Desde hace algún tiempo leo y releo a nuestros
clásicos del Siglo de Oro con la aspiración seguramente vana o
inabarcable de empaparme no solo de su maestría literaria, sino también
de su pensamiento moral y político, con el que modestamente trato de
combatir la bazofia ideológica circulante. Sin duda alguna, uno
de los autores de estilo y pensamiento más sugestivos es Quevedo, entre
cuyas páginas el lector puede espigar un montón de pasajes de pasmosa
vigencia que explican los males que padecemos. Así ocurre en una sátira
titulada La isla de los monopantos, incluida en La hora de todos y la
Fortuna con seso, que en opinión de los eruditos es una sangrienta
diatriba contra el Conde-Duque de Olivares y su camarilla, pero que
nosotros podemos leer hoy como una descripción de lo que Pío XI denominó
«imperialismo internacional del dinero» (vulgo «capitalismo
financiero»), que convierte a los Estados en patéticos lacayos, para
utilizarlos según sus conveniencias e intereses.
En La isla de los
monopantos se nos describe una asamblea semejante a las del club
Bilderberg, en la que los asistentes se conjuran para «mejorar en la
ruina de todos nuestro partido». Entre los asistentes figuran banqueros
judíos y cristianos, todos ellos ateos, según nos aclara uno de los
judíos: «Así como nosotros no creímos que Jesús era el Mesías que había
venido, ellos, creyendo que Jesús era el Mesías que vino, le dejan pasar
por sus conciencias, de manera que parece que jamás llegó para ellos y
ellas».
El dinero es su único dios, al que proclaman
omnipotente: «La moneda dice uno de ellos es la Circe, que todo lo que
se le llega o de ella se enamora, lo muda en varias formas (...). Es la
riqueza una secta universal, en que convienen los más espíritus del
mundo; y la codicia un heresiarca bienquisto en los discursos políticos,
y el conciliador de todas las diferencias y humores». Para dominar el
mundo y poder corromperlo diseñan un plan monstruoso que juran cumplir
ante «un libro encuadernado en pellejo de oveja». Uno de los
monopantos pregunta quién es su autor y le responden: «El autor es
Nicolás Maquiavelo, que escribió el canto llano de nuestro contrapunto».
Aquí Quevedo vuelve a mostrar su clarividencia, pues en efecto no hay
autor que haya hecho más daño (y otros que lo han hecho después de él se
amamantaron en sus pechos) que Maquiavelo, con la ruptura que introdujo
entre política y moral.
¿Y en qué consiste el plan
diseñado por esta asamblea monopántica? Pues, en resumidas cuentas,
consiste en dejar que las repúblicas y los reyes se enriquezcan, aunque
sea ilícitamente, hasta que sean «señores del mundo»; y, una vez que lo
sean, convertirse los monopantos en «señores dellos». El método
para lograr este fin es muy sencillo: se dedicarán a prestar dinero a
unos y otros reyes para que se hagan la guerra entre sí, empleando el
dinero que uno les paga para derrotar a su enemigo en sufragar a tal
enemigo, que así puede combatir al que primeramente prestaron; y todo
«este enredo ciego y belicoso» y «extravagante tropelía» les servirá
para «arruinar con su propio dinero a amigos y enemigos» y convertirse
en monarcas absolutos del orbe (de ahí el nombre que Quevedo les asigna,
los «monopantos», es decir, los absolutos, los que lo quieren todo para
ellos solos).
Los confabulados saben que la soberanía
del dinero en el mundo es el mejor enemigo del cielo y de las virtudes;
pero también saben que el dinero, al que todos los hombres corrompidos
aman, hace sin embargo diana del odio a los hombres que lo poseen.
De ahí que se recomienden entre sí nunca despojar a los súbditos de los
reyes, dejando que sean primero estos quienes lo hagan, para después
ellos poder arruinar tan ricamente a los reyes: «Y como mentiría el mar
explica uno de los monopantos si dijese que no mata su sed con tragarse
los arroyuelos y fuentes, pues bebiéndose todos los ríos se los beben,
en ellos se sorben fuentes y arroyos; de la misma manera mienten los
poderosos que dicen que no reciben de los mendigos y pobres, cuando
engullen a los ricos que devoran a los pobres y mendigos».
Y, en
efecto, así nos devora el capitalismo financiero: engulléndose a los
Estados que, para pagar sus deudas, deben someter a los pobres a las más
diversas rapiñas.
Mientras tanto, los monopantos pueden seguir
divirtiéndose viendo a las gentes, «como pedernal y eslabón, combatirse y
aporrearse y hacerse pedazos hasta echar chispas» (de esto se encargan
hoy los partidos políticos), ajenas a sus manejos.
Quevedo
escribió esta despiadada sátira hace cuatro siglos. Dios, sin duda, lo
había bendecido con el don de la palabra, pero también con el de la
profecía.
TÍTULO: LA CARTA DE LA SEMANA, A FONDO, EL ROSTRO DE RICHARD, APRENDIENDO A BESAR DE NUEVO,.
Tuvo un accidente con una escopeta en el año 1997
-fotos-Richard Norris conoce de nuevo el amor después de su trasplante de cara
Estuvo casi una década ocultándose
La intervención duró 30 horas y en ella participaron 150 médicos
Tras su operación, Richard se convirtió en portada de GQ,
Richard Norris sufrió un accidente con una
escopeta en el año 1997. Estuvo casi una década oculto en su casa por
vergüenza a salir a la calle. Tras una operación en la que trabajaron
150 médicos, ha encontrado nuevamente el amor. En una entrevista, ha
explicado que realmente todo vuelve a ser nuevo para él, incluso besar.
Richard Norris sufrió un accidente en el que se
desfiguró la mitad de la cara al disparar una escopeta en el año 1997.
Durante diez años estuvo oculto en su casa, sin querer salir a la calle
por vergüenza. Al final, se sometió a una operación en la que le
trasplantaron la cara. Duró 30 horas y trabajaron 150 médicos.
Tras superar con éxito la intervención, Richard contó su historia en
la revista GQ y se convirtió en la portada. En ese momento, su actual
novia, que había leído el artículo, comenzó a hablar con él mediante
email. Desde entonces, están juntos y se ven una vez al mes. Al
principio, él tuvo algunos problemas porque seguía sin sentirse cómodo
con su cara.
Según publica el diario Daily Mail,
tras todo esto dice estar contento y feliz por haber vuelto a
encontrar el amor. Además afirma que "la sociedad piensa demasiado en
las apariencias y no hace falta ser tan superficial".
No hay comentarios:
Publicar un comentario