartero, fue figura clave en el barrio, o la compañía de teatro y colectivo cultural El Gayo Vallecano, fundado por Juan Margallo, Fermín Cabal y Luis Matilla, que logró descentralizar la cultura de la capital. “Vallecas es un barrio luchador y que ha pasado muchas dificultades”, recuerda la actriz Petra Martínez (81 años), exmiembro de la compañía y viuda de Juan Margallo, quien se propuso facilitar el acceso al teatro a todo aquel que no tuviera dinero para una entrada. Pero los escasos ingresos en taquilla acabaron por debilitar al colectivo y, finalmente, El Gayo Vallecano bajó el telón.

Es imposible imaginar Vallecas sin el estadio del Rayo Vallecano. El Gobierno de Isabel Díaz Ayuso amenazó con moverlo y hoy la infraestructura atraviesa una reforma integral para evitar el desahucio. “Tiene que haber una voluntad de mantenerlo. Es un espacio importante socialmente”, explica Nicolás Casariego, autor de Rayografía: cómo once tipos en calzones explican un barrio, una ciudad y un país (Debate). El Rayo es un club atado a Vallecas por costumbres casi anacrónicas: los abonos no se pueden sacar online y los jugadores aparcan en la calle del Payaso Fofó de forma que, cuando entran al vestuario, se encuentran siempre con los aficionados que los esperan. “Ese romanticismo tiene que ver con lo anticuado”, apunta Casariego. Pero también con lo esencial: el Rayo es un referente por competir al más alto nivel siendo un equipo de barrio con menos recursos que sus contrincantes. El suyo es el tercer estadio con menos capacidad (14.708 espectadores) de LaLiga y el que tiene el terreno de juego de menores dimensiones, 100 × 67 metros.

“Mis padres me obligaban a quedarme hasta el final del partido, aunque estuviera perdiendo”, recuerda Laura Córdoba, de 21 años, jugadora de fútbol del Futsi Atlético Navalcarnero y socia del Rayo Vallecano desde que tenía cuatro años. Laura representa a la afición que defiende el equipo y el barrio con “valentía, coraje y nobleza”, pero también con “humildad e identidad obrera”. Los que más llevan este lema por bandera son los Bukaneros, la peña rayista que ha convertido el fondo del estadio en un altavoz de luchas sociales, antifascistas y solidarias e, incluso, en contra de la gentrificación. En las gradas se lee “Vallekas no es Malasaña” o “La vivienda no es un negocio”.

¿Y qué alternativas se dan a todo esto? Proyectos como Entrepatios, en Villa de Vallecas, donde 10 familias decidieron comprar un solar, construir un edificio sostenible y vivir en comunidad, es un ejemplo. El espíritu de Vallecas dentro de un edificio de Vallecas. “Buscábamos un término medio entre la vida comunitaria en una ecoaldea y la vida de familia nuclear metida en un piso que no comparte nada con nadie”, cuenta David Fernández, de 45 años. La propiedad del edificio de Entrepatios es colectiva y seguirá siéndolo durante toda la vida útil del bloque, de manera que lo que tiene cada vecino es un “derecho de uso”. “¿Qué pasa si me voy mañana?”, pregunta Laura Vázquez, de 48 años. “Pues que recupero la inversión inicial, que viene a ser el equivalente de la entrada de una hipoteca normal”. De esta manera, ninguno de los vecinos/socios de la cooperativa puede vender la casa. Y si no se puede vender, tampoco se puede especular.

Mientras el suelo se agita y reconfigura una vez más, el cielo de Vallecas se inunda de cientos de grúas de colores que avecinan el futuro de todo lo que está aún por construir. El barrio, como el universo, se expande.

TITULO:  VUELTA AL COLE - Caravana educativa -  Salamanca ,.

Caravana educativa - Salamanca ,.

 Caravana educativa - Salamanca

foto / Luis Quevedo nos acerca en “Caravana Educativa” hasta Salamanca donde se encuentra con el profesor Jesús Barroso conocido en redes sociales como @elteachertic. Aprendemos de su mano qué son las TIC’s (Tecnología de la Información y de las Comunicaciones) y cómo las usamos. Para ello, haremos una encuesta en la Plaza Mayor de Salamanca y conocemos qué hábitos digitales tenemos. Caminamos como si fuéramos un robot siguiendo los patrones de programación que hemos hecho previamente para conseguir llegar a nuestro destino. La contraseña es una parte fundamental de las nuevas tecnologías y aprendemos las claves para crear una contraseña segura en uno de los talleres. Nos valemos de los emoticonos para reconocer nuestras emociones y expresarlas de la manera más certera. Finalizamos creando un poema con las palabras que elegimos dándole directrices a una inteligencia artificial. Nos llevamos la lección de que las nuevas tecnologías son una herramienta fantástica a la que le debemos aprender a dar un buen uso.

TITULO: EN PRIMER PLANO - A FONDO - REVISTA XL SEMANAL PORTADA ENTREVISTA - En la tuya o en la mía - Miercoles - 24 , 31 - Diciembre  -Antonio López: “Madrid se ha pintado poco y tarde” ,. 

En la tuya o en la mía  - Miercoles    -   24 , 31 - Diciembre  ,.

 En la tuya o en la mía', presentado por Bertín Osborne, acerca a los espectadores el lado más desconocido de personajes relevantes de diversos ámbitos. Durante aproximadamente una hora, los telespectadores tienen la oportunidad de conocer mejor al invitado y también al propio Bertín Osborne, en La 1 a las 22:30, el miercoles -  24 , 31 - Diciembre   , etc.

 EN PRIMER PLANO - A FONDO - REVISTA XL SEMANAL PORTADA ENTREVISTA - En la tuya o en la mía - Miercoles - 24 , 31- Diciembre -Antonio López: “Madrid se ha pintado poco y tarde”,.

Antonio López: “Madrid se ha pintado poco y tarde”,.

Es el gran pintor de Madrid. Nos citamos con él en su estudio del distrito de Chamartín para hablar de una urbe que ha pisado tanto como ha pintado, desde la humanidad de su extrarradio hasta la irrealidad que exuda la Gran Vía,.

 

 fotos - Antonio López, retratado en su estudio de Chamartín.

Los balcones han sido una revelación iniciática en el caso de Antonio López (Tomelloso, 89 años). Plantarse en las aceras, una declaración de intenciones. Con las ventanas abiertas de su casa de infancia manchega comenzó a intuir que le atraía el exterior de sí mismo más que las tribulaciones interiores para pintarlo desde cierta altura. Lo hizo primero en su pueblo natal, con un primer cuadro de la calle de Carboneros, que aún conserva y del cual no se va a deshacer nunca, dice, “si es posible…”. Después continuó esa senda como estudiante en la pensión madrileña de la calle de la Independencia que daba directamente a la plaza de Isabel II, en Madrid, cuando se trasladó a la capital para estudiar Bellas Artes. Pronto quiso bajar con el caballete y los pinceles al asfalto. Pisarlo, mirar desde allí, dejarse empapar por el aire, aunque estuviera contaminado y por el milagro de los enigmas de una luz tan esquiva como cambiante.

Lo hizo a conciencia y pronto. “Tuve la suerte de intuir cuáles eran mis temas como artista desde muy joven. Y, aparte del cuerpo humano, el hombre, la mujer, los niños, los árboles, las flores, uno fundamental era la vivienda y, otro, la ciudad”.

A partir de ahí, la quiso captar de manera obsesiva. Primero Tomelloso, después Madrid. Hoy es, sin duda, el pintor de la capital, su cronista en imágenes plásticas, su mejor aliado en los lienzos, el amante en color que la urbe anduvo esperando largo tiempo. Quien más a fondo la conoce, el que con más mimo la ha tratado. “Es una ciudad con un riquísimo contenido, el de su gente, pero una digna modestia”, asegura.

Lo dice en la casa donde habita con estudio cercano a Chamartín, empapados los membrillos —sobre todo el que retratara en su película Víctor Erice—, los limoneros y olivos en su jardín, un día de abril con lluvia. Allí sabe guiarnos entre un laberinto de telas, escayolas, pinceles secos que apuntan al cielo, espátulas cansadas y caballetes expectantes siempre de servicio, trazos verdosos en el suelo para delimitar su posición correcta a la hora de pintar y rayas en la pared a la altura de sus ojos para marcarle sin tregua la perspectiva. Él nos recibe ataviado con su atuendo marcado a borbotones discretos de pintura, la mirada fija y las palabras exactas para expresar la concreción de lo que persigue y la mística del oficio que guía sus manos.

“Madrid se ha pintado poco y tarde”, a su juicio. España, como tema de paisaje, también. Eso, para él, lejos de ser un inconveniente, ha supuesto su principal ventaja. Tenía todo el carril para explorarlo a fondo. Un maestro precedente al respecto fue Aureliano de Beruete (Madrid, 1845-1912), dice López, aunque en otros lugares del país también destacaran figuras como Sorolla o su tío, Antonio López Torres, quien lo inició a él en el arte desde niño.

Hacerlo como se debe, según el creador, es decir, al natural, a campo abierto, in situ, se terciaba imposible antes de los impresionistas. “No se habían inventado los tubos y no podías trasladar nada a ninguna parte”. Pero aquel arrojo duró poco. “Luego vino la modernidad y la vanguardia con sus nuevos lenguajes y, entre ellos, no estaba el paisaje ni la naturaleza”. Aun así, Madrid no tuvo antes esos pintores que emularan el impulso de otros maestros del norte de Europa, como Durero, su primer gran referente en ese sentido; los hermanos Van Eyck, Vermeer y sus vistas de Delft o, ya en el sur, Canaletto entregado a Venecia.

Como López es hijo del eclecticismo y lo disfruta, se ha convertido en el gran paisajista urbano de nuestro tiempo a placer. Para eso tuvo que vencer desde muy temprano cierta timidez a plantarse con toda la parafernalia de un pintor en la calle: “Es que resulta violento”, admite. Lo fue cuando comenzó a concebir el ya legendario cuadro de la Gran Vía en el cruce con Alcalá. Lo empezó en 1974. “Vivía Franco”, recuerda. Y lo terminó en 1981. Es, por tanto, quizás, la obra maestra en silencio y con las aceras vacías de la transición democrática. Una metáfora de aquella tensión expectante acaso sin que él lo pretendiera. No le costó encontrar la mejor perspectiva, aquella isleta en la intercesión de ambas avenidas: “Se divisaba todo el comienzo de la Gran Vía de forma maravillosa, no había otro sitio, anduve merodeando, encontré la forma de colocarme, a lo mejor no siempre lo consigues, pero creo que fue el punto exacto”.

Trabajó en verano, por las madrugadas. “Me cuesta levantarme temprano, pero me gustaba tanto la experiencia que hice ese esfuerzo. Había días que no era capaz de plantar el caballete y me volvía a casa. Me resultaba muy violento, lo era el hecho de estar allí, debía superar esa primera dificultad. Ahora, si lograba colocarme con la luz justa, me enganchaba y me quedaba atrapado por esa cosa tan extraordinaria, por el lugar, por esa calle con alturas parecidas, muy contaminada también”.

Ya nunca abandonó aquel lugar, quiso pintarlo de nuevo después desde el amanecer en altura y continuar hasta el atardecer en la plaza de España, donde le dejaron un balcón no muy alto en la Torre de Madrid. Allí captó el último rayo de sol. Siguió de este a oeste en siete cuadros con distintos ángulos de la Gran Vía en más series. Hoy continúa su experiencia en Callao con un nuevo intento, una nueva visión de su arteria obsesiva. “La Gran Vía es algo irreal, no una calle para vivir. Para mí representa un fenómeno de formas vistas desde arriba con la luz del verano, me impresiona mucho, se produce una sensación muy onírica, irreal. Voy a continuar estos próximos meses ahí, desde primeros de mayo hasta septiembre, ese es el tiempo ideal para abordar ese tema”, explica.

No rematará esta vez en la plaza de España. “Lo han cambiado ya y no puedo seguir. Muchas de las ideas que he empezado a elaborar sé que no las voy a continuar, cambian las cosas y cambias también tú. A mí me resulta muy fácil comenzar, pero me canso a veces porque no voy a encontrar modelo, porque me voy a aburrir, pero no me importa”.

Lo que sí terminará sin duda es su visión a 360 grados de la Puerta del Sol. “Es un tema que me ha interesado desde hace mucho tiempo, pero siempre que he empezado había obras. Mala suerte. Ahora han parado y, por fin, lo estoy pintando. Me coloqué en la mitad medida en pasos. En el punto exacto entre las calles de Carretas, Alcalá, Arenal y Mayor. Casi enfrente del edificio de la comunidad”.

Tiene sus inconvenientes la ubicación. Algunos transeúntes le reconocen y le piden su selfi o le felicitan. La concentración se hace difícil y a veces se improvisa un taller artístico con todo un maestro viviente sin que él suelte prenda, pero de sobra elocuente por el privilegio meramente azaroso de poder observarlo. Muchos hacen corros para curiosear sin fin. Otros meten la pata, como algún guardia que le ha pedido los permisos en un exceso palurdo de celo, pese a las advertencias de quienes le conocían de sobra, conscientes de que cometía algún atropello o, como mínimo, un error.

Pero el artista no ceja. Conoce y asume los riesgos. Sol le atrae precisamente porque López ve ahí el punto neurálgico sin pretensiones de una gran ciudad. El gran símbolo de una humildad señera. “Lo han ido moviendo para crear espacio, para hacer sitio con entradas y salidas a 10 calles. Es algo que me resulta muy familiar y también un misterio. No parece gran cosa. Urbanísticamente, la escala es modesta, pero es que Madrid, en la distancia, ha sido casi siempre así: “No había nada que destacar, ahora sobresalen las torres del final de la Castellana. Todo lo demás lo vas reconociendo con dificultad, pero, a mí, esa masa amorfa de edificios que lo cubren me resulta muy emocionante”.

Es España…, dice: “Nuestra alma, lo que hemos hecho nosotros. No hay vanidad, insisto. Y me gusta, claro que me gusta. Aunque ahora empiezo a notar que nos hemos vuelto más estilosos y eso no me atrae tanto, aunque si lo ves, lo retratas. Espero que no sigamos por ahí, supone una mezcla de soberbia, vanidad, ignorancia y tontería. Ay, qué pena…”.

De todas formas, siempre le quedará a López el extrarradio, al que también ha sido fiel. Por ejemplo, con sus incursiones en Vallecas. “Me parece que guarda una gran belleza. Sencillamente porque lo ha hecho el hombre y ahí vive gente. Puede no ser el Partenón, solo un núcleo sin pretensiones, pero bello precisamente por eso, porque lo habitan personas. No se trata de algo decorativo. El pintor no elige las cosas feas, sino el mundo real, la vida, ¿dónde está? Por allí, por esos lugares a los que sigo yendo o por otra zona que he descubierto recientemente y estoy pintando también: se llama La Fortuna, está pasados los Carabancheles, antes de Leganés, otro lugar modesto”. Un distrito con suficiente entidad como para que haya decidido captarlo al milímetro. “Con la fuerza del detalle, que para mí es muy cautivador, el divino detalle del que hablaba Nabokov”. Una filosofía que da lugar a un método que requiere rigor científico de microscopio, aun a riesgo de que le califiquen de hiperrealista… “Sí, vale, no estoy de acuerdo. El hiperrealismo es un movimiento muy concreto. Pero tampoco vas a protestar por esas cosas”.

Hacia esos barrios se lanza, consciente de ensalzar un modo de vida en el que pocos se fijan para elevar a categoría de arte y llevarlo como tal un día a los museos: “Madrid está hecho por una sucesión de generaciones, tallado como una gran escultura, por capas. Es un espacio por la supervivencia que no tiene la vanidad de París o Nueva York, y a mí ese tono discreto me gusta, enlaza con la vida, con lo que nos cuenta Baroja en La busca o la obra de Galdós. No ha existido a ese nivel un Galdós de la pintura en Madrid, pienso que se tenía que haber hecho más y antes. Para empezar porque tiene, además, un valor documental muy grande. Pero no ha sido así. Velázquez vivió aquí, pero no se le ocurrió pintar una calle, algo que sí hizo en Roma. ¿Por qué? No lo sé. El caso es que acometió otras cosas muy bien y ya está: no hay que pedirle tanto. Goya apuntó detalles en ese sentido, pero tampoco Madrid fue su gran tema”.

Habla de dos artistas que retrataron en su día la corte. A él también le encargaron un cuadro de la familia real que anda ya colgado en palacio. “Una obra así, si no te la encargan, no la empiezas”. Tuvo su controversia. El tiempo que tardó en rematarlo: algo más de 20 años. Se lo pidió Patrimonio Real en 1993 y lo entregó en 2014. “Lo dejaba, lo cogía, cuando tardas tanto, te alejas del cuadro largas temporadas… Si no lo veía claro, lo abandonaba. Luego me llamaban para interesarse. Pero se portaron muy bien. Me dejaron a mi ritmo. No me decían nada, pero se interesaban. Lo llevaba al palacio, lo traía aquí, ha sido la pintura que más he movido de un lado a otro y finalmente lo terminé allí, donde está expuesto”.

No se libra de polémicas terrenales, pero tampoco celestiales. Como otro encargo que le hizo la Iglesia para la catedral de Burgos. Tres puertas que está a punto de rematar y que ha sido la primera obra de arte sacro que ha firmado en su vida. “Cuando las acabemos, las enviaremos allá. No sé si voy a ir yo, una vez entregadas, que hagan lo que quieran. Lo que pretendo es dejarlas bien. Para mí es el primer trabajo explícitamente religioso que he realizado y me ha gustado, claro. En esas puertas creo que anda disuelta toda mi obra. El fondo de mi sensibilidad y mi espiritualidad está ahí, pero también en todo lo que hago”.

Ha sido un reto consciente de que quedará para siempre cuando sabe que el arte religioso vive una profunda crisis desde hace tres siglos: “Simplemente porque creemos muchísimo menos que quienes hicieron Notre Dame, con los demonios arriba, en las terrazas, mirando París, y eso influye en todo… El arte religioso es el arte total, todos los talentos han sido convocados por él, en la arquitectura, la escultura, la pintura, la música, la literatura. El gran tema ha sido Dios, y los dioses, el principal motivo. Ahora nos hemos quedado en el cuarto de baño y no pasa nada porque prima la individualidad del artista a la hora de elegir lo que hace, y eso es una ventaja también”.

 

TITULO : EL BLOC DEL CARTERO - LA CARTA DE LA SEMANA - MI CASA ES LA TUYA - viernes  -  26 - Diciembre - Arturo Pérez Reverte - Una historia de Europa (CXXI)  ,.   

MI CASA ES LA TUYA - VIERNES - 26 - Diciembre -    ,.

MI CASA ES LA TUYA -', presentado por Bertín Osborne,.

acerca a los espectadores el lado más desconocido de personajes relevantes de diversos ámbitos. Durante aproximadamente una hora, los telespectadores tienen la oportunidad de conocer mejor al invitado y también al propio Bertín Osborne, en Telecinco  a las 22:00, el viernes  -  26 - Diciembre ,etc.

  EL BLOC DEL CARTERO - LA CARTA DE LA SEMANA - MI CASA ES LA TUYA - viernes - 26 - Diciembre - Arturo Pérez Reverte - Una historia de Europa (CXXI),.   

 Arturo Pérez Reverte - Una historia de Europa (CXXI),.  

 Arturo Pérez Reverte: Una historia de Europa (CXXI) - XLSemanal - Abc

 

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Cuando callaron los cañones en 1945, Europa (lo que quedaba de ella) se frotó los ojos y miró el paisaje de ruinas humeantes y espectros hambrientos. Olía a fosa común, a pólvora vieja y a la vergüenza de un género humano que había tocado fondo con toda naturalidad. Millones de personas vagaban en busca de familiares desaparecidos, hogares perdidos, nacionalidades imposibles. La principal responsable, Alemania, tras una derrota que no sólo fue militar sino también moral, social y espiritual, vivía el purgatorio de la destrucción y la culpa en sus ciudades arrasadas (es recomendable la película Alemania año cero de Rossellini). Y en el juicio de Nuremberg (intento de juzgar crímenes que superaban toda noción jurídica), los jerarcas nazis que hasta el día anterior encarnaban con entusiasmo el espíritu alemán perversamente racista y nacionalista de la época, alegaron (como todos sus compatriotas) excusas burocráticas: yo no quería, me obligaron, etcétera. Los muy hijos de la gran puta. Pero tampoco los vencedores eran tan inocentes como aparentaban. Todos querían olvidar sus incompetencias, sus claudicaciones, sus crímenes. Los británicos, agotados tras el largo esfuerzo, soñaban con revivir un imperio ya imposible. Los gabachos intentaban recomponer su dignidad perdida en los años de ocupación y colaboración (con tanto heroico resistente como apareció al final, era asombroso que los nazis hubieran estado cuatro años bebiéndose su borgoña y bailando con sus señoras). La realidad fue que la vieja Europa, convertida en triste sombra de su antigua grandeza, se vio en manos de las dos grandes potencias que emergían del holocausto: los soviéticos llegaban con sus botas embarradas, sus comisarios políticos y su fría brutalidad comunista; los norteamericanos, con sus planchados uniformes, sus latas de conserva y sus bolsillos llenos de dólares. La palabra aliados desapareció del vocabulario, llegado el momento de repartirse el viejo continente como quien aplica un tajo de navaja en un mapa. Esto para ti, esto para mí; tú a Boston y yo a California. Como tahúres vigilándose uno a otro, igual que jugadores de ajedrez sin escrúpulos, yankis y ruskis se repartieron las zonas de influencia, sacrificando cuantos peones fueron necesarios. El llamado Telón de Acero dejó una Europa occidental tutelada por USA a un lado y una zona de siniestra ocupación soviética al otro. El Plan Marshall fue una inteligente manera estadounidense de establecer influencia: aquella reconstrucción europea con cemento, acero, dólares, sonrisas y películas de Hollywood no fue una obra de caridad, sino un modo eficaz de establecer un patrón de libertad democrática y consumo capitalista a la manera norteamericana; estilo que se puso de moda con sus virtudes (que eran muchas) y sus defectos (que no eran pocos). En la otra mitad del continente (Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Rumanía, Bulgaria, media Alemania y algún etcétera) la Unión Soviética también impuso su modelo, aunque éste era menos simpático: la libertad se convirtió en lujo sospechoso e inalcanzable, el miedo al Estado fue la forma habitual de vida, las colas del pan demostraron que una cosa era predicar y otra dar trigo, y ciudades, calles, hogares, quedaron bajo la despiadada vigilancia de unos ojos fríos y despiadados que nunca dormían. Lejanos ya los intereses comunes, unos y otros se mostraban los dientes en Europa y procuraban hacerse la mutua puñeta. Por suerte para el mundo, el recuerdo de las bombas atómicas (que ambas potencias poseían) obligaba a ser prudentes; y en vez de enfrentamientos directos buscaron fastidiarse en otros escenarios facilitados por las guerras lejanas y los procesos de emancipación (el prestigio colonial de las potencias europeas se había ido al carajo) que empezaban a sucederse en África, Asia y Oriente Medio, lugares incendiados por unos y otros sin apenas mancharse las manos. La Guerra Fría (una excelente denominación) congeló cancillerías, discursos y maniobras militares, mientras renovados movimientos intelectuales reflexionaban sobre eso: filósofos, escritores, existencialistas, socialistas, democristianos, comunistas que habían visto las orejas al propio lobo, buscaban una brújula moral, coincidiendo en que el mundo no podía permitirse más tragedias como la vivida. Así, la amenaza nuclear, la certeza de que otra guerra significaría un suicidio colectivo, acabó siendo árbitro de la política internacional. Oderint dum metuant, había dicho veinte siglos antes el emperador romano Tiberio: que me odien, pero que me teman. Y eso fue exactamente lo que ocurrió. Mirándose con el odio de siempre, pero temiéndose con un miedo nuevo, la Humanidad advertía su propio abismo. Y eso iba a mantener a Europa a salvo durante una larga temporada.


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