Ahora tiene 91 años y no cede a la pereza. Cada día va caminando desde su casa a la Fundación Valenciana de Estudios Avanzados. De allí se dirige al Consell Valencià de Cultura y luego regresa. En total, unos tres kilómetros. «Eso es importante». Pero su actividad física va más allá de sus largos paseos diarios. «Cerca de mi casa había un club muy bueno que llevaba un coreano, Kim, pero cerró y me apunté a la Piscina de Valencia. No hago deporte todos los días. En primer lugar porque no puedo, pero también porque, desde el punto de vista fisiológico, es conveniente hacer un número determinado de actividades, pero también descansar. Intento ir tres o cuatro veces a la semana. Nado y hago pesas. Lo que más pierdes con el paso de los años es el juego de las rodillas y andar».
Grisolía mantiene activos su mente y su cuerpo. Su agenda laboral sigue repleta -no es fácil concertar un día para la entrevista- y persevera con el ejercicio físico. «Hay que hacer deporte mientras puedas. Es una cuestión de fuerza de voluntad. Me cuesta más nadar ahora que antes porque mi capacidad respiratoria es menor y tienes que parar de vez en cuando y reanudarlo después. Hasta hace poco también me gustaba ir a la playa y nadar allí».
Pero el célebre bioquímico español no es un obseso y mucho menos un vigoréxico. «Tú puedes convertir los miocitos en fibras musculares hasta los 60 o 65 años. Después ya no, pero lo que debes intentar es no perder lo que tienes. Después de los 60 o 65 no te puedes hacer más fuerte, pero debes intentar no perder. A mí me dan mucha lástima los compañeros que intentan llegar al máximo. Tienes que intentar llegar a un poquito menos del máximo. Entonces vivirás más y mejor. Porque los grandes atletas, generalmente, viven poco».
Menos interés le genera el deporte como espectador. «Muy poco y el fútbol nada. Un gran científico, Pedro Laín Entralgo, que fue rector de la Universidad de Madrid, dijo que España se permitía exportar científicos e importar futbolistas. Lo dijo hace sesenta años y eso le costó el rectorado...».
-¿Y seguimos igual?
-O peor. Antes los futbolistas no tenían la prepotencia de ahora.
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