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viernes, 6 de noviembre de 2026

Tarde de café - Consecuencias del varapalo a la internacional populista en Hungría ,. / Documaster - Excesos, intrigas y regicidios: la batalla 'in extremis' de las monarquías por sobrevivir ,. / Al Médico - Salud - Éxodo de enfermeras a otras autonomías: «Ni en mis mejores sueños tendría en mi comunidad lo que me ofrecen aquí»,.

 

TITULO:  Tarde de café - Consecuencias del varapalo a la internacional populista en Hungría,.  

 Tarde de café -  Consecuencias del varapalo a la internacional populista en Hungría ,    fotos,.

Consecuencias del varapalo a la internacional populista en Hungría,.

La derrota de Orbán abre un nuevo ciclo político en Europa, donde los ultras han recibido ya varios reveses,.

 
Donald Trump recibe a Viktor Orbán en la Casa Blanca, en Washington, el 7 de noviembre de 2025.
 
 

Viktor Orbán era un enérgico y talentoso dirigente estudiantil anticomunista cuando cayó el Muro. Estudió en Oxford con una beca de George Soros, y a su vuelta fundó Fidesz, un partido liberal y europeísta. Pero no conseguía ganar las elecciones. En 1998 lo logró ,.

TITULO:  Documaster - Excesos, intrigas y regicidios: la batalla 'in extremis' de las monarquías por sobrevivir ,.

Excesos, intrigas y regicidios: la batalla 'in extremis' de las monarquías por sobrevivir,.

César Cervera publica 'El crepúsculo de los reyes', un ensayo que repasa los errores, trampas, desafíos y conspiraciones que sacaron del poder a muchas casas reales entre finales del siglo XIX y la primera mitad del XX,.

Nicolás II, preso, poco antes de ser asesinado en 1918

Pocos días antes de ser capturado por los británicos en el interior de la tumba de Humayun, en septiembre de 1857, el último emperador mogol, el anciano Bahadur Shah II, vaticinó el final de su clan: «Veo con mis propios ojos la tragedia que tan rápido se aproxima y que acabará con la gloria de mi dinastía. Ya no existe ni sombra de duda de que he sido el último descendiente de los timúridas en ocupar el trono de la India». No importaba que el descendiente de Genghis Kan hubiera convertido su corte en el epicentro de la cultura hindú, porque las autoridades inglesas le recordaron pronto que el funcionario inglés más gris mandaba más que él.

Es uno de los primeros casos que César Cervera recoge en 'El crepúsculo de los reyes' (La Esfera de los Libros), el ensayo en el que narra el declive de las monarquías –«locuras, secretos y ruina», lo subtitula– en la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX. En algunos casos, como el citado, no solo se intentó borrar toda huella, sino también arrancar de raíz la posibilidad de que sus descendientes resurgieran de las cenizas y reclamaran el trono. Al día siguiente del arresto, un oficial británico regresó al mismo templo, ordenó a tres de sus hijos que se desnudaran y los asesinó allí mismo sin juicio alguno.

«He liquidado a los principales miembros de la dinastía de Tamerlán. No soy cruel, pero confieso que he disfrutado con la oportunidad de librar al mundo de esos miserables», presumió el homicida, y eso que la masacre no terminó ahí. La mayoría de los 16 vástagos del emperador corrieron la misma suerte. Bahadur Shah II, por su parte, con su «mirada perdida y sus encías desdentadas», lo describe Cervera, fue condenado a abandonar Deli y marcharse a Birmania en un humillante carro tirado por bueyes. Allí pasó sus últimos días, rodeado de miseria. Cuando murió en 1862, las autoridades prohibieron los homenajes: «No debe quedar rastro que distinga el lugar donde descansan los restos del último mongol». Objetivo cumplido.

Si a finales del siglo XIX las repúblicas eran una rara anomalía en Europa, décadas después las monarquías se convirtieron en una excepción a causa de las revoluciones, las guerras civiles, las invasiones, los escándalos y la corrupción, tras haber sido durante siglos el sistema hegemónico mundial. «Europa fue desacralizando a sus reyes y descubriendo que sangraban como cualquier hijo de vecinos. A finales del siglo XIX se produjo una ola de regicidios sin igual. Todo fue haciendo mella y erosionando los cimientos de la institución, que a principios del siglo XX parecía muy fuerte pero solo era apariencia. En muy pocas décadas las monarquías debieron adaptarse a los tiempos liberales y luego a los constitucionales y democráticos. Muchos cambios en poco tiempo para un sistema al que se le da mal adaptarse», explica Cervera.

«Nadie quiere ya la monarquía, pero quienes la tienen no quieren desprenderse de ella»

César Cervera

Autor de 'El crepúsculo de los reyes'

En 1900 todavía existía un centenar y medio de monarquías en todo el mundo, de las que hoy solo sobreviven 42. Eso no quiere decir que quede el mismo número de reyes, porque más de una docena de países comparten al monarca británico de manera simbólica. Hay menos de treinta. Solo diez de estas monarquías, además, son europeas, sin incluir los casos singulares de Andorra y el Vaticano. Hablamos del Reino Unido, Dinamarca, Bélgica, Noruega, Suecia, Países Bajos, Luxemburgo, Mónaco, Liechtenstein y España. Lo curioso es que las supervivientes tienen índices de aprobación muy elevados y se han mantenido a salvo del deterioro generalizado de las instituciones democráticas. «Nadie quiere ya la monarquía, pero quienes la tienen no quieren desprenderse de ella», subraya el autor.

«Un caso de resiliencia»

En los últimos cinco años, de hecho, ABC se ha hecho eco de varias encuestas sobre este asunto en España. En 2018, el Rey Felipe logró la mejor valoración de la Monarquía desde su restauración en 1978 (75,3% de aprobación). Hace dos años, un 58% de los españoles se declaró monárquico frente a un 36% que se declaró republicano y un 54% creía que Don Felipe había fortalecido la institución. «Con todo en contra, incluidas tres expulsiones en cuestión de dos siglos, los Borbones han sobrevivido y retornado al trono cuando otras casas en apariencia más grandes y fuertes han caído. Son un caso excepcional de resiliencia», apunta.

Sin embargo, no todas corrieron la misma suerte ni tuvieron la misma resiliencia. Todo lo contrario. El autor hace un amplio recorrido por el calvario padecido por muchas dinastías. «En cuanto a tragedias, nada supera al caso del zar Nicolás II de Rusia y su familia, asesinados y carbonizados en un triste sótano. Lo que debía ser una ejecución rápida de mujeres y niños indefensos se convirtió en una chapucera carnicería por la gran cantidad de diamantes que los Romanov escondían en sus ropas. Las balas rebotaban y, en algunos casos, fue necesario descargar el cargador y apuñalarlos con insistencia debido a esos inesperados 'chalecos antibalas'. Un asesinato atroz que ni siquiera Lenin se atrevió a reconocer. Por otro lado, el fallecimiento del último emperador austrohúngaro, Carlos I, que murió en Madeira solo y triste de neumonía, es especialmente doloroso por el papel ejemplar que desempeñó durante su breve reinado. No solo promovió la paz en la Primera Guerra Mundial, por lo que fue beatificado en 2004, sino que salió del país para evitar una guerra civil», añade.

Cervera se sumerge también en los turbulentos últimos días de los Habsburgo, Hohenzollern, Osmanlí, Braganza, Wittelsbach, Saboya e, incluso, de los Bonaparte. En 1858, por ejemplo, el carruaje de Napoleón III fue recibido de camino a la ópera de París con tres bombas lanzadas por el revolucionario italiano Felice Orsini. Mató a ocho personas e hirió a más de cien, pero él y su esposa, Eugenia de Montijo, salieron ilesos. El atentado, sin embargo, representa bien ese odio que se estaba gestando contra la institución, a lo que se sumaron, en el caso del último emperador de Francia, los problemas por su excesivo consumo de opiáceos, uno de los muchos detalles curiosos que recoge 'El crepúsculo de los reyes'. Finalmente, en 1870, tras sucesivas derrotas en Sedán y su arresto al norte del país, fue hecho prisionero y el Imperio se hundió para siempre.

TITULO:  Al Médico - Salud -   Éxodo de enfermeras a otras autonomías: «Ni en mis mejores sueños tendría en mi comunidad lo que me ofrecen aquí»,.

Éxodo de enfermeras a otras autonomías: «Ni en mis mejores sueños tendría en mi comunidad lo que me ofrecen aquí»,.

En 2023, más de 6.600 profesionales de la enfermería se trasladaron por trabajo a otra autonomía o provincia,.

Las condiciones laborales, con una temporalidad del 30% en los contratos, son la principal causa de esta movilidad,.


Antonio Jesús García y María Fernández Bazán posan en al hospital de Orense en el que actualmente trabajan juntos tras irse de Andalucía

Un contrato de un mes, otro de quince días, varios meses sin ninguna oferta y otra quincena de trabajo. Y vuelta a empezar. En esta situación se encontraba Antonio Jesús García, enfermero que actualmente tiene 27 años cuando, tras terminar la carrera y los dos años de especialidad en pediatría, aterrizó en el mercado laboral en 2022. Lo hizo en Andalucía, pues es natural de Puente Genil, en Córdoba. Pero en octubre de 2023, harto de encadenar contratos cortos y que generalmente no le permitían desarrollar su especialidad (la mayoría eran para atención generalista), hizo las maletas y se fue a Galicia. En Orense logró a los pocos días de llegar un puesto como enfermero pediátrico en un hospital público para los próximos tres años y con posibilidad de renovación. «Todo ese cúmulo acaba desgastándote tanto a nivel físico como mental», cuenta ahora a ABC. «Así que me informé de en qué comunidad se movía mejor la pediatría y me mudé aquí a Galicia y ya llevo aquí un año y pico en el mismo puesto», dice.

En esta aventura le acompañó su pareja, también profesional de la enfermería, que no dudó en seguirle en busca de esa estabilidad laboral que han encontrado sin necesidad de salir de España. Por el momento no se plantean volver a moverse y si lo hicieran sería solo para regresar a casa, pues en Andalucía es donde tienen a su familia y amigos, aunque de momento no entra en sus planes más próximos. «Aquí estamos contentos, tenemos estabilidad. Y aunque estás dentro del mismo país irte de un sitio a otro es bastante agobiante y supone un cambio brutal en tu vida», expone.

Ese «cambio brutal» del que habla este enfermero lo sufren cada año miles de sus compañeras de profesión. Según el informe 'Situación actual y estimación de necesidades de enfermeras de en España', presentado la semana pasada por el Ministerio de Sanidad, en 2024 hubo 12.426 firmados por enfermeras que implicaron traslados a otras comunidades. El Consejo General de Enfermería (CGE) pone cifra a cuántas sanitarias afectó esta situación (pues una persona puede haber firmado varios contratos en distintos momentos). Así, según sus datos, fueron 6.646 las enfermeras que cambiaron de autonomía o, en algunos casos, de provincia.

Las comunidades autónomas que más enfermeras perdieron, según los datos de Sanidad, fueron Andalucía y Castilla-La Mancha mientras que, en contraste, las regiones que más profesionales recibieron fueron Cataluña, Navarra y Madrid. Esta movilidad, apunta Florentino Pérez Raya, presidente del CGE, se debe a la «precariedad laboral» que vive la profesión, con «temporalidad de los contratos y malas condiciones laborales». Esta temporalidad, prosigue el presidente de las enfermeras, no baja del 30%, «lejos del 8% marcado como objetivo por el Gobierno».

«Cuando una enfermera -o enfermero- decide dejar su lugar de nacimiento o residencia y mudarse a cientos de kilómetros de distancia lo hace empujada por un salario mejor o la creación de plazas en el sistema sanitario de esa región, incluyendo por supuesto las oposiciones», prosigue Pérez Raya. Destaca además otros factores entre las causas de estos traslados, como la escasez de profesionales que conlleva una sobrecarga asistencial, o el reconocimiento o no de la especialidad. «La mayor parte de los profesionales no quieren irse lejos de su casa, pero vivir enlazando contratos, muchas veces de días e incluso por horas, es muy duro. Las enfermeras y enfermeros ven cómo su vida personal se ve afectada y les resulta casi imposible conciliar. Renunciar a un contrato, que a veces se ofrece de un día para otro, supone una penalización que les lleva directamente al último puesto de la bolsa de empleo. ¿Cómo no van a buscar otro lugar, ya sea fuera de su provincia o en otro país?», lanza el presidente del CGE.

Contratos de dos, tres o cuatro meses

La estabilidad que encontró Antonio Jesús García tras mudarse a Galicia llamó la atención de una de las compañeras a las que conoció durante su formación como especialista en Sevilla, María Fernández Bazán, que, como le había ocurrido a él, llevaba dos años encadenando contratos temporales de dos, tres o como mucho cuatro meses. «Me contó cómo le iba a él y me dijo que podía probar yo también en Galicia», relata. Así que empezó a darle vueltas. Ver cómo a compañeras con más experiencia que ella les llegaban ofertas de contratos de uno o dos meses la ayudó también a dar el paso. «Me mentalicé de que en mi comunidad no había futuro para mí, que no tendría un trabajo estable, así que llamé a preguntar al hospital en el que trabajaba Antonio, que tenía vacantes con contratos estables de tres años. En menos de 24 horas me dijeron que tenían una vacante en la planta de hospitalización de pediatría, así que hice las maletas y me vine. En Andalucía no me iban a ofrecer eso ni en mis mejores sueños».

Alfonso Rodríguez, natural de Ferrol, ha logrado trabajar de nuevo en su ciudad. Pero antes pasó por Mallorca, Tenerife y Sevilla por motivos profesionales
 
Alfonso Rodríguez, natural de Ferrol, ha logrado trabajar de nuevo en su ciudad. Pero antes pasó por Mallorca, Tenerife y Sevilla por motivos profesionales.  

En el caso de esta enfermera, que ahora tiene 28 años, también pesó mucho el hecho de poder trabajar en su especialidad, pediatría, pues, según el informe de Sanidad, regiones como Andalucía, Ceuta, Melilla y País Vasco no tienen establecida esa categoría profesional. «Yo sabía perfectamente que quería trabajar en esto, es lo que me gusta. Y no hacerlo supondría tirar por tierra todo el trabajo y sacrificio que hice para ser especialista», espeta.

También Alfonso Rodríguez sabe lo que es dejar su hogar por trabajo, aunque con el tiempo ha vuelto a su Ferrol natal. Pero a sus 38 años y hasta llegar a este punto, en el que tiene un empleo estable que le permite conciliar, ha pasado por varios lugares: primero aterrizó en Mallorca, donde estuvo varios años; después, en Tenerife. De ahí volvió a Baleares, con parada también en Sevilla hasta que recayó definitivamente en su ciudad gallega. Cuando empezó, dice, era complicado tener una plaza en su comunidad, y ese fue el principal motivo de su marcha. Aunque admite que el sueldo es importante, cree que para él priman otras cosas. «Yo miraría otro tipo de condiciones, como los tipos de turnos o las ratios y la carga de trabajo. Y también la estabilidad de los contratos, claro», cuenta.

Como en Sevilla no encontraba trabajo, Alba Castro hizo las maletas y recaló en Pamplona, donde ahora compagina su labor en la pública con la privada
 
Como en Sevilla no encontraba trabajo, Alba Castro hizo las maletas y recaló en Pamplona, donde ahora compagina su labor en la pública con la privada.

Los sueldos entre regiones pueden variar en más de mil euros al mes, tal como constata el informe de Sanidad. Así, mientras el sueldo mínimo mensual de una enfermera generalista en Atención Primaria es de 1.1647 euros en Cantabria o de 1.806 en Castilla-La Mancha, las profesionales cobran por la misma categoría 2.898 en Canarias o 2.917 en Navarra. A esta última comunidad es donde se fue Alba Castro Romero, sevillana de 23 años, que actualmente compagina su trabajo a media jornada de enfermera en la sanidad pública con el de un centro privado en Pamplona. En un primer momento se planteó mudarse a País Vasco, pues afirma que es hacia dónde más se van las enfermeras del sur de España, pero conoció otro caso en Navarra de una persona a la que le iba bien, así que decidió probar suerte (y la encontró). «Aquí es muy fácil que te salga trabajo, van saliendo contratos continuamente. Y además está bien remunerado», explica.

También de Extremadura

La decisión de irse de su casa, sin embargo, fue «dura», dejando a su familia y amigos, por lo que si tuviera que trasladarse de nuevo solo lo haría para volver a Sevilla, aunque de momento no lo va a hacer. Como ella, asegura, en la comunidad navarra hay muchas enfermeras que proceden de Andalucía y también de Extremadura. Pero tampoco Castilla-La Mancha consigue retener a sus profesionales. Es el caso de María José Soriano, de 22 años y de Albacete, que al poco de graduarse y tras terminar sus primeros contratos se mudó, junto a su prima y dos amigos más, todos enfermeros, a Santiago de Compostela, donde ahora mismo todavía encadenan contratos cortos pero con la certeza de que cuando acabe uno llegará el siguiente. «Nuestro plan es quedarnos aquí una temporada, sin fecha límite, y ganar experiencia y sumar puntos», asegura.

Sanidad realizó recientemente una encuesta a más de 55.000 enfermeras que deja un dato preocupante: el 39,4% se plantean dejar la profesión en los próximos años. Algunos de los entrevistados para este reportaje aseguran estar entre ese porcentaje, otros no, pero todos coinciden en una cosa: las condiciones laborales y la inestabilidad de los empleos justifican este pensamiento. «Es una profesión muy demandante a nivel psicológico y si le sumas las condiciones de maltrato profesional, pues entiendo que se lo planteen», concluye Alfonso Rodríguez.


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